Capitulo 8
_______ escuchó el reloj del Ayuntamiento dar las ocho mientras corría a su trabajo. Su intención era llegar un poco antes aquella mañana, pero por desgracia se había quedado dormida debido a los acontecimientos de la noche anterior y al hecho de que no había podido descansar pensando en el descaro de su comportamiento.
Oficialmente no tenía que estar sentada en su mesa hasta las nueve, pero dados los tiempos que corrían las cosas no funcionaban así, y menos aún cuando su puesto de trabajo estaba en peligro.
—Habrá recortes y despidos...—había advertido el jefe del departamento en el que trabajaba _____ a todos los empleados.
______ había escuchado la advertencia consciente de que, al ser ella la última en ser contratada, sería la primera en ser despedida. Y le sería virtualmente imposible encontrar un empleo semejante al suyo en Hilford, pero abandonar la pequeña ciudad significaría también abandonar a su abuela. Tenía solo sesenta y cinco años, y además tenía muchas amigas, pero ______ temía por ella, sobre todo desde su enfermedad. Tenía para con ella una deuda de gratitud, no solo por haberla criado, sino también por haberle dado tanto amor.
Nada más entrar en el vestíbulo del edificio de oficinas le preguntó a Emma, la recepcionista:
—¿Ha llegado ya?
No había necesidad de especificar a quién se refería. Emma sonrió con aires de superioridad y contestó:
—En realidad llegó ayer. Está arriba... entrevistando a todo el personal. ¡Y espera a verlo!—suspiró Emma—. Es muy atractivo, te lo aseguro.
______ sonrió. Tenía una imagen muy clara de en qué consistía que un hombre fuera atractivo... una imagen personal y particular, y dudaba de que aquel nuevo director griego pudiera comparársele.
—Pero ya ves, es típico—continuó la recepcionista mientras ______ se apresuraba a llegar al ascensor: —está comprometido. O lo estará muy pronto. He hablado con la recepcionista de la sede central de sus oficinas, y me ha dicho que su abuelo quiere que se case con su prima. Ella es muy rica, también, y...
—Lo siento, Emma, pero tengo que marcharme—la interrumpió ______.
_______ escuchó el reloj del Ayuntamiento dar las ocho mientras corría a su trabajo. Su intención era llegar un poco antes aquella mañana, pero por desgracia se había quedado dormida debido a los acontecimientos de la noche anterior y al hecho de que no había podido descansar pensando en el descaro de su comportamiento.
Oficialmente no tenía que estar sentada en su mesa hasta las nueve, pero dados los tiempos que corrían las cosas no funcionaban así, y menos aún cuando su puesto de trabajo estaba en peligro.
—Habrá recortes y despidos...—había advertido el jefe del departamento en el que trabajaba _____ a todos los empleados.
______ había escuchado la advertencia consciente de que, al ser ella la última en ser contratada, sería la primera en ser despedida. Y le sería virtualmente imposible encontrar un empleo semejante al suyo en Hilford, pero abandonar la pequeña ciudad significaría también abandonar a su abuela. Tenía solo sesenta y cinco años, y además tenía muchas amigas, pero ______ temía por ella, sobre todo desde su enfermedad. Tenía para con ella una deuda de gratitud, no solo por haberla criado, sino también por haberle dado tanto amor.
Nada más entrar en el vestíbulo del edificio de oficinas le preguntó a Emma, la recepcionista:
—¿Ha llegado ya?
No había necesidad de especificar a quién se refería. Emma sonrió con aires de superioridad y contestó:
—En realidad llegó ayer. Está arriba... entrevistando a todo el personal. ¡Y espera a verlo!—suspiró Emma—. Es muy atractivo, te lo aseguro.
______ sonrió. Tenía una imagen muy clara de en qué consistía que un hombre fuera atractivo... una imagen personal y particular, y dudaba de que aquel nuevo director griego pudiera comparársele.
—Pero ya ves, es típico—continuó la recepcionista mientras ______ se apresuraba a llegar al ascensor: —está comprometido. O lo estará muy pronto. He hablado con la recepcionista de la sede central de sus oficinas, y me ha dicho que su abuelo quiere que se case con su prima. Ella es muy rica, también, y...
—Lo siento, Emma, pero tengo que marcharme—la interrumpió ______.
______ no quería verse involucrada en
los cotilleos de la oficina. Si el director estaba entrevistando al personal
quería estar en su mesa cuando la llamara.
La mesa de ______ estaba en el tercer piso, en una sala abierta en la que trabajaba junto a otras cinco personas. El jefe de su departamento disponía de un despacho acristalado adjunto, pero en ese instante toda la planta estaba vacía. _____ se preguntó qué hacer, pero inmediatamente el director de su departamento abrió la puerta, con el resto de sus colegas, y entró.
—Ah, ______, estás aquí—la saludó.
—Sí, quería haber llegado antes, pero...—comenzó ella a decir.
Gordon Jarman sacudió la cabeza y respondió:
—No me des explicaciones ahora, será mejor que subas al despacho del director. La secretaria del señor Kaulitz te está esperando. Según parece está entrevistando a todo el personal, a cada uno por separado y en grupos, por departamentos, y no le gustó mucho enterarse de que no habías llegado...
Gordon giró sobre sus talones sin darle tiempo a decir una palabra más. No tenía otra opción que ir a ver al director. Su jefe jamás había sido tan cortante con ella; por lo general era una persona amable y accesible. Tom Kaulitz parecía tener un efecto negativo sobre sus nuevos empleados.
El despacho del director era un territorio poco frecuentado por los empleados. ______ solo había estado allí dos veces, al hacer la primera entrevista, y cuando los empleados fueron informados oficialmente de la venta de la empresa a Demetrios.
______ salió vacilante del ascensor y caminó hasta la puerta en la que se leía Secretaria del Director Ejecutivo. Madge Fielding, la secretaria del director anterior, se había jubilado justo cuando se anunció la venta de la empresa. En su lugar había una morena muy elegante, sentada tras la mesa, que debía ser una secretaria personal del señor Kaulitz, procedente de la sede central de Demetrios.
______ le dio su nombre y comenzó a explicarle que el señor Gordon Jarman le había mandado subir, pero la secretaria hizo un gesto con la mano, consultó una lista y contestó, con frialdad, y sin levantar la cabeza:
—¿Ha dicho ______? Sí, aquí está. Llegas tarde. Al señor Kaulitz no le gusta... de hecho, no estoy segura de que...—la miró con aires de reprobación — Puede que no quiera entrevistarte ahora—advirtió. Luego tomó el teléfono y, con un tono de voz por completo distinto, la anunció.—Está aquí la señorita Sheeran, sr Kaulitz. ¿Aún quiere verla?...—hubo una pausa—. Puedes pasar. Es esa puerta.
______ se sentía como una niña traviesa. Se dirigió hacia la puerta indicada y llamó antes de entrar. Nada más hacerlo, la brillante luz que entraba por las enormes ventanas la deslumbró. Solo podía ver la silueta de un hombre de pie, junto a la ventana, de espaldas a ella.
Pero Tom sí podía ver a ______. No le había sorprendido en absoluto que ella hubiera llegado a la oficina más tarde que el resto de su departamento; después de todo, sabía muy bien cómo pasaba las noches. Lo que sí le había sorprendido, en cambio, era la alta estima que ______ había cosechado entre sus colegas y con el jefe de su departamento. Según parecía, cuando se trataba de trabajar un poco más o de quedarse hasta más tarde, ______ siempre estaba dispuesta y se presentaba voluntaria la primera.
—Sí, puede que no sea muy frecuente entre los jóvenes que acaban de graduarse como ella—había confirmado Gordon Jarman en respuesta a la pregunta de Tom—. Quizá se deba a que ha vivido siempre con su abuela, tiene un sentido de la disciplina y del deber propio de otros tiempos. Su trabajo es excelente, como puede ver en mi informe sobre ella. Al igual que su cualificación.
Sí, y además era una mujer asombrosamente atractiva y joven, una mujer que parecía saber cómo manejar esos encantos en su propio provecho, había reflexionado entonces Tom. Gordon Jarman había continuado alabando a ______, hablando de su dedicación en el trabajo, de su simpatía para con el resto de los empleados, de su habilidad para integrarse en un equipo y de su diligencia en el trabajo, fuera la que fuera la tarea que se le encomendara.
Tras estudiar el informe del director del departamento sobre ella y examinar la foto de su expediente, Tom había llegado a la conclusión de que, de no haberla visto con sus propios ojos la noche anterior, había creído todo lo que decían de ella.
Era evidente que ______ sabía cómo manejar a los de su propio sexo, a pesar de que con él, personalmente, hubiera cometido un terrible error. Aquella mañana, por ejemplo, se había metamorfoseado por completo. Volvía a presentarse como una ejecutiva, una profesional dedicada por entero a su carrera: iba impecablemente vestida, con el pelo recogido y el rostro sin tanto maquillaje. Tom frunció el ceño al sentir la reacción de su propio cuerpo ante tanta curva femenina oculta discretamente bajo un traje de ejecutiva.
La mesa de ______ estaba en el tercer piso, en una sala abierta en la que trabajaba junto a otras cinco personas. El jefe de su departamento disponía de un despacho acristalado adjunto, pero en ese instante toda la planta estaba vacía. _____ se preguntó qué hacer, pero inmediatamente el director de su departamento abrió la puerta, con el resto de sus colegas, y entró.
—Ah, ______, estás aquí—la saludó.
—Sí, quería haber llegado antes, pero...—comenzó ella a decir.
Gordon Jarman sacudió la cabeza y respondió:
—No me des explicaciones ahora, será mejor que subas al despacho del director. La secretaria del señor Kaulitz te está esperando. Según parece está entrevistando a todo el personal, a cada uno por separado y en grupos, por departamentos, y no le gustó mucho enterarse de que no habías llegado...
Gordon giró sobre sus talones sin darle tiempo a decir una palabra más. No tenía otra opción que ir a ver al director. Su jefe jamás había sido tan cortante con ella; por lo general era una persona amable y accesible. Tom Kaulitz parecía tener un efecto negativo sobre sus nuevos empleados.
El despacho del director era un territorio poco frecuentado por los empleados. ______ solo había estado allí dos veces, al hacer la primera entrevista, y cuando los empleados fueron informados oficialmente de la venta de la empresa a Demetrios.
______ salió vacilante del ascensor y caminó hasta la puerta en la que se leía Secretaria del Director Ejecutivo. Madge Fielding, la secretaria del director anterior, se había jubilado justo cuando se anunció la venta de la empresa. En su lugar había una morena muy elegante, sentada tras la mesa, que debía ser una secretaria personal del señor Kaulitz, procedente de la sede central de Demetrios.
______ le dio su nombre y comenzó a explicarle que el señor Gordon Jarman le había mandado subir, pero la secretaria hizo un gesto con la mano, consultó una lista y contestó, con frialdad, y sin levantar la cabeza:
—¿Ha dicho ______? Sí, aquí está. Llegas tarde. Al señor Kaulitz no le gusta... de hecho, no estoy segura de que...—la miró con aires de reprobación — Puede que no quiera entrevistarte ahora—advirtió. Luego tomó el teléfono y, con un tono de voz por completo distinto, la anunció.—Está aquí la señorita Sheeran, sr Kaulitz. ¿Aún quiere verla?...—hubo una pausa—. Puedes pasar. Es esa puerta.
______ se sentía como una niña traviesa. Se dirigió hacia la puerta indicada y llamó antes de entrar. Nada más hacerlo, la brillante luz que entraba por las enormes ventanas la deslumbró. Solo podía ver la silueta de un hombre de pie, junto a la ventana, de espaldas a ella.
Pero Tom sí podía ver a ______. No le había sorprendido en absoluto que ella hubiera llegado a la oficina más tarde que el resto de su departamento; después de todo, sabía muy bien cómo pasaba las noches. Lo que sí le había sorprendido, en cambio, era la alta estima que ______ había cosechado entre sus colegas y con el jefe de su departamento. Según parecía, cuando se trataba de trabajar un poco más o de quedarse hasta más tarde, ______ siempre estaba dispuesta y se presentaba voluntaria la primera.
—Sí, puede que no sea muy frecuente entre los jóvenes que acaban de graduarse como ella—había confirmado Gordon Jarman en respuesta a la pregunta de Tom—. Quizá se deba a que ha vivido siempre con su abuela, tiene un sentido de la disciplina y del deber propio de otros tiempos. Su trabajo es excelente, como puede ver en mi informe sobre ella. Al igual que su cualificación.
Sí, y además era una mujer asombrosamente atractiva y joven, una mujer que parecía saber cómo manejar esos encantos en su propio provecho, había reflexionado entonces Tom. Gordon Jarman había continuado alabando a ______, hablando de su dedicación en el trabajo, de su simpatía para con el resto de los empleados, de su habilidad para integrarse en un equipo y de su diligencia en el trabajo, fuera la que fuera la tarea que se le encomendara.
Tras estudiar el informe del director del departamento sobre ella y examinar la foto de su expediente, Tom había llegado a la conclusión de que, de no haberla visto con sus propios ojos la noche anterior, había creído todo lo que decían de ella.
Era evidente que ______ sabía cómo manejar a los de su propio sexo, a pesar de que con él, personalmente, hubiera cometido un terrible error. Aquella mañana, por ejemplo, se había metamorfoseado por completo. Volvía a presentarse como una ejecutiva, una profesional dedicada por entero a su carrera: iba impecablemente vestida, con el pelo recogido y el rostro sin tanto maquillaje. Tom frunció el ceño al sentir la reacción de su propio cuerpo ante tanta curva femenina oculta discretamente bajo un traje de ejecutiva.
Capitulo 9
¿Es que acaso no tenía ya suficientes problemas? La noche anterior, tras escapar del pub, había recibido una llamada telefónica de su madre, ansiosa por advertirle de que su abuelo estaba en pie de guerra:
—Ha estado cenando con sus antiguos colegas, y según parece todos se jactaban de los negocios que habían hecho. ¡Ya sabes cómo son!—había suspirado su madre—. Además, uno de ellos le ha dicho que tenía puestas sus esperanzas en conseguir la mano de Caroline para su hijo...
—Pues buena suerte—había contestado Tom—. Espero que lo consiga. Así, al menos, me los quitaré a los dos de encima.
—Sí, bueno...—convino su madre—...por el momento, sin embargo, ese comentario solo ha servido de acicate para tu abuelo. Está decidido a casarte con Caroline. Y, claro está, ahora que está jubilado, tiene todo el tiempo libre del mundo... Es una lástima que no tengas a alguien en tu vida...—volvió a suspirar su madre, riendo—. ¡Si tu abuelo tuviera alguna esperanza de tener un bisnieto, estoy segura de que se olvidaría de que ha querido nunca casarte con ella!
¿Tener a alguien en su vida? El cansancio, la exasperación, o quizá la convicción de que después le dolería la cabeza, había llevado a Tom a precipitarse y a contestarle a su madre:
—¿Y quién te ha dicho que no tengo a nadie en mi vida?
Entonces, tras una pausa lo suficientemente larga como para que Tom jurase para sus adentros, escuchó a su madre preguntar:
—¿Quieres decir que... que hay alguien en tu vida? ¡Oh, Tom! ¿Y quién es? ¿Cuándo vamos a conocerla? ¿De quién se trata? ¿Cómo la...? ¡Oh, cariño, es maravilloso! ¡Tu abuelo estará encantado! Angie, ¿sabes qué?...
¿Es que acaso no tenía ya suficientes problemas? La noche anterior, tras escapar del pub, había recibido una llamada telefónica de su madre, ansiosa por advertirle de que su abuelo estaba en pie de guerra:
—Ha estado cenando con sus antiguos colegas, y según parece todos se jactaban de los negocios que habían hecho. ¡Ya sabes cómo son!—había suspirado su madre—. Además, uno de ellos le ha dicho que tenía puestas sus esperanzas en conseguir la mano de Caroline para su hijo...
—Pues buena suerte—había contestado Tom—. Espero que lo consiga. Así, al menos, me los quitaré a los dos de encima.
—Sí, bueno...—convino su madre—...por el momento, sin embargo, ese comentario solo ha servido de acicate para tu abuelo. Está decidido a casarte con Caroline. Y, claro está, ahora que está jubilado, tiene todo el tiempo libre del mundo... Es una lástima que no tengas a alguien en tu vida...—volvió a suspirar su madre, riendo—. ¡Si tu abuelo tuviera alguna esperanza de tener un bisnieto, estoy segura de que se olvidaría de que ha querido nunca casarte con ella!
¿Tener a alguien en su vida? El cansancio, la exasperación, o quizá la convicción de que después le dolería la cabeza, había llevado a Tom a precipitarse y a contestarle a su madre:
—¿Y quién te ha dicho que no tengo a nadie en mi vida?
Entonces, tras una pausa lo suficientemente larga como para que Tom jurase para sus adentros, escuchó a su madre preguntar:
—¿Quieres decir que... que hay alguien en tu vida? ¡Oh, Tom! ¿Y quién es? ¿Cuándo vamos a conocerla? ¿De quién se trata? ¿Cómo la...? ¡Oh, cariño, es maravilloso! ¡Tu abuelo estará encantado! Angie, ¿sabes qué?...
Tom escuchó cómo su madre le contaba
la historia a su hermana Angie. Trató inútilmente de interrumpirla, de
advertirle que solo había hablado en sentido figurado de que «podría tener a
alguien en su vida», pero su madre no parecía dispuesta a escucharlo. Ni su
abuelo. Aquella misma mañana, a las cinco de la madrugada, lo había llamado por
teléfono urgentemente para preguntarle cuándo iba a conocer a la novia de su
nieto. Novia... ¿cómo diablos habían
interpretado su madre y su hermana una respuesta precipitada e irritada, hasta
transformarla y convertirla en una novia de carne y hueso? Tom aún no había
logrado explicárselo, pero sabía que, a menos que consiguiera una, iba a tener
graves problemas.
—Te la traerás a la isla, por supuesto—había ordenado su abuelo, sin admitir un no por respuesta.
¿Qué podía hacer? Tenía ocho días
para encontrar una novia y dejarle claro que el «compromiso» no iba a ser más
que una mera farsa. Ocho días para convertirla en la mejor actriz del mundo, en
una actriz que pudiera engañar no solo a su abuelo, sino, además, a su madre y
a su hermana. Irritado, Tom se
apartó de la ventana dándose la vuelta de modo que ______ pudo verlo con
claridad por primera vez.
______ no tuvo tiempo de ocultar el shock que aquello le produjo. Un desmayo, una especie de gemido escapó de sus labios mientras su rostro se ponía completamente pálido.
—¡Tú!—gritó dando instintivamente un paso atrás mientras recordaba los sucesos de la noche anterior con la certeza de que estaba a punto de perder su empleo.
______ era una actriz excelente, tuvo que reconocer Tom mientras observaba su reacción desde todos los puntos de vista posibles.
Su porte, su forma de comportarse aquella mañana, no tenían nada que ver con su actitud de la noche anterior. Aunque, por supuesto, tenía que estar horrorizada al descubrir que él era el hombre al que le había hecho proposiciones la noche anterior. A pesar de todo, ese aire como de desmayo, esa forma de oscurecérsele los ojos, de temblarle los labios involuntariamente, por mucho que pareciera querer controlarlos... Oh, sí, ______ era una actriz de primera categoría... una estrella.
De pronto, Tom vio la luz al final del túnel de sus propios problemas personales. Sí, por fin aparecía una luz.
—Y bien, señorita Sheeran...—comenzó a decir Tom como un experto diplomático, como un hábil cirujano que estuviera cortándola a rebanadas loncha a loncha—...he leído el informe que ha hecho Gordon Jarman sobre ti, y debo felicitarte. Parece que has logrado persuadirlo de tus virtudes como trabajadora. Eso es meritorio en una empleada nueva y tan joven, sobre todo en una empleada que adopta una postura tan... poco convencional y, digamos, elástica hacia los horarios de trabajo... marchándose antes que sus colegas por las tardes y llegando tarde por las mañanas...
—¿Marchándome antes?—repitió _______ con la vista fija en él, luchando por calmarse y controlarse.
¿Cómo podía saber eso? Tom, que parecía capaz de leerle el pensamiento, añadió:
—Ayer yo estaba en el vestíbulo
cuando te marchaste... antes de la hora.
—Pero eso fue...—comenzó a disculparse ______, indignada.
—Pero eso fue...—comenzó a disculparse ______, indignada.
Tom, sin embargo, no la dejó
terminar. Sacudió la cabeza y continuó:
—Sin excusas, por favor. Puede que te
funcionen con Gordon Jarman, pero conmigo, por desgracia para ti, no. Después
de todo, he visto cómo te comportas cuando no estás en la oficina. A menos
que...—Tom frunció el ceño. Sus labios parecieron endurecerse mientras la
examinaba con un gesto de desprecio—. A menos, por supuesto, que sea esa,
precisamente, la razón por la que Jarman ha hecho un informe tan favorable de
ti...
—¡No!—negó ______ a voz en grito—. ¡No, yo no...! Lo de anoche fue un error, yo...
—Sí, me temo que lo fue—convino Tom—. Al menos para ti. Comprendo que el salario que recibes te resulte relativamente escaso, pero me temo que mi abuelo lamentaría mucho enterarse de que te ves obligada a incrementarlo con un método que no podría sino reportar mala reputación a nuestra empresa—sonrió débilmente, continuando con su discurso con una amabilidad no desprovista de desprecio: —Es una suerte que no estuvieras en uno de nuestros hoteles ejerciendo... tu comercio...
—¿Cómo te atreves?—lo interrumpió ______ furiosa, con las mejillas coloradas y los ojos brillantes de orgullo e indignación.
—¿Qué cómo me atrevo? ¡Mejor digamos cómo te atreves tú!—replicó Tom iracundo, sustituyendo de inmediato su falsa amabilidad por una mirada dura de desprecio—. Aparte de las indudables implicaciones morales de lo que estabas haciendo, o mejor dicho, tratando de hacer, ¿se te ha ocurrido pensar en las consecuencias, en el peligro físico al que te exponías? Las mujeres como tú...—de pronto Tom se interrumpió y cambió de táctica, sorprendiéndola por completo al continuar con otro tono de voz, totalmente distinto: —Tengo entendido, por los informes, que tienes mucho interés en conservar tu empleo con nosotros.
—¡No!—negó ______ a voz en grito—. ¡No, yo no...! Lo de anoche fue un error, yo...
—Sí, me temo que lo fue—convino Tom—. Al menos para ti. Comprendo que el salario que recibes te resulte relativamente escaso, pero me temo que mi abuelo lamentaría mucho enterarse de que te ves obligada a incrementarlo con un método que no podría sino reportar mala reputación a nuestra empresa—sonrió débilmente, continuando con su discurso con una amabilidad no desprovista de desprecio: —Es una suerte que no estuvieras en uno de nuestros hoteles ejerciendo... tu comercio...
—¿Cómo te atreves?—lo interrumpió ______ furiosa, con las mejillas coloradas y los ojos brillantes de orgullo e indignación.
—¿Qué cómo me atrevo? ¡Mejor digamos cómo te atreves tú!—replicó Tom iracundo, sustituyendo de inmediato su falsa amabilidad por una mirada dura de desprecio—. Aparte de las indudables implicaciones morales de lo que estabas haciendo, o mejor dicho, tratando de hacer, ¿se te ha ocurrido pensar en las consecuencias, en el peligro físico al que te exponías? Las mujeres como tú...—de pronto Tom se interrumpió y cambió de táctica, sorprendiéndola por completo al continuar con otro tono de voz, totalmente distinto: —Tengo entendido, por los informes, que tienes mucho interés en conservar tu empleo con nosotros.
Capitulo 10
—Sí, lo tengo—admitió _____.
—Sí, lo tengo—admitió _____.
No tenía sentido negarlo. Había hablado con Gordon sobre sus
temores, y era evidente que su jefe de departamento se lo había comunicado a
Tom. Negarlo solo habría servido para convencerlo de que era una mentirosa.
—Escucha, por favor, puedo explicar lo ocurrido anoche—comenzó a decir desesperada, dejando a un lado el orgullo para ceder al pánico—. Sé lo que parece, pero no era... yo no...
______ se calló. Era evidente, por su
expresión, que él no estaba dispuesto a escucharla. Y mucho menos a creerla. Y,
en cierto sentido, tenía que admitir que no podía culparlo... Jamás podría
convencerlo, a menos que arrastrara a Alejandra y a Selena ante él para apoyar
su versión de los hechos, y tenía demasiado orgullo para hacerlo.
—Esa es una decisión muy acertada—comentó Tom al ver que ella callaba—. ¿Sabes?, me disgusta la mentira casi más que la...—Tom calló, pero ______ sabía muy bien qué era lo que iba a decir. Se puso colorada, y se desconcertó aún más cuando lo escuchó continuar: —Quiero hacerte una proposición.
Un gemido, un shock la invadió al ver a Tom frotarse las manos y clavar la vista en ella como si se tratara de un depredador frente a su presa.
—¿Qué tipo de proposición?—preguntó ______ con el corazón acelerado, pensando que, en realidad, conocía la respuesta, que le producía excitación y repugnancia al mismo tiempo.
—Oh, no, no se trata de nada con lo que estés familiarizada—contestó Tom —. He oído decir que algunas mujeres disfrutan fingiendo que son rameras...
—Yo no estaba haciendo nada de eso—se apresuró a negar ______ con convicción.
—Yo estaba allí, ¿recuerdas?—la interrumpió Tom cortante—. Si mi abuelo se enterara de lo que estabas haciendo, te exigiría la renuncia de inmediato.
—No es necesario que se entere—contestó ______ que, tragándose el orgullo, añadió: —Por favor...
—No sería necesario, pero eso depende de tu respuesta a mi proposición.
—¡Eso es chantaje!—protestó ______.
—Sí, es casi una profesión tan antigua como la que estabas ejerciendo tú anoche—convino Tom con voz de seda.
______ se dejó llevar por el pánico.
Solo podía haber una cosa que él pudiera querer de ella, por extraño e
imposible que pareciera. Después de todo, había sido ella quien le había dado
razones para creer que... para pensar que... Pero eso había sido la noche anterior,
al confundirlo con Gusta, y si le concedía solo unos minutos para explicarse...
El miedo, se apoderó de ella, obligándola a contestar con agresividad:
—Me sorprende que un hombre como tú tenga que chantajear a una mujer para conseguir un favor sexual. De ninguna manera estoy dispuesta a...
—¿Sexual?—repitió él sorprendiéndola de nuevo, ladeando la cabeza y soltando una risotada—. ¿Un favor sexual?—añadió después, con desprecio—. ¿De ti? ¡De ninguna manera! No es sexo lo que quiero de ti—declaró con frialdad.
—¿No...? Entonces... ¿de qué se trata?—preguntó ______ trémula.
—Lo que quiero de ti—informó Tom con calma—, es tu tiempo y el compromiso firme de que vas a fingir que eres mi novia.
—¿Qué?—preguntó _______ incrédula, con los ojos fijos en él—. ¡Estás loco!
—No, no estoy loco—la corrigió Tom—. Lo que estoy es decidido a oponerme a la boda que mi abuelo quiere arreglar para mi. Y, tal y como me ha recomendado mi madre, el mejor modo de hacerlo es convencerlo de que estoy enamorado de otra mujer. Es la única forma de detener la ridícula campaña que ha orquestado para...
—¿Quieres que... que finja ser tu... tu novia?—repitió ______ lentamente, pronunciando con cuidado cada palabra para estar segura de que lo había oído bien. Luego, tras ver la confirmación en la expresión de su rostro, se negó rotundamente: —No. De ninguna manera. ¡En absoluto!
—¿No?—repitió Tom volviendo a su tono de voz estudiadamente amable—. Entonces, me temo que no me queda más alternativa que informarte de que tienes muchas, muchas posibilidades de formar parte de la lamentable lista de empleados despedidos. Espero haber dejado clara mi posición.
—¡No! ¡No puedes hacer eso...!—comenzó a decir ______, interrumpiéndose al ver la mirada cínica que él le dirigía.
Estaba perdiendo el tiempo. Él no estaba dispuesto a escucharla, y mucho menos aún a creerla. No quería creerla. No le convenía... era evidente. Y, si se negaba a su demanda, era perfectamente capaz de cumplir su amenaza. ______ tragó. Estaba atrapada, verdaderamente atrapada. No había salida.
—¿Y bien?—comentó Tom burlón—. Aún no me has dado tu respuesta. ¿Accedes a mi proposición, o...?
Capitulo 11
______ volvió a tragar amargamente la derrota. Se sentía incapaz de contestar, de hablar. Sin embargo, logró controlarse para decir:
______ volvió a tragar amargamente la derrota. Se sentía incapaz de contestar, de hablar. Sin embargo, logró controlarse para decir:
—Está bien, accedo.
—Excelente. Sugiero que, para guardar las formas, inventemos un encuentro casual anterior entre nosotros dos... digamos cuando visité Hilford antes de la compra de la empresa. Podemos decir que, debido precisamente a que yo estaba en tratos para la compra, mantuvimos nuestra relación... nuestro amor… en secreto. Pero ahora, ahora que ya no es necesario tanto secreto, y para celebrar nuestra libertad y mostrar ante todos nuestra relación, te llevaré a comer fuera. Volaremos a Aegean al final de la semana que viene, y para entonces tendremos que saberlo todo el uno del otro.
—¿Volar a... dónde?—gimió _______—. No, no puedo. Mi abuela...
—Ahora estás comprometida conmigo, querida, y creo que, como novio tuyo, soy más importante que tu abuela, ¿no te parece? Imagino que a tu abuela le sorprenderá nuestra repentina relación, pero estoy seguro de que comprenderá que lo hayamos mantenido en secreto. Si lo deseas, estoy dispuesto a acompañarte para explicárselo.
—¡No!—se negó _____—. No hace falta. Ahora mismo está en Bath, con su hermana, y va a quedarse allí unas cuantas semanas. ¡No puedes hacerme esto!—añadió _____ indignada—. Tu abuelo descubrirá que nosotros no somos... que no estamos...
—Él no debe descubrirlo—contestó Tom con amabilidad—. Eres una excelente actriz, como acabas de demostrarme, y estoy seguro de que encontrarás el modo de convencerlo de que sí somos novios y de que sí estamos enamorados. Aunque, si necesitas que te ayude en ese punto...—añadió Tom con ojos oscurecidos.
—Excelente. Sugiero que, para guardar las formas, inventemos un encuentro casual anterior entre nosotros dos... digamos cuando visité Hilford antes de la compra de la empresa. Podemos decir que, debido precisamente a que yo estaba en tratos para la compra, mantuvimos nuestra relación... nuestro amor… en secreto. Pero ahora, ahora que ya no es necesario tanto secreto, y para celebrar nuestra libertad y mostrar ante todos nuestra relación, te llevaré a comer fuera. Volaremos a Aegean al final de la semana que viene, y para entonces tendremos que saberlo todo el uno del otro.
—¿Volar a... dónde?—gimió _______—. No, no puedo. Mi abuela...
—Ahora estás comprometida conmigo, querida, y creo que, como novio tuyo, soy más importante que tu abuela, ¿no te parece? Imagino que a tu abuela le sorprenderá nuestra repentina relación, pero estoy seguro de que comprenderá que lo hayamos mantenido en secreto. Si lo deseas, estoy dispuesto a acompañarte para explicárselo.
—¡No!—se negó _____—. No hace falta. Ahora mismo está en Bath, con su hermana, y va a quedarse allí unas cuantas semanas. ¡No puedes hacerme esto!—añadió _____ indignada—. Tu abuelo descubrirá que nosotros no somos... que no estamos...
—Él no debe descubrirlo—contestó Tom con amabilidad—. Eres una excelente actriz, como acabas de demostrarme, y estoy seguro de que encontrarás el modo de convencerlo de que sí somos novios y de que sí estamos enamorados. Aunque, si necesitas que te ayude en ese punto...—añadió Tom con ojos oscurecidos.
______ dio inmediatamente un paso atrás. Su rostro ardía de vergüenza al ver cómo la miraba.
—Muy bien interpretado—continuó él—, pero quizá no debas exagerar tanto el papel de virgen inocente. Mi abuelo no es tonto, y no creo que espere que un hombre de mi edad, apasionadamente enamorado, se vuelva loco por una mujer que no tenga ninguna experiencia sexual. Después de todo, yo soy griego a medias, y la pasión es parte inherente del carácter de los griegos.
______deseaba darse la vuelta y huir.
La situación se hacía cada vez más insostenible. ¿Qué haría Tom si se enterara,
de que ella no tenía «tanta experiencia sexual», como decía él, si se enterara
de que su contacto con los hombres se reducía a unos cuantos besos y abrazos?
En lo relativo a las relaciones prematrimoniales, le debía toda su prudencia a
sus padres. De no haberse apresurado ellos, ______ no habría puesto tanto
cuidado en no repetir su error. Pero, por supuesto, eso no podía contárselo a
Tom.
—Son casi las diez—continuó él
mirando el reloj—. Sugiero que vuelvas a tu mesa y que nos veamos a la una en
punto. Bajaré a buscarte para ir a comer. Cuanto antes hagamos pública nuestra
relación, mejor.
Mientras hablaba, Tom se acercaba a ella. _____ se dejó llevar por el pánico y gritó al ver que se abría la puerta y que entraba la secretaria justo cuando él la tomaba de la mano con firmeza.
Tenía la piel morena, pero no tanto como para que la gente adivinara de inmediato que era griego. Sus ojos eran cafeces, observaba al fin ______, no azules, como había supuesto la noche anterior. Aquel color añadía más confusión a su identidad nacional, a pesar de que el pelo, espeso y liso, fuera muy moreno. Tenía, no obstante, cierto aire, cierta herencia de su antiguo linaje en los pómulos altos y marcados, en el mentón esculpido al estilo clásico y en la nariz recta. Aquellos rasgos denotaban indudablemente una nobleza griega ancestral, arrogante y aristocrática, acostumbrada a dominar a aquellos que lo rodeaban y a ejercer su autoridad sobre cualquiera que se le acercara.
Mientras hablaba, Tom se acercaba a ella. _____ se dejó llevar por el pánico y gritó al ver que se abría la puerta y que entraba la secretaria justo cuando él la tomaba de la mano con firmeza.
Tenía la piel morena, pero no tanto como para que la gente adivinara de inmediato que era griego. Sus ojos eran cafeces, observaba al fin ______, no azules, como había supuesto la noche anterior. Aquel color añadía más confusión a su identidad nacional, a pesar de que el pelo, espeso y liso, fuera muy moreno. Tenía, no obstante, cierto aire, cierta herencia de su antiguo linaje en los pómulos altos y marcados, en el mentón esculpido al estilo clásico y en la nariz recta. Aquellos rasgos denotaban indudablemente una nobleza griega ancestral, arrogante y aristocrática, acostumbrada a dominar a aquellos que lo rodeaban y a ejercer su autoridad sobre cualquiera que se le acercara.
—¡Oh, Tom!—exclamó la secretaria ruborizada, mirando incrédula cómo su jefe atraía a ______ hacia sí—. Siento interrumpirte, pero tu abuelo ha llamado dos veces...
—Llamaré a mi abuelo inmediatamente—respondió Tom con sencillez, añadiendo: —Ah, y no quiero citas ni interrupciones de ningún tipo desde la una hasta las dos y media de hoy. Voy a llevar a mi novia a comer fuera.
Tom dijo aquello volviéndose hacia _______ y mirándola con tierna sensualidad, como un amante impaciente, incapaz de esperar y de controlar por más tiempo sus deseos. Hasta tal punto su mirada resultaba embriagadora que ______ estuvo a punto de creerlo, le devolvía aquella mirada como si estuviera hipnotizada. Si él le hubiera dirigido una mirada así la noche anterior... reflexionó. Pero no, tenía que controlarse, se advirtió a sí misma en silencio, incrédula ante sus propias fantasías.
Si el comportamiento de Tom sorprendió a ______, no sorprendió menos a su secretaria, como bien pudo ella comprobar por su risita sofocada mientras Tom le preguntaba si quería algo más.
—No, es solo que... es decir... No, nada.
—Bien. ¡Ah, una cosa más!—comentó Tom—. Quiero que hagas una reserva extra en el vuelo de Atenas de la semana que viene, y que el asiento esté junto al mío. Es para _______...—añadió volviéndose hacia ella y dándole la espalda a su secretaria para añadir, con voz ronca: —Apenas puedo esperar el momento de presentarte a mi familia, querida, sobre todo a mi abuelo. Pero primero...
Antes de que ______ pudiera imaginar lo que pretendía hacer, Tom levantó su mano hasta los labios con la palma hacia arriba. Sintió su aliento en la piel, e inmediatamente se echó a temblar. De pronto la respiración se le entrecortó, se sentía mareada, sin aliento. Estaba excitada, sorprendida, como si hubiera salido de sí misma y se hubiera convertido en otra persona diferente, una persona con una vida infinitamente más excitante que la suya, una vida peligrosa, mágica, llena de experiencias sugerentes como jamás las había soñado.
Vagamente escuchó a Tom decir, con voz ronca:
—Primero, querida mía, tenemos que
encontrar algo bonito para adornar ese dedo desnudo tuyo. Mi abuelo jamás
aprobaría que te llevara a casa sin lucir un anillo como muestra de mis
intenciones.
HOLA!!!! BUENO AQUI ESTAN LOS CAPITULOS 3 O MAS Y AGREGO EL LUNES ... HASTA LUEGO ... :))
Al puedo leerlooo!!
ResponderBorrarE
sta hermosaa Virgii.. Ya estoy atrapada. Pobre (tn) ..
Siguelasa :)
Tom como siempre tan sexy, quede intrigada virgi me encanto espero los próximos caps..
ResponderBorrarSube pronto
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