miércoles, 14 de octubre de 2015
.- una novia temporal .- 47 48 49 y epilogo
CAPITULOS FINALES
Capitulo 47
______ observó cuánto disfrutaba el anciano viendo el efecto que aquella noticia causaba en su familia. Evidentemente le gustaba controlar la situación, sorprender a la gente. Sin embargo, mientras ese rasgo en Tom la había irritado, en su abuelo lo encontraba encantador.
—¿_____ y tú...se conocen?—repitió Tom frunciendo el ceño y mirándolos alternativamente a ambos.
—Sí, nos conocimos en Atenas—confirmó el abuelo antes de que _____ pudiera decir nada—. Fue muy amable con un pobre anciano, se preocupó mucho por mí. Mi chófer me dijo que le preguntaste por mi salud—añadió dirigiéndose a ______, en un aparte—. Tengo que confesar que aquella caminata al sol, y la espera hasta que volvieras de la Acrópolis, me resultó un poco... incómoda. Aunque no tan incómoda, me temo, como la espera de Tom, que fue a mi despacho y se enteró de que había cancelado la cita—rió el anciano—. ¿De verdad creías que iba a dejar que mi nieto se casara con una mujer a la que no conocía, Tom?—preguntó pavoneándose, arrancándole una sonrisa cómplice a ______.
_____ sabía que debía sentirse ofendida, pero aquel hombre era tan griego, parecía tan satisfecho, que no se molestó. Tom, en cambio, no se apaciguó tan fácilmente.
—¿Así que decidiste ir en persona a comprobar quién era?—preguntó como un trueno, mirando severamente a su abuelo.
—Definitivamente has hecho una buena elección, Tom—lo interrumpió su abuelo—. Es encantadora y amable. No hay muchas jovencitas hoy en día que se tomen la molestia de perder el tiempo con un anciano desconocido. Tenía que conocerla por mí mismo, Tom. Yo te conozco, y...
—Lo que has hecho es un insulto para ella—lo interrumpió Tom con frialdad, mientras _____ lo miraba atónita. Tom, ¿defendiéndola?, ¿protegiéndola?. De pronto, inesperadamente, recordó que solo estaba actuando, interpretando un papel—. Y deja que te diga una cosa, abuelo. Para mí, es indiferente que apruebes a ______ o no. Yo la amo, siempre la amaré, y ninguna amenaza, ningún chantaje, nada de lo que puedas decirme va a cambiarlo.
Hubo una breve pausa, y luego el anciano asintió con la cabeza.
—Bien, me alegro de oírlo. Una mujer como ______ se merece ser el centro en la vida y en el corazón de su marido. Me recuerda mucho a mi amada—añadió con los ojos de pronto nublados—. Tiene su misma forma generosa y amable de ser, la misma preocupación por los demás.
De pronto, los ojos de anciano se fijaron en el anillo de _____ y frunció el ceño, añadiendo:
—¿Pero qué es ese anillo? Ese anillo no es suficiente para una novia de la familia Kaulitz. Me sorprendes, Tom... un sencillo solitario, tan pequeño. _____ llevará el anillo de tu abuela.
—No—negó Tom severo.
_____ se puso tensa. ¿Le diría por fin Tom la verdad? ¿Acaso el anillo de su difunta abuela era algo demasiado sagrado como para tolerar la idea de que ella lo llevara?
—No—volvió Tom a negar—. Si ______ quiere un anillo diferente, lo elegirá ella. Por ahora, quiero que lleve el que he elegido yo: un diamante tan puro, tan resplandeciente y tan bello como ella.
______ observó cuánto disfrutaba el anciano viendo el efecto que aquella noticia causaba en su familia. Evidentemente le gustaba controlar la situación, sorprender a la gente. Sin embargo, mientras ese rasgo en Tom la había irritado, en su abuelo lo encontraba encantador.
—¿_____ y tú...se conocen?—repitió Tom frunciendo el ceño y mirándolos alternativamente a ambos.
—Sí, nos conocimos en Atenas—confirmó el abuelo antes de que _____ pudiera decir nada—. Fue muy amable con un pobre anciano, se preocupó mucho por mí. Mi chófer me dijo que le preguntaste por mi salud—añadió dirigiéndose a ______, en un aparte—. Tengo que confesar que aquella caminata al sol, y la espera hasta que volvieras de la Acrópolis, me resultó un poco... incómoda. Aunque no tan incómoda, me temo, como la espera de Tom, que fue a mi despacho y se enteró de que había cancelado la cita—rió el anciano—. ¿De verdad creías que iba a dejar que mi nieto se casara con una mujer a la que no conocía, Tom?—preguntó pavoneándose, arrancándole una sonrisa cómplice a ______.
_____ sabía que debía sentirse ofendida, pero aquel hombre era tan griego, parecía tan satisfecho, que no se molestó. Tom, en cambio, no se apaciguó tan fácilmente.
—¿Así que decidiste ir en persona a comprobar quién era?—preguntó como un trueno, mirando severamente a su abuelo.
—Definitivamente has hecho una buena elección, Tom—lo interrumpió su abuelo—. Es encantadora y amable. No hay muchas jovencitas hoy en día que se tomen la molestia de perder el tiempo con un anciano desconocido. Tenía que conocerla por mí mismo, Tom. Yo te conozco, y...
—Lo que has hecho es un insulto para ella—lo interrumpió Tom con frialdad, mientras _____ lo miraba atónita. Tom, ¿defendiéndola?, ¿protegiéndola?. De pronto, inesperadamente, recordó que solo estaba actuando, interpretando un papel—. Y deja que te diga una cosa, abuelo. Para mí, es indiferente que apruebes a ______ o no. Yo la amo, siempre la amaré, y ninguna amenaza, ningún chantaje, nada de lo que puedas decirme va a cambiarlo.
Hubo una breve pausa, y luego el anciano asintió con la cabeza.
—Bien, me alegro de oírlo. Una mujer como ______ se merece ser el centro en la vida y en el corazón de su marido. Me recuerda mucho a mi amada—añadió con los ojos de pronto nublados—. Tiene su misma forma generosa y amable de ser, la misma preocupación por los demás.
De pronto, los ojos de anciano se fijaron en el anillo de _____ y frunció el ceño, añadiendo:
—¿Pero qué es ese anillo? Ese anillo no es suficiente para una novia de la familia Kaulitz. Me sorprendes, Tom... un sencillo solitario, tan pequeño. _____ llevará el anillo de tu abuela.
—No—negó Tom severo.
_____ se puso tensa. ¿Le diría por fin Tom la verdad? ¿Acaso el anillo de su difunta abuela era algo demasiado sagrado como para tolerar la idea de que ella lo llevara?
—No—volvió Tom a negar—. Si ______ quiere un anillo diferente, lo elegirá ella. Por ahora, quiero que lleve el que he elegido yo: un diamante tan puro, tan resplandeciente y tan bello como ella.
Capitulo 48
_____ observó a la madre y la hermana de Tom, cuyas mandíbulas se habían abierto atónitas. Igual que la de ella, al escuchar aquella inesperada, tierna y casi poética declaración.
Las lágrimas, unas ridículas lágrimas acudieron a sus ojos nublándolos al mirar el solitario. Era bello, lo pensaba cada vez que se lo ponía. Pero para que ese solitario tuviera algún valor para ______ tenía que ser regalado por amor.
—Muy bien, pero lo que yo ahora quiero saber es cuándo vais a casaros—continuó el abuelo—. No voy a vivir para siempre, Tom, y si quiero conocer a tus hijos...
—¡Abuelo...!—comenzó a decir Tom, en tono de advertencia.
Más tarde, tras una comida de celebración y algo más de champán de lo que hubiera sido necesario en el caso de ______, Tom y ella volvieron al dormitorio. Antes de llegar, él le tocó el hombro ligeramente, y ella se detuvo y lo miró.
—Siento mucho lo ocurrido en Atenas, mi abuelo no tenía derecho a hacerte objeto de tal...
—Tú habrías hecho exactamente lo mismo de haber estado en su lugar—lo interrumpió _____ en voz baja, lanzándose inmediatamente en defensa del anciano—. Es una reacción perfectamente natural. Aún recuerdo la reacción de mi abuela la primera vez que tuve una cita—rió, dejando de hacerlo al ver que Tom sacudía la cabeza.
—Comprendo que tu abuela se mostrase protectora contigo—convino Tom—, pero mi abuelo te ha puesto en peligro. ¿Qué habría ocurrido si él hubiera llegado tarde al encuentro contigo? Estabas sola, en una ciudad desconocida. Le dio órdenes al chófer contrarias a las mías, le dijo que desapareciera hasta que lo viera volver a su propio coche.
—Era de día, Tom—señaló ______ con calma. Tom, sin embargo, no se apaciguaba—. Bueno, al menos no va a seguir tratando de convencerte de que te cases con Caroline—añadió entrando en la habitación.
Nada más ver las maletas hechas en el centro de la habitación, _____ se quedó paralizada.
—¿Qué...?
—Le he dicho a María que hiciera nuestras maletas. La de los dos. Tenemos una reserva en el primer vuelo que sale mañana para Heathrow.
—¿Es que nos vamos?
No quería mostrar el shock que aquella noticia le había producido. Por supuesto que se marchaban. Después de todo, Tom ya no la necesitaba. El abuelo había declarado, durante la comida, que Caroline no volvería a pisar aquella casa.
—No tenemos más opción—respondió Tom con sencillez—. Ya has oído a mi abuelo. Ahora que los médicos le han dicho que está bien necesita algo que hacer. Y no va a perderse la oportunidad de organizar nuestra boda y convertirla en una lujosa extravagancia digna de las revistas del corazón. Eso, por no hablar de la oportunidad de reunir bajo el mismo techo a todos sus camaradas, cuantos más mejor. Y mi hermana y mi madre lo mismo. Trajes de diseño, un vestido de novia que llevará meses confeccionar, un proyecto para ampliar la mansión para que puedan caber los hijos que mi madre y mi abuelo están decididos a que tengamos...
______ asimiló cada una de esas palabras con avidez. La imagen de la vida que él estaba sugiriendo, las felices estampas que estaba pintando le resultaban más atractivas cuanto más hablaba. _____ se permitió a sí misma fantasear secretamente sobre lo que sabía era imposible. Entonces Tom dijo algo que la dejó perpleja:
—Tenemos que casarnos de inmediato, no tenemos tiempo para todos esos retrasos. No después de... si llevas ya en tu vientre a mi hijo, entonces...
—¿De qué estás hablando?—protestó ______ pálida—. No puedes estar hablando en serio. No podemos casarnos simplemente porque...
—¿Simplemente porque... qué...?—la desafió Tom amargamente—. ¿Porque eras virgen, una ingenua que jamás había conocido a ningún hombre? Yo... yo…, ______, jamás abandonaré a ningún hijo que haya concebido. Dadas las circunstancias, no hay otra salida.
—De todas formas, puede que no esté embarazada. De hecho estoy segura de que no lo estoy.
—Y claro, eres una experta en esas cosas, ¿verdad? Tú, una mujer que ni siquiera ha...
—Pero dicen que no siempre... que la primera vez es imposible...—contestó _______, comprendiendo por la expresión de Tom que él creía tan poco en aquel dicho popular como ella—. Yo no quiero esto, Tom—insistió, probando un nuevo argumento—. Incluso aunque esté... embarazada... hoy en día eso no significa que... puedo criarlo yo sola...
—¿Con qué?—la desafió Tom—. No con el millón de libras esterlinas que has rechazado de Caroline, desde luego.
_______ lo miró atónita, no supo qué contestar.
—Un niño necesita mucho más que dinero. Mucho, mucho más—se defendió a toda prisa, preguntándose cómo se habría enterado. No por Caroline, claro—. Un niño necesita amor.
—¿Crees que no lo sé?—replicó Tom—. Seguramente yo estoy en mejor posición que tú para saberlo, ______. Yo tuve el amor de mis dos padres desde niño, y te aseguro que no permitiré que un hijo mío crezca sin el mío—Tom se interrumpió de pronto al escuchar el suspiro de ______. Sus ojos se oscurecieron y adquirieron una expresión de arrepentimiento—. ______, adorada mía, lo siento mucho. No quiero hacerte daño, solo quiero que comprendas que no puedo abandonar a nuestro hijo lo mismo que no puedo abandonarte a ti.
_____ observó a la madre y la hermana de Tom, cuyas mandíbulas se habían abierto atónitas. Igual que la de ella, al escuchar aquella inesperada, tierna y casi poética declaración.
Las lágrimas, unas ridículas lágrimas acudieron a sus ojos nublándolos al mirar el solitario. Era bello, lo pensaba cada vez que se lo ponía. Pero para que ese solitario tuviera algún valor para ______ tenía que ser regalado por amor.
—Muy bien, pero lo que yo ahora quiero saber es cuándo vais a casaros—continuó el abuelo—. No voy a vivir para siempre, Tom, y si quiero conocer a tus hijos...
—¡Abuelo...!—comenzó a decir Tom, en tono de advertencia.
Más tarde, tras una comida de celebración y algo más de champán de lo que hubiera sido necesario en el caso de ______, Tom y ella volvieron al dormitorio. Antes de llegar, él le tocó el hombro ligeramente, y ella se detuvo y lo miró.
—Siento mucho lo ocurrido en Atenas, mi abuelo no tenía derecho a hacerte objeto de tal...
—Tú habrías hecho exactamente lo mismo de haber estado en su lugar—lo interrumpió _____ en voz baja, lanzándose inmediatamente en defensa del anciano—. Es una reacción perfectamente natural. Aún recuerdo la reacción de mi abuela la primera vez que tuve una cita—rió, dejando de hacerlo al ver que Tom sacudía la cabeza.
—Comprendo que tu abuela se mostrase protectora contigo—convino Tom—, pero mi abuelo te ha puesto en peligro. ¿Qué habría ocurrido si él hubiera llegado tarde al encuentro contigo? Estabas sola, en una ciudad desconocida. Le dio órdenes al chófer contrarias a las mías, le dijo que desapareciera hasta que lo viera volver a su propio coche.
—Era de día, Tom—señaló ______ con calma. Tom, sin embargo, no se apaciguaba—. Bueno, al menos no va a seguir tratando de convencerte de que te cases con Caroline—añadió entrando en la habitación.
Nada más ver las maletas hechas en el centro de la habitación, _____ se quedó paralizada.
—¿Qué...?
—Le he dicho a María que hiciera nuestras maletas. La de los dos. Tenemos una reserva en el primer vuelo que sale mañana para Heathrow.
—¿Es que nos vamos?
No quería mostrar el shock que aquella noticia le había producido. Por supuesto que se marchaban. Después de todo, Tom ya no la necesitaba. El abuelo había declarado, durante la comida, que Caroline no volvería a pisar aquella casa.
—No tenemos más opción—respondió Tom con sencillez—. Ya has oído a mi abuelo. Ahora que los médicos le han dicho que está bien necesita algo que hacer. Y no va a perderse la oportunidad de organizar nuestra boda y convertirla en una lujosa extravagancia digna de las revistas del corazón. Eso, por no hablar de la oportunidad de reunir bajo el mismo techo a todos sus camaradas, cuantos más mejor. Y mi hermana y mi madre lo mismo. Trajes de diseño, un vestido de novia que llevará meses confeccionar, un proyecto para ampliar la mansión para que puedan caber los hijos que mi madre y mi abuelo están decididos a que tengamos...
______ asimiló cada una de esas palabras con avidez. La imagen de la vida que él estaba sugiriendo, las felices estampas que estaba pintando le resultaban más atractivas cuanto más hablaba. _____ se permitió a sí misma fantasear secretamente sobre lo que sabía era imposible. Entonces Tom dijo algo que la dejó perpleja:
—Tenemos que casarnos de inmediato, no tenemos tiempo para todos esos retrasos. No después de... si llevas ya en tu vientre a mi hijo, entonces...
—¿De qué estás hablando?—protestó ______ pálida—. No puedes estar hablando en serio. No podemos casarnos simplemente porque...
—¿Simplemente porque... qué...?—la desafió Tom amargamente—. ¿Porque eras virgen, una ingenua que jamás había conocido a ningún hombre? Yo... yo…, ______, jamás abandonaré a ningún hijo que haya concebido. Dadas las circunstancias, no hay otra salida.
—De todas formas, puede que no esté embarazada. De hecho estoy segura de que no lo estoy.
—Y claro, eres una experta en esas cosas, ¿verdad? Tú, una mujer que ni siquiera ha...
—Pero dicen que no siempre... que la primera vez es imposible...—contestó _______, comprendiendo por la expresión de Tom que él creía tan poco en aquel dicho popular como ella—. Yo no quiero esto, Tom—insistió, probando un nuevo argumento—. Incluso aunque esté... embarazada... hoy en día eso no significa que... puedo criarlo yo sola...
—¿Con qué?—la desafió Tom—. No con el millón de libras esterlinas que has rechazado de Caroline, desde luego.
_______ lo miró atónita, no supo qué contestar.
—Un niño necesita mucho más que dinero. Mucho, mucho más—se defendió a toda prisa, preguntándose cómo se habría enterado. No por Caroline, claro—. Un niño necesita amor.
—¿Crees que no lo sé?—replicó Tom—. Seguramente yo estoy en mejor posición que tú para saberlo, ______. Yo tuve el amor de mis dos padres desde niño, y te aseguro que no permitiré que un hijo mío crezca sin el mío—Tom se interrumpió de pronto al escuchar el suspiro de ______. Sus ojos se oscurecieron y adquirieron una expresión de arrepentimiento—. ______, adorada mía, lo siento mucho. No quiero hacerte daño, solo quiero que comprendas que no puedo abandonar a nuestro hijo lo mismo que no puedo abandonarte a ti.
Capitulo 49
______ se quedó paralizada, incapaz de hablar, moverse o respirar, mientras escuchaba aquella ferviente declaración. Estaba actuando. Tenía que estar actuando. Tom no la amaba, eso lo sabía. Escuchar de sus labios las palabras que tanto deseaba oír, sabiendo que eran mentira, la llenaba de angustia. Era más de lo que podía soportar.
Agarró el anillo que él le había regalado y trató de quitárselo con los ojos llenos de rabia, con lágrimas de orgullo y de dolor, Tom la observó tal y como la había observado durante toda la comida, mientras bebía vino tratando de relajarse.
—Me sentí tan ofendida cuando Caroline le ofreció ese dinero a ______—había dicho Jimena con verdadera pasión—. Y tan orgullosa de ella. Ella te quiere mucho. Yo solía pensar que ninguna mujer sería nunca digna de ti, mi querido hermano, pero ahora sé que me equivocaba. Ella te quiere inmensamente, tal y como tú mereces, tal y como quisiera amar yo, algún día, al hombre con el que me case...
—Es perfecta para ti, cariño—le había susurrado su madre.
—Es una bella mujer con un corazón más bello aún—había dicho su abuelo emocionado.
Durante la comida se había producido, por un instante, algo imprevisto, algo que había hecho que _____ se volviera hacia él como pidiéndole su protección.
La mirada de sus ojos había sido tal que Tom había deseado tomarla en sus brazos, llevarla al dormitorio y tenerla para él solo, contemplando esa expresión una y otra vez.
Por fin ______ consiguió quitarse el anillo, que le tendió alzando la cabeza, y diciendo:
—De ninguna manera estoy dispuesta a casarme con un hombre que no me ama.
Tom cerró los ojos y repitió mentalmente aquellas palabras una y otra vez, tratando de asegurarse de que había oído bien. Luego abrió los ojos de nuevo y caminó hacia ella. Estaba a punto de tirarse el mayor farol de su vida. Si perdía, lo perdería todo. Pero si ganaba...
Respiró hondo y preguntó:
—¿No deberías de haber dicho, más bien, que de ninguna manera estás dispuesta a casarte con un hombre al que no amas?.
______ se quedó helada. Se puso pálida y luego, de pronto, colorada.
—Es... eso es lo que quería decir—comenzó a contestar, pero de pronto el pánico se apoderó de ella—. ¡No puedo casarme contigo, Tom!—añadió en tono de protesta, al ver que él acortaba la distancia que los separaba y la tomaba en sus brazos sin vacilar.
—Pero yo no te voy a dejar marchar, _______—susurró él con voz penetrante.
—¿A causa de lo que ha sucedido... porque puede que hayamos concebido un niño?—sugirió ella con voz amortiguada, debido a la fuerza con que Tom la estrechaba.
Los labios de Tom rozaban irresistiblemente, con besos ligeros, su cuello y su mandíbula, acercándose cada vez más a su boca.
—Por eso—convino Tom, susurrando las palabras contra sus labios—, y por esto... y por ti...
—¿Por mí?—comenzó a preguntar ______, sin que Tom la dejara terminar.
Tom la tomó de la barbilla, la miró a los ojos con una mirada grave, dolida, llena de arrepentimiento, ardiente de deseo, y de amor, y le rogó:
—Por favor, dame la oportunidad de demostrarte cómo podrían ser las cosas entre nosotros, ______. Deja que te demuestre lo maravilloso que podría ser, lo maravilloso que será...
—¿Qué estás tratando de decirme?
Tom, sin soltarla ni dejar de mirarla, continuó:
—Estoy tratando de decirte con palabras lo que mis emociones, mi corazón, mi alma y mi cuerpo te han dicho ya, corazón mío, mi adorado, mi precioso amor. Supongo que ya te habrás imaginado cómo me sentía cuando hemos hecho el amor, ¿no?
_____ levantó la cabeza para mirarlo a los ojos buscando en ellos algo que le permitiera creer en lo que estaba diciendo. Su corazón comenzó a latir a toda prisa en una mezcla de júbilo y excitación. Nadie podía mentir con una mirada como la de Tom, y por si eso no fuera suficiente, su cuerpo le daba claras e íntimas muestras de su sinceridad. Incapaz de reprimirse, _____ se ruborizó al sentir que su propio cuerpo respondía al de Tom.
—Pero yo pensé... pensé que se trataba solo de sexo—contestó valiente. Tom se echó a reír—. ¿Qué he dicho?
—Mi querido amor—respondió él sin dejar de reír—, si no hubiera tenido una prueba fehaciente de tu inocencia, ese comentario me habría bastado. Cualquier mujer que haya experimentado el «sexo puro» habría comprendido de inmediato que...—Tom se interrumpió y sonrió, besándola tiernamente antes de continuar—. No, ¿para qué explicarlo? Jamás sabrás lo que es el «sexo puro». Tú y yo, ______, haremos el amor, nos daremos amor durante el resto de nuestras vidas.
—¡Oh, Tom!—susurró _____ delirante, mientras él la estrechaba fuertemente contra sí—. ¡No, Tom, no podemos!—protestó cinco minutos después, mientras él la llevaba a la cama y comenzaba a desvestirla—. Tengo toda la ropa en la maleta... no tendré nada que ponerme... y además...
—Mejor—contestó Tom sin arrepentimiento—. No se me ocurre nada mejor que tenerte desnuda y prisionera en mi cama, sin posibilidad de escapar.
—Mmm... es gracioso... ¡Yo estaba pensando exactamente lo mismo!
______ se quedó paralizada, incapaz de hablar, moverse o respirar, mientras escuchaba aquella ferviente declaración. Estaba actuando. Tenía que estar actuando. Tom no la amaba, eso lo sabía. Escuchar de sus labios las palabras que tanto deseaba oír, sabiendo que eran mentira, la llenaba de angustia. Era más de lo que podía soportar.
Agarró el anillo que él le había regalado y trató de quitárselo con los ojos llenos de rabia, con lágrimas de orgullo y de dolor, Tom la observó tal y como la había observado durante toda la comida, mientras bebía vino tratando de relajarse.
—Me sentí tan ofendida cuando Caroline le ofreció ese dinero a ______—había dicho Jimena con verdadera pasión—. Y tan orgullosa de ella. Ella te quiere mucho. Yo solía pensar que ninguna mujer sería nunca digna de ti, mi querido hermano, pero ahora sé que me equivocaba. Ella te quiere inmensamente, tal y como tú mereces, tal y como quisiera amar yo, algún día, al hombre con el que me case...
—Es perfecta para ti, cariño—le había susurrado su madre.
—Es una bella mujer con un corazón más bello aún—había dicho su abuelo emocionado.
Durante la comida se había producido, por un instante, algo imprevisto, algo que había hecho que _____ se volviera hacia él como pidiéndole su protección.
La mirada de sus ojos había sido tal que Tom había deseado tomarla en sus brazos, llevarla al dormitorio y tenerla para él solo, contemplando esa expresión una y otra vez.
Por fin ______ consiguió quitarse el anillo, que le tendió alzando la cabeza, y diciendo:
—De ninguna manera estoy dispuesta a casarme con un hombre que no me ama.
Tom cerró los ojos y repitió mentalmente aquellas palabras una y otra vez, tratando de asegurarse de que había oído bien. Luego abrió los ojos de nuevo y caminó hacia ella. Estaba a punto de tirarse el mayor farol de su vida. Si perdía, lo perdería todo. Pero si ganaba...
Respiró hondo y preguntó:
—¿No deberías de haber dicho, más bien, que de ninguna manera estás dispuesta a casarte con un hombre al que no amas?.
______ se quedó helada. Se puso pálida y luego, de pronto, colorada.
—Es... eso es lo que quería decir—comenzó a contestar, pero de pronto el pánico se apoderó de ella—. ¡No puedo casarme contigo, Tom!—añadió en tono de protesta, al ver que él acortaba la distancia que los separaba y la tomaba en sus brazos sin vacilar.
—Pero yo no te voy a dejar marchar, _______—susurró él con voz penetrante.
—¿A causa de lo que ha sucedido... porque puede que hayamos concebido un niño?—sugirió ella con voz amortiguada, debido a la fuerza con que Tom la estrechaba.
Los labios de Tom rozaban irresistiblemente, con besos ligeros, su cuello y su mandíbula, acercándose cada vez más a su boca.
—Por eso—convino Tom, susurrando las palabras contra sus labios—, y por esto... y por ti...
—¿Por mí?—comenzó a preguntar ______, sin que Tom la dejara terminar.
Tom la tomó de la barbilla, la miró a los ojos con una mirada grave, dolida, llena de arrepentimiento, ardiente de deseo, y de amor, y le rogó:
—Por favor, dame la oportunidad de demostrarte cómo podrían ser las cosas entre nosotros, ______. Deja que te demuestre lo maravilloso que podría ser, lo maravilloso que será...
—¿Qué estás tratando de decirme?
Tom, sin soltarla ni dejar de mirarla, continuó:
—Estoy tratando de decirte con palabras lo que mis emociones, mi corazón, mi alma y mi cuerpo te han dicho ya, corazón mío, mi adorado, mi precioso amor. Supongo que ya te habrás imaginado cómo me sentía cuando hemos hecho el amor, ¿no?
_____ levantó la cabeza para mirarlo a los ojos buscando en ellos algo que le permitiera creer en lo que estaba diciendo. Su corazón comenzó a latir a toda prisa en una mezcla de júbilo y excitación. Nadie podía mentir con una mirada como la de Tom, y por si eso no fuera suficiente, su cuerpo le daba claras e íntimas muestras de su sinceridad. Incapaz de reprimirse, _____ se ruborizó al sentir que su propio cuerpo respondía al de Tom.
—Pero yo pensé... pensé que se trataba solo de sexo—contestó valiente. Tom se echó a reír—. ¿Qué he dicho?
—Mi querido amor—respondió él sin dejar de reír—, si no hubiera tenido una prueba fehaciente de tu inocencia, ese comentario me habría bastado. Cualquier mujer que haya experimentado el «sexo puro» habría comprendido de inmediato que...—Tom se interrumpió y sonrió, besándola tiernamente antes de continuar—. No, ¿para qué explicarlo? Jamás sabrás lo que es el «sexo puro». Tú y yo, ______, haremos el amor, nos daremos amor durante el resto de nuestras vidas.
—¡Oh, Tom!—susurró _____ delirante, mientras él la estrechaba fuertemente contra sí—. ¡No, Tom, no podemos!—protestó cinco minutos después, mientras él la llevaba a la cama y comenzaba a desvestirla—. Tengo toda la ropa en la maleta... no tendré nada que ponerme... y además...
—Mejor—contestó Tom sin arrepentimiento—. No se me ocurre nada mejor que tenerte desnuda y prisionera en mi cama, sin posibilidad de escapar.
—Mmm... es gracioso... ¡Yo estaba pensando exactamente lo mismo!
Epílogo
—Bueno, puede que tu abuelo no se saliera con la suya en lo de la boda, pero desde luego no iba a permitirnos que bautizáramos a nuestro hijo en paz—rió ______, junto a Tom, mientras contemplaban el enorme grupo de gente que llenaba la sala, recién arreglada para la ocasión, de uno de los hoteles ingleses de la empresa familiar.
—Mmm... ¿Estás segura de que Diego estará bien con él?—preguntó Tom con ansiedad, con la vista fija y preocupada en su hijo, al otro extremo de la sala.
Su abuelo, orgulloso, enseñaba el bebé, de tres meses, a todos sus camaradas.
—Bueno, como dice tu abuelo, él ha sostenido a más niños que tú o que yo—contestó ______ riendo.
—Quizá, pero ninguno de ellos era hijo mío—respondió Tom—. Creo que voy a ir a buscarlo. Diego parece como si estuviera inquieto, y no se terminó el último biberón...
—Hablando de padres que se desviven por los hijos...—murmuró Jimena dirigiéndose a ______ mientras Tom se alejaba a grandes zancadas—. Siempre supe que Tom sería un buen padre, ¿sabes?
_______ sonrió y contempló a su marido tomar expertamente al niño en brazos. Había nacido nueve meses y un día después de la tranquila boda, retrasándose diplomáticamente tres semanas del día en que se lo esperaba. Pero, por supuesto, eso solo lo sabían _____ y Tom... igual que solo ellos sabían que, para cuando llegara su primer cumpleaños, tendría ya un hermano o una hermana.
—¿No es un poquito pronto?—había protestado Tom cuando ella le comunicó sus sospechas.
______ se había reído y ruborizado, recordando, como sabía que también recordaba él, que había sido ella la primera en iniciar sus relaciones después del nacimiento de Diego.
Tom era un padre maravilloso, y mejor marido y amante.
_____ suspiró, y Tom reconoció de inmediato su mirada de ojos oscurecidos.
Si la madre de Tom se sorprendió de que él, de pronto, le pusiera en brazos a su nieto para hablar urgentemente y en privado de un asunto con ______, desde luego no lo demostró. En lugar de ello se reunió con la abuela de ______, con la que había entablado un estrecho lazo.
—¡Pero Tom no, ahora no!—protestó ______ mientras él la llevaba a uno de los dormitorios más elegantes del hotel y cerraba la puerta.
—¿Por qué no?—bromeó él—. El hotel es nuestro, y estamos casados... y ahora mismo te deseo... tanto.
—Tom...—suspiró. ______ mientras los labios de él buscaban su exquisito cuello, que siempre, indefectiblemente, respondía al dulce tormento de sus besos.
—Tom... ¿qué?—preguntó él sin apartar los labios de su piel.
Pero ______ no respondió, al menos verbalmente. En lugar de ello lo agarró de la cabeza y la atrajo hacia la suya para abrir los labios dulcemente bajo los de él.
—Sabía, desde el primer momento en que te vi, que eras una mujer muy pícara—rió Tom con ternura—. Mi mujer pícara....
—Bueno, puede que tu abuelo no se saliera con la suya en lo de la boda, pero desde luego no iba a permitirnos que bautizáramos a nuestro hijo en paz—rió ______, junto a Tom, mientras contemplaban el enorme grupo de gente que llenaba la sala, recién arreglada para la ocasión, de uno de los hoteles ingleses de la empresa familiar.
—Mmm... ¿Estás segura de que Diego estará bien con él?—preguntó Tom con ansiedad, con la vista fija y preocupada en su hijo, al otro extremo de la sala.
Su abuelo, orgulloso, enseñaba el bebé, de tres meses, a todos sus camaradas.
—Bueno, como dice tu abuelo, él ha sostenido a más niños que tú o que yo—contestó ______ riendo.
—Quizá, pero ninguno de ellos era hijo mío—respondió Tom—. Creo que voy a ir a buscarlo. Diego parece como si estuviera inquieto, y no se terminó el último biberón...
—Hablando de padres que se desviven por los hijos...—murmuró Jimena dirigiéndose a ______ mientras Tom se alejaba a grandes zancadas—. Siempre supe que Tom sería un buen padre, ¿sabes?
_______ sonrió y contempló a su marido tomar expertamente al niño en brazos. Había nacido nueve meses y un día después de la tranquila boda, retrasándose diplomáticamente tres semanas del día en que se lo esperaba. Pero, por supuesto, eso solo lo sabían _____ y Tom... igual que solo ellos sabían que, para cuando llegara su primer cumpleaños, tendría ya un hermano o una hermana.
—¿No es un poquito pronto?—había protestado Tom cuando ella le comunicó sus sospechas.
______ se había reído y ruborizado, recordando, como sabía que también recordaba él, que había sido ella la primera en iniciar sus relaciones después del nacimiento de Diego.
Tom era un padre maravilloso, y mejor marido y amante.
_____ suspiró, y Tom reconoció de inmediato su mirada de ojos oscurecidos.
Si la madre de Tom se sorprendió de que él, de pronto, le pusiera en brazos a su nieto para hablar urgentemente y en privado de un asunto con ______, desde luego no lo demostró. En lugar de ello se reunió con la abuela de ______, con la que había entablado un estrecho lazo.
—¡Pero Tom no, ahora no!—protestó ______ mientras él la llevaba a uno de los dormitorios más elegantes del hotel y cerraba la puerta.
—¿Por qué no?—bromeó él—. El hotel es nuestro, y estamos casados... y ahora mismo te deseo... tanto.
—Tom...—suspiró. ______ mientras los labios de él buscaban su exquisito cuello, que siempre, indefectiblemente, respondía al dulce tormento de sus besos.
—Tom... ¿qué?—preguntó él sin apartar los labios de su piel.
Pero ______ no respondió, al menos verbalmente. En lugar de ello lo agarró de la cabeza y la atrajo hacia la suya para abrir los labios dulcemente bajo los de él.
—Sabía, desde el primer momento en que te vi, que eras una mujer muy pícara—rió Tom con ternura—. Mi mujer pícara....
HOLA!!! BUENO AQUI ESTAN LOS CAPITULOS FINALES ... GRACIAS POR LEERLA ... YA MISMO ME PONGO A ADAPTAR LA PROXIMA NOVELA ... HASTA PRONTO Y GRACIAS DE NUEVO :))
martes, 13 de octubre de 2015
.- una novia temporal .- 44 45 46 y 47
PENULTIMOS CAPITULOS!!!
Capitulo 44
Las pesadas cortinas que _____ había corrido antes de tomar la ducha, difuminaban la fuerte luz del exterior bañando la habitación de un suave reflejo que daba un brillo translúcido, etéreo, a su piel. Al posarla sobre la cama, Tom cedió a la tentación de acariciar la cima de su pezón excitado con los labios, saboreándolo lentamente y explorándolo con un cuidado que la hizo temblar y sacudirse de placer.
—No, no quiero apresurarme—dijo Tom con voz grave, negándose a acceder a los ruegos del cuerpo de ______—. Voy a tomarme mi tiempo—añadió acariciandola.
—¡Te deseo tanto!—susurró _____ anhelante—. Te deseo...
De pronto _____ calló, sus ojos se nublaron con una mezcla de ansiedad e inseguridad al escuchar su propia voz y reconocer el peligro en el que ella misma se había puesto. Pero era demasiado tarde. Tom la había oído. Dejó de desvestirse, se inclinó sobre ella y, clavándole una mirada penetrante, preguntó:
—¿Dónde me deseas, ______? Dime... enséñamelo...
Él, en realidad, ya sabía la respuesta, porque había alzado la mano para rozar con los nudillos, en la más suave y larga de las caricias, el mismo centro de su cuerpo, posando la palma de la mano después sobre el delicado monte de su más íntimo ser.
—No has contestado a mi pregunta, _____—le recordó él mientras sus dedos dibujaban círculos de placer sobre ella. ______ estaba tan excitada y tensa por el deseo que pensó que se desmayaría—. Dime... dime lo que quieres—insistía Tom haciendo una pausa tras cada palabra para besarla con pasión y ternura.
Tom se había convertido en el centro de su mundo, en el centro de sus expectativas, en el imán que la atraía, en el punto culminante de todo aquello que era y que sería jamás.
—Te deseo a ti—respondió ella enfebrecida—. Te deseo, Tom...—se estremeció, incapaz de decir nada más a causa de sus besos, que asaltaron su boca en una apasionada, dulce posesión.
Las pesadas cortinas que _____ había corrido antes de tomar la ducha, difuminaban la fuerte luz del exterior bañando la habitación de un suave reflejo que daba un brillo translúcido, etéreo, a su piel. Al posarla sobre la cama, Tom cedió a la tentación de acariciar la cima de su pezón excitado con los labios, saboreándolo lentamente y explorándolo con un cuidado que la hizo temblar y sacudirse de placer.
—No, no quiero apresurarme—dijo Tom con voz grave, negándose a acceder a los ruegos del cuerpo de ______—. Voy a tomarme mi tiempo—añadió acariciandola.
—¡Te deseo tanto!—susurró _____ anhelante—. Te deseo...
De pronto _____ calló, sus ojos se nublaron con una mezcla de ansiedad e inseguridad al escuchar su propia voz y reconocer el peligro en el que ella misma se había puesto. Pero era demasiado tarde. Tom la había oído. Dejó de desvestirse, se inclinó sobre ella y, clavándole una mirada penetrante, preguntó:
—¿Dónde me deseas, ______? Dime... enséñamelo...
Él, en realidad, ya sabía la respuesta, porque había alzado la mano para rozar con los nudillos, en la más suave y larga de las caricias, el mismo centro de su cuerpo, posando la palma de la mano después sobre el delicado monte de su más íntimo ser.
—No has contestado a mi pregunta, _____—le recordó él mientras sus dedos dibujaban círculos de placer sobre ella. ______ estaba tan excitada y tensa por el deseo que pensó que se desmayaría—. Dime... dime lo que quieres—insistía Tom haciendo una pausa tras cada palabra para besarla con pasión y ternura.
Tom se había convertido en el centro de su mundo, en el centro de sus expectativas, en el imán que la atraía, en el punto culminante de todo aquello que era y que sería jamás.
—Te deseo a ti—respondió ella enfebrecida—. Te deseo, Tom...—se estremeció, incapaz de decir nada más a causa de sus besos, que asaltaron su boca en una apasionada, dulce posesión.
Tom la rodeó con los brazos y _____ se abrazó a él tímidamente, acariciando su mejilla.
—Mírame—ordenó él.
_____ obedeció vacilante. Sus ojos, de expresión suave y lánguida, se vieron atrapados por la mirada de él, apasionada y brillante.
Lenta, tiernamente, Tom comenzó a acariciarla. _____ sintió como si todo su cuerpo estuviera a punto de disolverse de deseo por él. Levantó una mano para tocar su hombro desnudo, su brazo, gimió suave y femeninamente contra su cuello, mientras presionaba los labios contra él. En manos de Tom, su cuerpo parecía ablandarse y responder mágicamente para darle la bienvenida, como si sus caricias fueran una llave, una clave. Él era la clave de lo que sentía, comprendió ______ en la profundidad de los océanos de su amor.
—No tendremos mucho tiempo... te deseo tanto—jadeó él, suavizando sus palabras con otro apasionado beso que obligó a _____ a levantar las caderas con ardor—. La próxima vez podremos tomárnoslo con más calma—volvió a jadear Tom ronco contra sus pechos, revelando con aquella voz la intensidad de su deseo.
La próxima vez... ______ creyó morir de felicidad al escucharlo. La próxima vez... eso significaba que él compartía sus sentimientos. ______ creyó ver el aire vibrar en torno a ellos, lleno de pasión, mientras sus cuerpos se sincronizaban a la perfección. Cada suspiro, cada jadeo, cada latido de su corazón la unía a él hasta hacerla cautiva y mostrarle, desnudos, su deseo y su amor tanto como su trémulo cuerpo.
Cuando él, finalmente, exclamó: «Ahora, _____... ¡Oh, Dios, ahora!», ella supo que su cuerpo le había dado el consentimiento antes incluso de poder pronunciar las palabras. Automáticamente con las esbeltas piernas rodeó su cintura elevándose para encontrarlo, para sentirlo. Lo escuchó gritar al penetrarla, fue el sonido del triunfo y del tormento, y de pronto estaba llenándola con su cuerpo: único, íntimo, duro y cálido. El cuerpo de _____, tensándose un segundo ante el dulce y virginal shock, le dio la bienvenida en su interior con cada nueva y profunda embestida.
Tom sintió la inesperada resistencia del cuerpo de _____, su cerebro y sus sentidos registraron el shock y comprendieron lo que significaba, pero su cuerpo se negó a reaccionar. Adoraba aquella forma cálida de _____ de abrazarlo en su interior, de estrecharlo y de acariciarlo, de urgirlo a olvidar lo que acababa de sentir para satisfacer su deseo de él. «Más profundamente, con más fuerza, hasta alcanzar el centro mismo de mi ser», parecía decir _____ con cada una de las contracciones de su cuerpo. «Más profundamente, con más fuerza, hasta que llegues allí. Sí, allí... allí...».
Tom sintió como si su corazón y sus pulmones fueran a estallar mientras los llevaba a ambos a aquel lugar en el que, por fin, podrían echar a volar.
_____ gritó suave, dulcemente, ante el placer de sentirse completa, de experimentar lo que significaba realmente ser mujer, llena y satisfecha, encumbrada a un lugar, a un estado... la emoción era tan intensa que sus ojos se llenaron de lágrimas.
Alguien estaba temblando... ¿era ella... o los dos? Había escuchado el grito de Tom en los últimos e increíbles instantes, antes de abrazarla, en que él los condujo a ambos hasta el infinito, gritando después su nombre de un modo que la había hecho temblar de emoción.
Mientras trataba de recuperar el aliento, de recuperar el control de sí mismo, Tom miró a _____. Estaba llorando, lloraba lágrimas en silencio. ¿De dolor?, ¿por su causa… porque le había...?
Incluso en aquel momento seguía tratando de escapar de la realidad, de la verdad que su mente trataba de imponerle. Era imposible que fuera virgen... era imposible. Pero su ira dirigida hacia sí mismo, su sentido de la culpabilidad le aseguraban que lo era, que lo había sido. Era imperdonable, la había herido, la había hecho llorar arrancándole egoístamente un placer al precio de su inocencia. Había sido tan incapaz de controlar sus sentimientos que no había podido detenerse, aunque sabía que debía hacerlo.
Sentía náuseas ante su propio comportamiento, de modo que se apartó de ella.
—Tom...—lo llamó ______ alargando una manó insegura hacia él. ¿Por qué se apartaba?, ¿por qué no la abrazaba, la amaba y le procuraba seguridad?—. ¿Qué ocurre?... ¿qué te pasa?
—¿De verdad necesitas preguntarlo?—inquirió Tom tenso—. ¿Por qué no me lo dijiste... por qué no me detuviste?....
Capitulo 45
La ira que reflejaba su voz acabó con la dulce y mística felicidad de _____ dando paso a la ansiedad y la desesperación. Por fin comprendía que lo que para ella había sido maravilloso, perfecto y único, no lo había sido en absoluto para él.
Tom estaba furioso consigo mismo por no haber sabido intuir la verdad. Ella era virgen, y él... Estaba decepcionado de sí mismo, su orgullo estaba herido no solo por sus actos, sino también por no haber sabido juzgarla.
—Deberías haberme detenido—repitió él levantándose de la cama para ir al baño y volver con una toalla envuelta y un albornoz, que le tendió a ______.
Luego se sentó en la cama, lejos de ella, mientras _____ se lo ponía. ¿Qué diría él si supiera que no había querido detenerlo? Las manos le temblaban tanto que apenas podía ponerse el albornoz, y mucho menos abrocharlo. Cuando Tom se volvió para mirarla, impaciente, suspiró y le apartó las manos para abrochárselo él.
—No se te puede dejar sola, no estarías a salvo. Te das cuenta, ¿verdad?—explotó él de pronto—. Aunque no lo hubiera hecho yo, Aristotle habría...
—¿Aristotle?—repitió ______ indignada: —No... jamás... es repugnante y...
—Pero saliste a dar un paseo con él...
—No, no es cierto—protestó _____.
—Caroline me dijo que habías salido a pasear—insistió Tom.
—Sí, fui a dar un paseo, pero sola. Había cosas que quería...—_____ se interrumpió, bajó la cabeza y apartó la vista. Luego, medio llorando, añadió: —Quiero irme a casa, Tom. No puedo...
Comprendía lo que decía _____, por supuesto que lo comprendía. ¡Y tanto! Deseaba alejarse de él después de lo que le había hecho, después de la forma en que la había...
—Deberías habérmelo dicho—le interrumpió él bruscamente—. Si hubiera sabido que eras virgen...
Tom se preocupaba por su virginidad, pero no se preocupaba por haberle roto el corazón, reflexionó ______. Para ella, la pérdida de la virginidad emocional era mucho más importante, más dolorosa... y la herida seguiría abierta. ¿Cómo podía haber sido tan estúpida como para pensar que él sentía lo mismo que ella? Debía haberse vuelto loca... se había vuelto loca, comprendió. ¡Loca de amor!
—Pensé...—lo escuchó decir.
—Ya sé lo que pensaste, lo dejaste bien claro, Tom. Pensaste que era una mujer barata, una estúpida que se arrojaba a sí misma a tus pies por tu dinero. Y cuando traté de explicarme no quisiste escuchar. Preferías tener una mala opinión de mí. Supongo que ese orgullo masculino griego tuyo no te permitía admitir que podías equivocarte...
Tom la miró. Sus celos lo habían llevado a eso... a maltratarla. Deseaba ardientemente tomarla en sus brazos, borrar con sus besos todas las lágrimas de su rostro, abrazarla y susurrarle cuánto la amaba, cuánto deseaba protegerla y cuidarla... cuánto deseaba borrar todo el daño que le había hecho... Y, para ser sinceros, deseaba también, ardientemente, tumbarla sobre la cama a su lado, quitarle el albornoz y besar cada centímetro de su adorable cuerpo, decirle lo que sentía por ella, demostrárselo. Pero, por supuesto, no iba a hacerlo... no en ese momento...
—Bien, explícamelo.
Por un momento _____ se sintió tentada a negarse pero, ¿de qué serviría? Se lo contaría, y luego le diría que quería marcharse, pero no le diría por qué. Por un instante, por un segundo de estupidez, ______ deseó que él la atrajera a su lado, que la acariciara y la besara hasta que su pobre e iluso corazón pudiera creer, de nuevo, que la amaba. Pero, por suerte, su instinto de conservación era lo suficientemente fuerte como para reprimirse. Entonces comenzó a explicárselo todo con respecto a Selena, Gustav y Alejandra.
—¿Que te pidió que hicieras qué?—preguntó Tom enfadado.
Tras explicarle la actitud de Alejandra, escucharon unos breves golpes en la puerta, y luego Jimena entró precipitadamente diciendo:
—Ha llegado el abuelo, y quiere veros a los dos.
—Será mejor que vaya a vestirme—musitó ______ encaminándose al baño.
—Ah, Tom, hay algo que debo contarte... antes de que vayas a ver al abuelo.
—Si lo que quieres pedirme es un adelanto sobre tu paga—lo escuchó _____ decir mientras se alejaba—, me temo que has escogido un mal momento.
La ira que reflejaba su voz acabó con la dulce y mística felicidad de _____ dando paso a la ansiedad y la desesperación. Por fin comprendía que lo que para ella había sido maravilloso, perfecto y único, no lo había sido en absoluto para él.
Tom estaba furioso consigo mismo por no haber sabido intuir la verdad. Ella era virgen, y él... Estaba decepcionado de sí mismo, su orgullo estaba herido no solo por sus actos, sino también por no haber sabido juzgarla.
—Deberías haberme detenido—repitió él levantándose de la cama para ir al baño y volver con una toalla envuelta y un albornoz, que le tendió a ______.
Luego se sentó en la cama, lejos de ella, mientras _____ se lo ponía. ¿Qué diría él si supiera que no había querido detenerlo? Las manos le temblaban tanto que apenas podía ponerse el albornoz, y mucho menos abrocharlo. Cuando Tom se volvió para mirarla, impaciente, suspiró y le apartó las manos para abrochárselo él.
—No se te puede dejar sola, no estarías a salvo. Te das cuenta, ¿verdad?—explotó él de pronto—. Aunque no lo hubiera hecho yo, Aristotle habría...
—¿Aristotle?—repitió ______ indignada: —No... jamás... es repugnante y...
—Pero saliste a dar un paseo con él...
—No, no es cierto—protestó _____.
—Caroline me dijo que habías salido a pasear—insistió Tom.
—Sí, fui a dar un paseo, pero sola. Había cosas que quería...—_____ se interrumpió, bajó la cabeza y apartó la vista. Luego, medio llorando, añadió: —Quiero irme a casa, Tom. No puedo...
Comprendía lo que decía _____, por supuesto que lo comprendía. ¡Y tanto! Deseaba alejarse de él después de lo que le había hecho, después de la forma en que la había...
—Deberías habérmelo dicho—le interrumpió él bruscamente—. Si hubiera sabido que eras virgen...
Tom se preocupaba por su virginidad, pero no se preocupaba por haberle roto el corazón, reflexionó ______. Para ella, la pérdida de la virginidad emocional era mucho más importante, más dolorosa... y la herida seguiría abierta. ¿Cómo podía haber sido tan estúpida como para pensar que él sentía lo mismo que ella? Debía haberse vuelto loca... se había vuelto loca, comprendió. ¡Loca de amor!
—Pensé...—lo escuchó decir.
—Ya sé lo que pensaste, lo dejaste bien claro, Tom. Pensaste que era una mujer barata, una estúpida que se arrojaba a sí misma a tus pies por tu dinero. Y cuando traté de explicarme no quisiste escuchar. Preferías tener una mala opinión de mí. Supongo que ese orgullo masculino griego tuyo no te permitía admitir que podías equivocarte...
Tom la miró. Sus celos lo habían llevado a eso... a maltratarla. Deseaba ardientemente tomarla en sus brazos, borrar con sus besos todas las lágrimas de su rostro, abrazarla y susurrarle cuánto la amaba, cuánto deseaba protegerla y cuidarla... cuánto deseaba borrar todo el daño que le había hecho... Y, para ser sinceros, deseaba también, ardientemente, tumbarla sobre la cama a su lado, quitarle el albornoz y besar cada centímetro de su adorable cuerpo, decirle lo que sentía por ella, demostrárselo. Pero, por supuesto, no iba a hacerlo... no en ese momento...
—Bien, explícamelo.
Por un momento _____ se sintió tentada a negarse pero, ¿de qué serviría? Se lo contaría, y luego le diría que quería marcharse, pero no le diría por qué. Por un instante, por un segundo de estupidez, ______ deseó que él la atrajera a su lado, que la acariciara y la besara hasta que su pobre e iluso corazón pudiera creer, de nuevo, que la amaba. Pero, por suerte, su instinto de conservación era lo suficientemente fuerte como para reprimirse. Entonces comenzó a explicárselo todo con respecto a Selena, Gustav y Alejandra.
—¿Que te pidió que hicieras qué?—preguntó Tom enfadado.
Tras explicarle la actitud de Alejandra, escucharon unos breves golpes en la puerta, y luego Jimena entró precipitadamente diciendo:
—Ha llegado el abuelo, y quiere veros a los dos.
—Será mejor que vaya a vestirme—musitó ______ encaminándose al baño.
—Ah, Tom, hay algo que debo contarte... antes de que vayas a ver al abuelo.
—Si lo que quieres pedirme es un adelanto sobre tu paga—lo escuchó _____ decir mientras se alejaba—, me temo que has escogido un mal momento.
Capitulo 46
______ miró con expresión de desaprobación el reflejo del espejo. Su propio reflejo. El reflejo de una mujer cuyo cuerpo había experimentado plenamente la satisfacción sensual proclamándolo orgulloso a los cuatro vientos.
No era esa la imagen que quería dar cuando estuviera delante del abuelo de Tom, del hombre responsable, en último término, de que ella estuviera allí... el hombre que opinaba que no era lo suficientemente buena para su nieto, el hombre que prefería verlo casado con Caroline. Tampoco quería que Tom la viera así.
¿Por qué diablos su estúpido cuerpo no había mirado más allá de la deliciosa satisfacción que iba a embargarla para pensar, en su lugar, en la soledad y el dolor que, sabía, la esperaban?
Tras la interrupción de Jimena, Tom había vuelto a la habitación brevemente para vestirse a toda velocidad y contarle que, aunque su abuelo deseaba verla cuanto antes, tenía que resolver con él primero unos asuntos en privado.
—No tardaré mucho—había dicho Tom sin darle siquiera la oportunidad de decirle que necesitaba marcharse cuanto antes.
Volvería a buscarla, e inmediatamente la presentaría formalmente ante su abuelo.
_____ esbozó una expresión de mal humor ante su resplandeciente reflejo. Su imagen era la de una mujer enamorada, hasta sus ojos brillaban como guardando un secreto, un maravilloso secreto.
Había tratado de recordarse a sí misma, una y otra vez, cuál era la situación, pero su cuerpo se negaba a entenderlo. Y de pronto... ______ se sobresaltó al escuchar que alguien abría la puerta del dormitorio.
Tom respiró hondo antes de poner la mano sobre el picaporte y abrir. Jimena se había mostrado tan indignada, tan enfadada y protectora con respecto a ______, que le había costado un rato conseguir explicarse con claridad.
—Caroline trató de sobornar a ______ para que te abandonara. Le ofreció un millón de libras esterlinas si lo hacía. Por supuesto _____ se negó, pero no veo por qué Caroline tiene que salir impune después de comportarse de un modo tan insultante. Alguien tiene que decirle al abuelo lo que ha hecho... y si tú no te atreves...—había añadido en tono de amenaza—. Tom...—lo llamó al ver que él no reaccionaba.
Tom, por su parte, no pensaba sino en su propio comportamiento con _____, igualmente ofensivo e insultante. Enterarse de pronto de lo que había hecho Caroline, de la nobleza de la respuesta de ______ le hacía sentirse... ¿Cómo podía haberse equivocado tanto con ella, como podía haberla juzgado tan mal?
Una débil voz en su interior le contestó a esa pregunta. Nada más verla había sentido una aguda sensación de inquietud, una fuerte y peligrosa emoción que había tratado de reprimir. Su orgullo se había resentido ante el hecho de enamorarse de una mujer tan escandalosa, y había hecho caso omiso a su corazón. Por eso había destruido algo que podía haber sido maravilloso, lo más maravilloso y precioso de su vida. A menos que... a menos que pudiera persuadir a ______ de que le diera una segunda oportunidad...
Pero, se la diera o no, había algo que debía hacer: reparar su error. Era lo suficientemente hombre como para pensar que ______ debía llevar su nombre antes de que el mundo se enterara de lo ocurrido. Antes de que ella, quizá, albergara en su interior a su hijo. Ella le había regalado su inocencia, y a cambio él debía darle su protección, la quisiera o no.
______ miró con expresión de desaprobación el reflejo del espejo. Su propio reflejo. El reflejo de una mujer cuyo cuerpo había experimentado plenamente la satisfacción sensual proclamándolo orgulloso a los cuatro vientos.
No era esa la imagen que quería dar cuando estuviera delante del abuelo de Tom, del hombre responsable, en último término, de que ella estuviera allí... el hombre que opinaba que no era lo suficientemente buena para su nieto, el hombre que prefería verlo casado con Caroline. Tampoco quería que Tom la viera así.
¿Por qué diablos su estúpido cuerpo no había mirado más allá de la deliciosa satisfacción que iba a embargarla para pensar, en su lugar, en la soledad y el dolor que, sabía, la esperaban?
Tras la interrupción de Jimena, Tom había vuelto a la habitación brevemente para vestirse a toda velocidad y contarle que, aunque su abuelo deseaba verla cuanto antes, tenía que resolver con él primero unos asuntos en privado.
—No tardaré mucho—había dicho Tom sin darle siquiera la oportunidad de decirle que necesitaba marcharse cuanto antes.
Volvería a buscarla, e inmediatamente la presentaría formalmente ante su abuelo.
_____ esbozó una expresión de mal humor ante su resplandeciente reflejo. Su imagen era la de una mujer enamorada, hasta sus ojos brillaban como guardando un secreto, un maravilloso secreto.
Había tratado de recordarse a sí misma, una y otra vez, cuál era la situación, pero su cuerpo se negaba a entenderlo. Y de pronto... ______ se sobresaltó al escuchar que alguien abría la puerta del dormitorio.
Tom respiró hondo antes de poner la mano sobre el picaporte y abrir. Jimena se había mostrado tan indignada, tan enfadada y protectora con respecto a ______, que le había costado un rato conseguir explicarse con claridad.
—Caroline trató de sobornar a ______ para que te abandonara. Le ofreció un millón de libras esterlinas si lo hacía. Por supuesto _____ se negó, pero no veo por qué Caroline tiene que salir impune después de comportarse de un modo tan insultante. Alguien tiene que decirle al abuelo lo que ha hecho... y si tú no te atreves...—había añadido en tono de amenaza—. Tom...—lo llamó al ver que él no reaccionaba.
Tom, por su parte, no pensaba sino en su propio comportamiento con _____, igualmente ofensivo e insultante. Enterarse de pronto de lo que había hecho Caroline, de la nobleza de la respuesta de ______ le hacía sentirse... ¿Cómo podía haberse equivocado tanto con ella, como podía haberla juzgado tan mal?
Una débil voz en su interior le contestó a esa pregunta. Nada más verla había sentido una aguda sensación de inquietud, una fuerte y peligrosa emoción que había tratado de reprimir. Su orgullo se había resentido ante el hecho de enamorarse de una mujer tan escandalosa, y había hecho caso omiso a su corazón. Por eso había destruido algo que podía haber sido maravilloso, lo más maravilloso y precioso de su vida. A menos que... a menos que pudiera persuadir a ______ de que le diera una segunda oportunidad...
Pero, se la diera o no, había algo que debía hacer: reparar su error. Era lo suficientemente hombre como para pensar que ______ debía llevar su nombre antes de que el mundo se enterara de lo ocurrido. Antes de que ella, quizá, albergara en su interior a su hijo. Ella le había regalado su inocencia, y a cambio él debía darle su protección, la quisiera o no.
Capitulo 47
Le había contado sus intenciones a su abuelo, añadiendo, con sinceridad, que ______ era para él más importante que la riqueza, la posición o el amor de su familia. Había estado tentado de negarse a presentársela, no quería hacerla objeto de ninguna posible ofensa, pero tampoco estaba dispuesto a consentir que su abuelo pensara que la ocultaba por vergüenza. ¿Que no era lo suficientemente buena para él? Era demasiado buena, demasiado maravillosa, demasiado preciosa... Y lo último que había hecho, antes de dirigirse de vuelta al dormitorio, había sido decirle a Caroline que abandonara la isla.
Luego, vacilante, entró en el dormitorio. _______ estaba de pie, esperándolo. El corazón de Tom latió lleno de deseo y amor. _____ estaba radiante, como una novia. Sus ojos brillaban, su boca se curvaba en una sonrisa que era una mezcla de júbilo y secreto, el secreto de su feminidad recién descubierta. Parecía... parecía una mujer que acabara de abandonar los brazos y la cama del hombre al que amaba.
Sin embargo, en cuanto lo vio, su expresión cambió: sus ojos se nublaron, su cuerpo se tensó. Impotente, Tom cerró los ojos, embargado por una ola de culpabilidad. Más que nunca deseó cerrar la puerta al resto del mundo, tomarla en sus brazos y estrecharla para siempre mientras le rogaba que lo perdonara, que le diera otra oportunidad.
Pero tenía sus responsabilidades, y lo primero que tenía que hacer era cumplir la promesa que acababa de hacerle a su abuelo: presentarle a ______. Y, por su propio bien, confiaba en que él cumpliría la suya de tratar a ______ como se merecía.
Al cruzar Tom la habitación y tomar la mano de _____, ella se echó atrás atemorizada ante la idea de delatar sus propios sentimientos. Temblaba simplemente ante el hecho de que él la agarrara de la mano. Sabía que Tom respondería de inmediato, haría un comentario impaciente e irritado sobre el papel que se suponía debía interpretar. Sin embargo, en lugar de ello, Tom la soltó y dijo, en voz baja:
—Lamento mucho haberte puesto en esta situación, mi... ______.
—Es para eso para lo que me has traído—le recordó ella brutalmente, sin atreverse a mirarlo. Aquel tono de arrepentimiento de la voz de Tom... seguramente solo lo había imaginado.
Al abandonar la habitación, la sirvienta que la limpiaba entró. Tom habló unas palabras con ella y luego siguió a ______ por el corredor.
Dadas las circunstancias, era natural que Tom la alcanzara y la tomara de la mano, pensó ______. Así, cuando entraran en el salón que daba al patio principal, parecerían una pareja enamorada. Lo que no era tan natural, y seguramente resultaba incluso estúpido, era que ella se sintiera segura con él. _____ miró a Caroline y Jimena, de pie, charlando con un anciano. Al acercarse a ellos, el anciano se dio la vuelta, y ______ escuchó que Tom decía:
—Abuelo, quiero presentarte a _____.
Pero ______ había dejado de escuchar, su atención estaba centrada únicamente en los rasgos familiares del anciano que tenía enfrente... Era el mismo hombre que había visto en Atenas, el hombre con aspecto enfermizo al que había ayudado. Parecía más saludable. Sonreía. Tomó la mano libre de _____ entre las suyas con ternura y dijo:
—No hace falta que me la presentes, Tom. Tu preciosa novia y yo ya nos conocemos.
Le había contado sus intenciones a su abuelo, añadiendo, con sinceridad, que ______ era para él más importante que la riqueza, la posición o el amor de su familia. Había estado tentado de negarse a presentársela, no quería hacerla objeto de ninguna posible ofensa, pero tampoco estaba dispuesto a consentir que su abuelo pensara que la ocultaba por vergüenza. ¿Que no era lo suficientemente buena para él? Era demasiado buena, demasiado maravillosa, demasiado preciosa... Y lo último que había hecho, antes de dirigirse de vuelta al dormitorio, había sido decirle a Caroline que abandonara la isla.
Luego, vacilante, entró en el dormitorio. _______ estaba de pie, esperándolo. El corazón de Tom latió lleno de deseo y amor. _____ estaba radiante, como una novia. Sus ojos brillaban, su boca se curvaba en una sonrisa que era una mezcla de júbilo y secreto, el secreto de su feminidad recién descubierta. Parecía... parecía una mujer que acabara de abandonar los brazos y la cama del hombre al que amaba.
Sin embargo, en cuanto lo vio, su expresión cambió: sus ojos se nublaron, su cuerpo se tensó. Impotente, Tom cerró los ojos, embargado por una ola de culpabilidad. Más que nunca deseó cerrar la puerta al resto del mundo, tomarla en sus brazos y estrecharla para siempre mientras le rogaba que lo perdonara, que le diera otra oportunidad.
Pero tenía sus responsabilidades, y lo primero que tenía que hacer era cumplir la promesa que acababa de hacerle a su abuelo: presentarle a ______. Y, por su propio bien, confiaba en que él cumpliría la suya de tratar a ______ como se merecía.
Al cruzar Tom la habitación y tomar la mano de _____, ella se echó atrás atemorizada ante la idea de delatar sus propios sentimientos. Temblaba simplemente ante el hecho de que él la agarrara de la mano. Sabía que Tom respondería de inmediato, haría un comentario impaciente e irritado sobre el papel que se suponía debía interpretar. Sin embargo, en lugar de ello, Tom la soltó y dijo, en voz baja:
—Lamento mucho haberte puesto en esta situación, mi... ______.
—Es para eso para lo que me has traído—le recordó ella brutalmente, sin atreverse a mirarlo. Aquel tono de arrepentimiento de la voz de Tom... seguramente solo lo había imaginado.
Al abandonar la habitación, la sirvienta que la limpiaba entró. Tom habló unas palabras con ella y luego siguió a ______ por el corredor.
Dadas las circunstancias, era natural que Tom la alcanzara y la tomara de la mano, pensó ______. Así, cuando entraran en el salón que daba al patio principal, parecerían una pareja enamorada. Lo que no era tan natural, y seguramente resultaba incluso estúpido, era que ella se sintiera segura con él. _____ miró a Caroline y Jimena, de pie, charlando con un anciano. Al acercarse a ellos, el anciano se dio la vuelta, y ______ escuchó que Tom decía:
—Abuelo, quiero presentarte a _____.
Pero ______ había dejado de escuchar, su atención estaba centrada únicamente en los rasgos familiares del anciano que tenía enfrente... Era el mismo hombre que había visto en Atenas, el hombre con aspecto enfermizo al que había ayudado. Parecía más saludable. Sonreía. Tomó la mano libre de _____ entre las suyas con ternura y dijo:
—No hace falta que me la presentes, Tom. Tu preciosa novia y yo ya nos conocemos.
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lunes, 12 de octubre de 2015
.- una novia temporal .- 40 41 42 y 43
Capitulo 40
______ se estremeció sintiendo el sofoco, el peligro que suponía aquella mezcla de miedo y excitación, a punto de desbordarse en su interior. Buscó vacilante la respuesta correcta a aquella pregunta, una respuesta sensata y sensible que pudiera calmarlo pero, de pronto, comprendió que estaba tardado demasiado, porque Tom continuó:
—Me estás presionando demasiado, _____. Te deseo, pero eso tú ya lo sabes, ¿verdad? ¿Cómo podría no haberlo advertido una mujer como tú? Lo notas en mi cuerpo, ¿no es verdad? Aquí...
_____ se apoyó impotente sobre él mientras trataba de asimilar el shock de sentir que Tom había colocado su mano exactamente sobre la dura y palpitante masculinidad. Tenía que encontrar la fuerza necesaria para apartarla, para decirle que no deseaba aquella intimidad a la que la estaba forzando... Pero sabía que era demasiado débil, que no había forma de detener su ansiedad por aprovechar aquella oportunidad para tocarlo, para explorarlo, para conocerlo...
Gimió mientras su cuerpo se estremecía de deseo. El corazón de Tom latía tan salvajemente que podía sentirlo casi como si lo tuviera en el pecho. Aquella misma noche, un poco antes, mientras él acariciaba su hombro ausente como un amante acaricia a su amada, ella se había conmovido en silencio... y, sin embargo, aquello no tenía nada que ver con lo que estaba sintiendo en ese momento.
Anhelaba estar con él, moría de deseo por él. Al cerrar los ojos pudo verlo tal y como Caroline lo había descrito: desnudo y orgulloso, nadando. ______ volvió a gemir repetidamente, en voz alta, y entonces Tom tomó su boca exigente, apasionadamente. Las palabras que él pronunciaba jadeando contra ella se perdieron en la pasión que le arrancaba a _____ con su voluptuosidad.
______ había abierto la boca bajo la presión de la de él, su lengua voraz buscaba derretirse sensualmente con aquellas caricias. La intensidad de sus propias sensaciones la debilitaban, le provocaban desmayos, se sentía mareada.
—Tú me deseas... me necesitas...
Escuchó, sin poder negarlo. Sus emociones, a punto de estallar por la intensidad de su respuesta hacia él, eran tan nuevas para _______ que apenas tenía defensa con la que oponerse. De pronto el resto del mundo había quedado relegado al olvido, era insignificante. Lo único que necesitaba... lo único que deseaba... todo lo que jamás desearía nunca estaba ahí, a su alcance.
______ gimió y se estremeció al sentir las manos de Tom sobre su cuerpo por encima del vestido. La tocaba agresivamente, con voracidad... excitado, peligrosamente masculino. Sentir la intimidad del cuerpo de Tom, nuevo para ella, le impedía seguir pensando, razonar con la debida frialdad. En aquel lugar nuevo del mundo que acababa de descubrir no había lugar para la lógica.
—Quiero verte... contemplarte mientras te hago el amor—decía Tom con voz grave—. Quiero que me veas... ¡Dios mío, ahora comprendo por qué todos esos hombres caen rendidos a tus pies! Tienes algo que... eres una hechicera, una... ¿Qué ocurre?—preguntó Tom al sentir que el cuerpo de _____ se ponía tenso, que lo rechazaba.
______ se sintió incapaz de mirarlo. Aquellas palabras de desprecio lo habían echado todo a perder, habían arrasado el maravilloso mundo recién descubierto para devolverla a la cruda realidad. Se sentía enferma, aterrorizada ante su propio comportamiento, ante su estupidez.
—No, no, no quiero esto—protestó frenética, empujando a Tom.
—¿Qué diablos...?—la voz de Tom sonó enfadada, pero a pesar de ello la soltó—. Si se trata de algún juego...—comenzó a decir en tono de advertencia, para sacudir la cabeza después, incrédulo—. ¡Dios mío, debo de haber perdido la cabeza al considerar siquiera por un momento la posibilidad de...! Supongo que se debe a tantos años de celibato... jamás pensé que sería tan estúpido como para...—Tom se volvió y le dio la espalda—. Estás a salvo, no voy a tocarte. Es inconcebible que...—Tom se interrumpió, sacudió la cabeza y añadió: —Tengo trabajo que hacer.
*********
______ despertó en el dormitorio, a oscuras, sin comprender al principio muy bien por qué, pero después volvió a escuchar aquel ruido. Era el sonido rítmico de alguien que nadaba. Las puertas de cristal que daban al patio estaban abiertas de par en par. ______ giró la cabeza para mirar hacia la piscina y vio las discretas luces que la iluminaban. Tom estaba nadando... ______ miró el reloj.
Eran las tres de la madrugada, y Tom estaba nadando... incansablemente, haciendo largos. Se incorporó sentándose en la cama para observarlo. Al girar en el extremo opuesto de la piscina, _______ volvió a tumbarse, temerosa de que la viera. Estaba desnuda bajo las sábanas, a excepción de una sola prenda interior. La única prenda que ______ parecía haber olvidado comprarle era, precisamente, un camisón. Aquel descubrimiento la había obligado a permanecer encerrada en el baño durante un cuarto de hora, torturándose y pensando en qué hacer hasta que, por fin, encontró el coraje para salir y correr a la cama envuelta en una toalla. En realidad no le habría hecho falta preocuparse tanto, porque Tom había permanecido en el despacho sin asomar la cabeza.
_____ comenzó a reflexionar. ¿Sería seguro nadar solo, de noche? ¿Qué ocurriría si...? Sintió miedo y, justo en ese instante, dejó de escuchar el ruido del agua. Se incorporó retirando las sábanas y observó atentamente. El agua estaba en calma... Tom no estaba.
¿Dónde...? _____ se aferró a las sábanas al verlo salir de la piscina... completamente desnudo. Trató de apartar la vista de él, pero fue inútil. Sus ojos se negaban a obedecer, permanecían fijos, con voraz pasión, sobre aquella belleza pagana masculina. Cualquier mujer habría encontrado irresistible a Tom, reflexionó _____ mientras contemplaba su espalda y sus piernas caminando por las losetas. Le brillaba la piel, húmeda aún, y bajo ella los músculos se movían de forma tal que le provocaban una reacción desconcertante.
En su ingenuidad, _____ siempre había creído que sería lo mismo contemplar a una estatua que contemplar un cuerpo masculino desnudo al natural, pero en ese momento se daba cuenta de su error. Quizá la diferencia estuviera en que amaba a Tom, quizá... Tom se volvió y ella gimió. Él parecía mirar exactamente en su dirección. ¿Podía verla? ¿Se habría dado cuenta de que lo observaba? Permaneció inmóvil, rogando para que no la descubriera, pensando en que sería incapaz de soportar sus burlas si se acercaba en ese momento, si se atrevía a...
______ consiguió controlar sus propios gemidos y suspiros llenos de deseo. Si Tom se acercaba a ella, si la tocaba, si la besaba... si la tomaba tal y como ella deseaba, aquello no sería amor, sino lujuria. ¿Era eso realmente lo que quería? No, claro que no. Deseaba que él la amara.
Tom se dio la vuelta. Su silueta se dibujó contra la luz. ______ contuvo el aliento, reprimió sus instintos femeninos y sus deseos. Él parecía... era... era perfecto, reflexionó susurrando esas palabras en voz baja mientras abría inmensamente los ojos contemplando aquella realidad masculina, infinitamente más tensa y poderosa de lo que, en su virginal inocencia, habría nunca imaginado.
Una vez más Tom miró hacia el dormitorio y ______ contuvo el aliento rogando... esperando... deseando... Al verlo agacharse para tomar el albornoz, _______ gimió. Luego él se cubrió y, en lugar de dirigirse hacia ella, se alejó. ¿A dónde iba?, ¿a su despacho?
______ permaneció tumbada durante un largó rato después de marcharse él, temerosa de hacer ningún ruido, ningún movimiento, de dormir e incluso de pensar. La espera fue eterna. ¿Qué le estaba ocurriendo? ¿Cómo podía amar a un hombre que la trataba así? Un hombre que tenía una pésima opinión de ella y, no obstante, la había besado. ¿Cómo podía haberlo permitido? ______ cerró los ojos. No sabía qué responder. Solo sabía que sus sentimientos, su corazón y sus emociones, su más profundo ser gritaba en su interior: ¿cómo no iba a amarlo?
______ se estremeció sintiendo el sofoco, el peligro que suponía aquella mezcla de miedo y excitación, a punto de desbordarse en su interior. Buscó vacilante la respuesta correcta a aquella pregunta, una respuesta sensata y sensible que pudiera calmarlo pero, de pronto, comprendió que estaba tardado demasiado, porque Tom continuó:
—Me estás presionando demasiado, _____. Te deseo, pero eso tú ya lo sabes, ¿verdad? ¿Cómo podría no haberlo advertido una mujer como tú? Lo notas en mi cuerpo, ¿no es verdad? Aquí...
_____ se apoyó impotente sobre él mientras trataba de asimilar el shock de sentir que Tom había colocado su mano exactamente sobre la dura y palpitante masculinidad. Tenía que encontrar la fuerza necesaria para apartarla, para decirle que no deseaba aquella intimidad a la que la estaba forzando... Pero sabía que era demasiado débil, que no había forma de detener su ansiedad por aprovechar aquella oportunidad para tocarlo, para explorarlo, para conocerlo...
Gimió mientras su cuerpo se estremecía de deseo. El corazón de Tom latía tan salvajemente que podía sentirlo casi como si lo tuviera en el pecho. Aquella misma noche, un poco antes, mientras él acariciaba su hombro ausente como un amante acaricia a su amada, ella se había conmovido en silencio... y, sin embargo, aquello no tenía nada que ver con lo que estaba sintiendo en ese momento.
Anhelaba estar con él, moría de deseo por él. Al cerrar los ojos pudo verlo tal y como Caroline lo había descrito: desnudo y orgulloso, nadando. ______ volvió a gemir repetidamente, en voz alta, y entonces Tom tomó su boca exigente, apasionadamente. Las palabras que él pronunciaba jadeando contra ella se perdieron en la pasión que le arrancaba a _____ con su voluptuosidad.
______ había abierto la boca bajo la presión de la de él, su lengua voraz buscaba derretirse sensualmente con aquellas caricias. La intensidad de sus propias sensaciones la debilitaban, le provocaban desmayos, se sentía mareada.
—Tú me deseas... me necesitas...
Escuchó, sin poder negarlo. Sus emociones, a punto de estallar por la intensidad de su respuesta hacia él, eran tan nuevas para _______ que apenas tenía defensa con la que oponerse. De pronto el resto del mundo había quedado relegado al olvido, era insignificante. Lo único que necesitaba... lo único que deseaba... todo lo que jamás desearía nunca estaba ahí, a su alcance.
______ gimió y se estremeció al sentir las manos de Tom sobre su cuerpo por encima del vestido. La tocaba agresivamente, con voracidad... excitado, peligrosamente masculino. Sentir la intimidad del cuerpo de Tom, nuevo para ella, le impedía seguir pensando, razonar con la debida frialdad. En aquel lugar nuevo del mundo que acababa de descubrir no había lugar para la lógica.
—Quiero verte... contemplarte mientras te hago el amor—decía Tom con voz grave—. Quiero que me veas... ¡Dios mío, ahora comprendo por qué todos esos hombres caen rendidos a tus pies! Tienes algo que... eres una hechicera, una... ¿Qué ocurre?—preguntó Tom al sentir que el cuerpo de _____ se ponía tenso, que lo rechazaba.
______ se sintió incapaz de mirarlo. Aquellas palabras de desprecio lo habían echado todo a perder, habían arrasado el maravilloso mundo recién descubierto para devolverla a la cruda realidad. Se sentía enferma, aterrorizada ante su propio comportamiento, ante su estupidez.
—No, no, no quiero esto—protestó frenética, empujando a Tom.
—¿Qué diablos...?—la voz de Tom sonó enfadada, pero a pesar de ello la soltó—. Si se trata de algún juego...—comenzó a decir en tono de advertencia, para sacudir la cabeza después, incrédulo—. ¡Dios mío, debo de haber perdido la cabeza al considerar siquiera por un momento la posibilidad de...! Supongo que se debe a tantos años de celibato... jamás pensé que sería tan estúpido como para...—Tom se volvió y le dio la espalda—. Estás a salvo, no voy a tocarte. Es inconcebible que...—Tom se interrumpió, sacudió la cabeza y añadió: —Tengo trabajo que hacer.
*********
______ despertó en el dormitorio, a oscuras, sin comprender al principio muy bien por qué, pero después volvió a escuchar aquel ruido. Era el sonido rítmico de alguien que nadaba. Las puertas de cristal que daban al patio estaban abiertas de par en par. ______ giró la cabeza para mirar hacia la piscina y vio las discretas luces que la iluminaban. Tom estaba nadando... ______ miró el reloj.
Eran las tres de la madrugada, y Tom estaba nadando... incansablemente, haciendo largos. Se incorporó sentándose en la cama para observarlo. Al girar en el extremo opuesto de la piscina, _______ volvió a tumbarse, temerosa de que la viera. Estaba desnuda bajo las sábanas, a excepción de una sola prenda interior. La única prenda que ______ parecía haber olvidado comprarle era, precisamente, un camisón. Aquel descubrimiento la había obligado a permanecer encerrada en el baño durante un cuarto de hora, torturándose y pensando en qué hacer hasta que, por fin, encontró el coraje para salir y correr a la cama envuelta en una toalla. En realidad no le habría hecho falta preocuparse tanto, porque Tom había permanecido en el despacho sin asomar la cabeza.
_____ comenzó a reflexionar. ¿Sería seguro nadar solo, de noche? ¿Qué ocurriría si...? Sintió miedo y, justo en ese instante, dejó de escuchar el ruido del agua. Se incorporó retirando las sábanas y observó atentamente. El agua estaba en calma... Tom no estaba.
¿Dónde...? _____ se aferró a las sábanas al verlo salir de la piscina... completamente desnudo. Trató de apartar la vista de él, pero fue inútil. Sus ojos se negaban a obedecer, permanecían fijos, con voraz pasión, sobre aquella belleza pagana masculina. Cualquier mujer habría encontrado irresistible a Tom, reflexionó _____ mientras contemplaba su espalda y sus piernas caminando por las losetas. Le brillaba la piel, húmeda aún, y bajo ella los músculos se movían de forma tal que le provocaban una reacción desconcertante.
En su ingenuidad, _____ siempre había creído que sería lo mismo contemplar a una estatua que contemplar un cuerpo masculino desnudo al natural, pero en ese momento se daba cuenta de su error. Quizá la diferencia estuviera en que amaba a Tom, quizá... Tom se volvió y ella gimió. Él parecía mirar exactamente en su dirección. ¿Podía verla? ¿Se habría dado cuenta de que lo observaba? Permaneció inmóvil, rogando para que no la descubriera, pensando en que sería incapaz de soportar sus burlas si se acercaba en ese momento, si se atrevía a...
______ consiguió controlar sus propios gemidos y suspiros llenos de deseo. Si Tom se acercaba a ella, si la tocaba, si la besaba... si la tomaba tal y como ella deseaba, aquello no sería amor, sino lujuria. ¿Era eso realmente lo que quería? No, claro que no. Deseaba que él la amara.
Tom se dio la vuelta. Su silueta se dibujó contra la luz. ______ contuvo el aliento, reprimió sus instintos femeninos y sus deseos. Él parecía... era... era perfecto, reflexionó susurrando esas palabras en voz baja mientras abría inmensamente los ojos contemplando aquella realidad masculina, infinitamente más tensa y poderosa de lo que, en su virginal inocencia, habría nunca imaginado.
Una vez más Tom miró hacia el dormitorio y ______ contuvo el aliento rogando... esperando... deseando... Al verlo agacharse para tomar el albornoz, _______ gimió. Luego él se cubrió y, en lugar de dirigirse hacia ella, se alejó. ¿A dónde iba?, ¿a su despacho?
______ permaneció tumbada durante un largó rato después de marcharse él, temerosa de hacer ningún ruido, ningún movimiento, de dormir e incluso de pensar. La espera fue eterna. ¿Qué le estaba ocurriendo? ¿Cómo podía amar a un hombre que la trataba así? Un hombre que tenía una pésima opinión de ella y, no obstante, la había besado. ¿Cómo podía haberlo permitido? ______ cerró los ojos. No sabía qué responder. Solo sabía que sus sentimientos, su corazón y sus emociones, su más profundo ser gritaba en su interior: ¿cómo no iba a amarlo?
Capitulo 41
—¿Tomando un baño de sol? Jamás pensé que te vería holgazaneando por aquí—bromeó Jimena dirigiéndose a su hermano, saliendo de la casa con un escaso bikini y sentándose sobre una de las tumbonas vacías, al lado de _____.
—______ ha pasado una mala noche. Necesita descansar, y no quiero que tome demasiado el sol, es muy fuerte—mintió Tom sin ruborizarse lo más mínimo.
—¡Oh, pobrecita!—la compadeció Jimena escrutando su rostro pálido.
______ calló. No podía confesar que no había dormido porque había estado fantaseando sobre el hombre que tenía tumbado a su lado. A la luz del día, se sentía incapaz de admitir la naturaleza de esas fantasías. Sabía que si pensaba en ello se ruborizaría. Por suerte, Tom achacaba la palidez y las ojeras al cansancio del viaje.
—Bueno, pues ya has mejorado la vida de mi hermano, ______. Por lo general, cuando viene aquí, no conseguimos sacarlo de su despacho. ¿Cuándo dijo el abuelo que venía?.
—Debo decir que me sorprende que tu abuelo venga a la isla precisamente en este momento—contestó Caroline en lugar de Tom, saliendo de la casa con su contable.
______ se desanimó nada más verlos. Ari se había mostrado tan vergonzosamente directo en sus halagos hacia ella, tan, obviamente atraído sexualmente por ella, que escapar de él era un alivio. Jimena frunció el ceño, pero Caroline continuó:
—Ahora mismo no está muy contento contigo, Tom...
—Mi abuelo jamás está contento con nadie que opine de un modo diferente a él—respondió Tom con sequedad—. Tiene un temperamento muy apasionado pero, por suerte, también olvida pronto...
Tom había insistido en que ______ se tumbara bajo una sombrilla debido a la palidez de su piel. Al observar a Caroline soltarse el pareo para descubrir bajo él un bikini aún más escaso que el de Jimena, ______ sintió envidia de su piel morena.
—Qué incómoda debes estar tumbada a la sombra—comentó Caroline, añadiendo con lengua de víbora: —Yo detestaría tener esa piel tan pálida. Parece siempre tan...
—Pues a mí la piel de ______ me recuerda al más puro alabastro—la interrumpió Tom.
—Alabastro... ¡qué frío!—exclamó Caroline sonriendo y lanzándole una mirada asesina a ______—. Estás frunciendo el ceño, pareces malhumorado, Tom. Conozco el mejor remedio para eso, deja que te ponga un poco de aceite solar, y después...
_______ apenas podía creerlo cuando se escuchó a sí misma decir, con firmeza:
—Yo te lo pondré, cariño—luego, volviéndose hacia Caroline, añadió: —Es el privilegio de una novia.
______ se puso en pie haciendo caso omiso de la mirada de Tom, que fruncía el ceño, y de sus propias manos, que temblaban. Tomó el frasco de aceite solar que Jimena le ofrecía con una sonrisa de aprobación y se acercó a la tumbona de Tom.
Se echó cuidadosamente un poco de aceite en las manos y después, con más cuidado aún, se inclinó sobre el cuerpo de Tom asegurándose de que se interponía entre Caroline y él, exhibiendo sus generosos pechos. Los cabellos le cayeron sobre el rostro al hacerlo, mientras comenzaba a esparcir el aceite por los hombros de Tom. Su piel estaba cálida, suave al contacto. Tan suave como le había parecido que sería la noche anterior. ______ hizo una pausa observando cómo le temblaban las manos. La noche anterior, recordó. No debía pensar en ello. Sin embargo no pudo evitarlo. Sus manos se movían con sensualidad sobre la piel de Tom. Acariciando, saboreando, haciéndole un masaje a los músculos tensos. Él estaba tumbado boca abajo, con los ojos cerrados, pero, de pronto, los abrió y dijo, bruscamente:
—Es suficiente. De todas formas pensaba bañarme.
Tom tardó aún unos cuantos segundos en levantarse y caminar hasta la piscina para lanzarse a ella de cabeza, limpiamente, y bucear todo un largo antes de volver a resurgir en la superficie para nadar.
Tom trató de concentrarse en lo que estaba haciendo, trató de dejar la mente en blanco como siempre que se lanzaba a nadar. Era su forma favorita de relajarse o, al menos, lo había sido hasta ese momento. Sin embargo, en esos instantes sentía de todo, excepto paz. Incluso con los ojos abiertos podía recordar exactamente lo que había sentido mientras las manos de ______ acariciaban su piel. Suaves, tiernas... expertas. Tom se tiró a la piscina y buceó tratando de controlar sus instintos. Dios, la deseaba, ardía en deseos de ella, moría de lascivia por ella. Jamás se había sentido así con nadie, jamás había anhelado a nadie con tanta intensidad, ni se había encontrado a sí mismo en aquella situación de completa indefensión física y emocional. ______ tenía que darse cuenta de lo que le estaba haciendo, una mujer de su experiencia... una mujer que andaba a la caza por los bares, de noche, en busca de un hombre. Por supuesto que se daba cuenta, y sin embargo... Y sin embargo no podía dejar de comparar lo que sabía de ella con lo que veía, con la forma en que ______ reaccionaba cuando estaba en sus brazos, con su suavidad, con la dulzura de sus besos, con el deseo que se reflejaba en sus ojos al cual seguía, indefectiblemente, una expresión de shock. Su reacción en la piscina, negándose a que Caroline lo tocara, lo había sorprendido. Sorprendido y, al mismo tiempo, llenado de orgullo y de satisfacción al ver que ella mostraba un sentimiento de posesión hacia él. Pero, por supuesto, eso era imposible... ¿no? ______ estaba sencillamente actuando, desempeñando el papel que él mismo la forzaba a interpretar.
Tom frunció el ceño. El hecho de que él mismo hubiera utilizado mentalmente la palabra «forzar», lo que esa palabra implicaba, lo desagradó. Él jamás habría hecho algo así, era una forma de actuar absolutamente impropia de él. Forzar a alguien a hacer lo que fuera iba en contra de sus más fuertes convicciones. Sin embargo, había comenzado a temer no poder encontrar otra salida a su situación sin poner en peligro la salud de su abuelo. De todos modos eso no era sino una excusa, una mera explicación que no podía justificarlo, reflexionó descubriendo en ese mismo instante que, en realidad, lo único que había conseguido era cambiar un peligro por otro potencialmente mucho peor. Y si al final todo salía mal, la culpa sería solo suya.
¿Habría notado ______ la traicionera excitación de su cuerpo antes de que él se alejara para zambullirse en la piscina? Caroline desde luego sí. Caroline.... Tom apretó los labios.
A los quince años, siendo aún un niño, había tratado de convencerse a sí mismo de que era lo suficientemente maduro como para asumir el papel de su desaparecido padre, como para proteger y mantener a su madre y a sus hermanas. Pero en parte seguía siendo un niño y, a menudo, había acabado en su cama, llorando, confuso y enfadado, echando de menos a su padre, preguntándose furioso por qué lo había abandonado.
Aquel había sido el período más amargo de su vida: la pérdida de su padre, seguido inmediatamente por el intento de seducción de Caroline. Dos sucesos que, unidos, lo habían lanzado bruscamente a una madurez para la que no se sentía preparado.
Pero el deseo de Caroline hacia él no había estado en ningún momento revestido del atractivo de la seducción de la «señora Robinson» en su famosa película. Caroline lo había perseguido durante semanas, desde el mismo momento de volver a casa del instituto para las vacaciones de verano. Tom jamás había imaginado que Caroline pudiera estar haciendo otra cosa que jugar, a un misterioso y femenino juego incomprensible para él. Hasta el día en que la encontró en su habitación... desnuda.
Habia hecho lo indecible por no salir huyendo de inmediato. Solo un niño salía huyendo, y él no deseaba seguir siendo un niño, deseaba ser un hombre... el hombre que su padre había deseado que fuera, el hombre que su madre y sus hermanas necesitaban.
—No creo que debas estar aquí, ¿no te parece?—había preguntado evitando mirarla—. Estás comprometida, vas a casarte.
Entonces Caroline se había echado a reír. No había reído después, en cambio, cuando él abrió la puerta de la habitación y le dijo que se marchara, advirtiéndole de que, si no lo hacía, llamaría a un par de sirvientes para que la sacaran de allí. Caroline se había marchado, pero no inmediatamente, no sin antes insistir en hacerlo cambiar de opinión.
—Tienes el cuerpo de un hombre—había dicho ella—, pero eres tan tonto que no sabes qué hacer con él. ¿Por qué no me dejas que te enseñe? ¿De qué tienes miedo?
—No tengo miedo—había respondido él con estoicismo y sinceridad.
—¿Tomando un baño de sol? Jamás pensé que te vería holgazaneando por aquí—bromeó Jimena dirigiéndose a su hermano, saliendo de la casa con un escaso bikini y sentándose sobre una de las tumbonas vacías, al lado de _____.
—______ ha pasado una mala noche. Necesita descansar, y no quiero que tome demasiado el sol, es muy fuerte—mintió Tom sin ruborizarse lo más mínimo.
—¡Oh, pobrecita!—la compadeció Jimena escrutando su rostro pálido.
______ calló. No podía confesar que no había dormido porque había estado fantaseando sobre el hombre que tenía tumbado a su lado. A la luz del día, se sentía incapaz de admitir la naturaleza de esas fantasías. Sabía que si pensaba en ello se ruborizaría. Por suerte, Tom achacaba la palidez y las ojeras al cansancio del viaje.
—Bueno, pues ya has mejorado la vida de mi hermano, ______. Por lo general, cuando viene aquí, no conseguimos sacarlo de su despacho. ¿Cuándo dijo el abuelo que venía?.
—Debo decir que me sorprende que tu abuelo venga a la isla precisamente en este momento—contestó Caroline en lugar de Tom, saliendo de la casa con su contable.
______ se desanimó nada más verlos. Ari se había mostrado tan vergonzosamente directo en sus halagos hacia ella, tan, obviamente atraído sexualmente por ella, que escapar de él era un alivio. Jimena frunció el ceño, pero Caroline continuó:
—Ahora mismo no está muy contento contigo, Tom...
—Mi abuelo jamás está contento con nadie que opine de un modo diferente a él—respondió Tom con sequedad—. Tiene un temperamento muy apasionado pero, por suerte, también olvida pronto...
Tom había insistido en que ______ se tumbara bajo una sombrilla debido a la palidez de su piel. Al observar a Caroline soltarse el pareo para descubrir bajo él un bikini aún más escaso que el de Jimena, ______ sintió envidia de su piel morena.
—Qué incómoda debes estar tumbada a la sombra—comentó Caroline, añadiendo con lengua de víbora: —Yo detestaría tener esa piel tan pálida. Parece siempre tan...
—Pues a mí la piel de ______ me recuerda al más puro alabastro—la interrumpió Tom.
—Alabastro... ¡qué frío!—exclamó Caroline sonriendo y lanzándole una mirada asesina a ______—. Estás frunciendo el ceño, pareces malhumorado, Tom. Conozco el mejor remedio para eso, deja que te ponga un poco de aceite solar, y después...
_______ apenas podía creerlo cuando se escuchó a sí misma decir, con firmeza:
—Yo te lo pondré, cariño—luego, volviéndose hacia Caroline, añadió: —Es el privilegio de una novia.
______ se puso en pie haciendo caso omiso de la mirada de Tom, que fruncía el ceño, y de sus propias manos, que temblaban. Tomó el frasco de aceite solar que Jimena le ofrecía con una sonrisa de aprobación y se acercó a la tumbona de Tom.
Se echó cuidadosamente un poco de aceite en las manos y después, con más cuidado aún, se inclinó sobre el cuerpo de Tom asegurándose de que se interponía entre Caroline y él, exhibiendo sus generosos pechos. Los cabellos le cayeron sobre el rostro al hacerlo, mientras comenzaba a esparcir el aceite por los hombros de Tom. Su piel estaba cálida, suave al contacto. Tan suave como le había parecido que sería la noche anterior. ______ hizo una pausa observando cómo le temblaban las manos. La noche anterior, recordó. No debía pensar en ello. Sin embargo no pudo evitarlo. Sus manos se movían con sensualidad sobre la piel de Tom. Acariciando, saboreando, haciéndole un masaje a los músculos tensos. Él estaba tumbado boca abajo, con los ojos cerrados, pero, de pronto, los abrió y dijo, bruscamente:
—Es suficiente. De todas formas pensaba bañarme.
Tom tardó aún unos cuantos segundos en levantarse y caminar hasta la piscina para lanzarse a ella de cabeza, limpiamente, y bucear todo un largo antes de volver a resurgir en la superficie para nadar.
Tom trató de concentrarse en lo que estaba haciendo, trató de dejar la mente en blanco como siempre que se lanzaba a nadar. Era su forma favorita de relajarse o, al menos, lo había sido hasta ese momento. Sin embargo, en esos instantes sentía de todo, excepto paz. Incluso con los ojos abiertos podía recordar exactamente lo que había sentido mientras las manos de ______ acariciaban su piel. Suaves, tiernas... expertas. Tom se tiró a la piscina y buceó tratando de controlar sus instintos. Dios, la deseaba, ardía en deseos de ella, moría de lascivia por ella. Jamás se había sentido así con nadie, jamás había anhelado a nadie con tanta intensidad, ni se había encontrado a sí mismo en aquella situación de completa indefensión física y emocional. ______ tenía que darse cuenta de lo que le estaba haciendo, una mujer de su experiencia... una mujer que andaba a la caza por los bares, de noche, en busca de un hombre. Por supuesto que se daba cuenta, y sin embargo... Y sin embargo no podía dejar de comparar lo que sabía de ella con lo que veía, con la forma en que ______ reaccionaba cuando estaba en sus brazos, con su suavidad, con la dulzura de sus besos, con el deseo que se reflejaba en sus ojos al cual seguía, indefectiblemente, una expresión de shock. Su reacción en la piscina, negándose a que Caroline lo tocara, lo había sorprendido. Sorprendido y, al mismo tiempo, llenado de orgullo y de satisfacción al ver que ella mostraba un sentimiento de posesión hacia él. Pero, por supuesto, eso era imposible... ¿no? ______ estaba sencillamente actuando, desempeñando el papel que él mismo la forzaba a interpretar.
Tom frunció el ceño. El hecho de que él mismo hubiera utilizado mentalmente la palabra «forzar», lo que esa palabra implicaba, lo desagradó. Él jamás habría hecho algo así, era una forma de actuar absolutamente impropia de él. Forzar a alguien a hacer lo que fuera iba en contra de sus más fuertes convicciones. Sin embargo, había comenzado a temer no poder encontrar otra salida a su situación sin poner en peligro la salud de su abuelo. De todos modos eso no era sino una excusa, una mera explicación que no podía justificarlo, reflexionó descubriendo en ese mismo instante que, en realidad, lo único que había conseguido era cambiar un peligro por otro potencialmente mucho peor. Y si al final todo salía mal, la culpa sería solo suya.
¿Habría notado ______ la traicionera excitación de su cuerpo antes de que él se alejara para zambullirse en la piscina? Caroline desde luego sí. Caroline.... Tom apretó los labios.
A los quince años, siendo aún un niño, había tratado de convencerse a sí mismo de que era lo suficientemente maduro como para asumir el papel de su desaparecido padre, como para proteger y mantener a su madre y a sus hermanas. Pero en parte seguía siendo un niño y, a menudo, había acabado en su cama, llorando, confuso y enfadado, echando de menos a su padre, preguntándose furioso por qué lo había abandonado.
Aquel había sido el período más amargo de su vida: la pérdida de su padre, seguido inmediatamente por el intento de seducción de Caroline. Dos sucesos que, unidos, lo habían lanzado bruscamente a una madurez para la que no se sentía preparado.
Pero el deseo de Caroline hacia él no había estado en ningún momento revestido del atractivo de la seducción de la «señora Robinson» en su famosa película. Caroline lo había perseguido durante semanas, desde el mismo momento de volver a casa del instituto para las vacaciones de verano. Tom jamás había imaginado que Caroline pudiera estar haciendo otra cosa que jugar, a un misterioso y femenino juego incomprensible para él. Hasta el día en que la encontró en su habitación... desnuda.
Habia hecho lo indecible por no salir huyendo de inmediato. Solo un niño salía huyendo, y él no deseaba seguir siendo un niño, deseaba ser un hombre... el hombre que su padre había deseado que fuera, el hombre que su madre y sus hermanas necesitaban.
—No creo que debas estar aquí, ¿no te parece?—había preguntado evitando mirarla—. Estás comprometida, vas a casarte.
Entonces Caroline se había echado a reír. No había reído después, en cambio, cuando él abrió la puerta de la habitación y le dijo que se marchara, advirtiéndole de que, si no lo hacía, llamaría a un par de sirvientes para que la sacaran de allí. Caroline se había marchado, pero no inmediatamente, no sin antes insistir en hacerlo cambiar de opinión.
—Tienes el cuerpo de un hombre—había dicho ella—, pero eres tan tonto que no sabes qué hacer con él. ¿Por qué no me dejas que te enseñe? ¿De qué tienes miedo?
—No tengo miedo—había respondido él con estoicismo y sinceridad.
Capitulo 42
No había sido el miedo, sino la ira y el desprecio lo que le habían impedido aprovechar la oportunidad que ella le ofrecía. Caroline jamás pudo aceptar que él se le resistiera. Imposible. Pero sus sentimientos, si es que tenía alguno, eran problema suyo. Su abuelo, en cambio, era harina de otro costal. Tom difícilmente hubiera querido discutir con él, ni siquiera estando sano. Era cierto que se mostraba terco, difícil, pero Tom sospechaba que Caroline, hasta cierto punto, tenía la culpa de ello.
Era irónico que, precisamente aquello a lo que había tratado de agarrarse como a su tabla de salvación, hubiera acabado causándole más problemas. Quizá fuera una muestra del código de valores de los tiempos que corrían, un código heredado directamente de la antigua mitología griega por la que ______ había expresado su admiración. Puede que ______ admirara la mitología griega pero, desde luego, no lo admiraba a él. Tom frunció el ceño. No quería seguir pensando en ello.
—¡Qué encantador y diminuto diamante llevas!—comentó Caroline exasperada, levantándose de la tumbona para acercarse a _______. Se habían quedado solas. El contable había entrado en la casa a hacer unas llamadas, y Jimena había ido a ayudar a su madre, que preparaba la casa para su padre—. Un anillo no es garantía suficiente de matrimonio, lo sabes, ¿no? Creo que eres una chica lista, ______. Tom es un hombre muy rico y con experiencia. Los hombres como él se cansan fácilmente. Eso tú debes saberlo. Sospecho que tienes muy pocas posibilidades de llegar al altar con él, y menos aún cuando llegue el abuelo. Él no quiere que Tom se case contigo. Es un hombre chapado a la antigua, muy griego. Tiene otros planes para su único nieto y para el futuro de la empresa que está construyendo.
Caroline hizo una pausa observando a _______ con una mirada calculada. ______ comprendió de inmediato lo que estaba pensando. También Caroline tenía otros planes para el futuro de Tom.
—Si lo amaras de verdad, él sería para ti mucho más importante que tus propios sentimientos. Tom adora a su abuelo. Sí, ya sé que no suele demostrarlo, pero te aseguro que es verdad. Figúrate lo que significaría para él discutir con su abuelo, no solo a nivel emocional, sino también financiero. La madre y la hermana de Tom dependen económicamente del abuelo... Si él decidiera apartar a Tom de su lado tendría que apartarse también de ellas.
No había sido el miedo, sino la ira y el desprecio lo que le habían impedido aprovechar la oportunidad que ella le ofrecía. Caroline jamás pudo aceptar que él se le resistiera. Imposible. Pero sus sentimientos, si es que tenía alguno, eran problema suyo. Su abuelo, en cambio, era harina de otro costal. Tom difícilmente hubiera querido discutir con él, ni siquiera estando sano. Era cierto que se mostraba terco, difícil, pero Tom sospechaba que Caroline, hasta cierto punto, tenía la culpa de ello.
Era irónico que, precisamente aquello a lo que había tratado de agarrarse como a su tabla de salvación, hubiera acabado causándole más problemas. Quizá fuera una muestra del código de valores de los tiempos que corrían, un código heredado directamente de la antigua mitología griega por la que ______ había expresado su admiración. Puede que ______ admirara la mitología griega pero, desde luego, no lo admiraba a él. Tom frunció el ceño. No quería seguir pensando en ello.
—¡Qué encantador y diminuto diamante llevas!—comentó Caroline exasperada, levantándose de la tumbona para acercarse a _______. Se habían quedado solas. El contable había entrado en la casa a hacer unas llamadas, y Jimena había ido a ayudar a su madre, que preparaba la casa para su padre—. Un anillo no es garantía suficiente de matrimonio, lo sabes, ¿no? Creo que eres una chica lista, ______. Tom es un hombre muy rico y con experiencia. Los hombres como él se cansan fácilmente. Eso tú debes saberlo. Sospecho que tienes muy pocas posibilidades de llegar al altar con él, y menos aún cuando llegue el abuelo. Él no quiere que Tom se case contigo. Es un hombre chapado a la antigua, muy griego. Tiene otros planes para su único nieto y para el futuro de la empresa que está construyendo.
Caroline hizo una pausa observando a _______ con una mirada calculada. ______ comprendió de inmediato lo que estaba pensando. También Caroline tenía otros planes para el futuro de Tom.
—Si lo amaras de verdad, él sería para ti mucho más importante que tus propios sentimientos. Tom adora a su abuelo. Sí, ya sé que no suele demostrarlo, pero te aseguro que es verdad. Figúrate lo que significaría para él discutir con su abuelo, no solo a nivel emocional, sino también financiero. La madre y la hermana de Tom dependen económicamente del abuelo... Si él decidiera apartar a Tom de su lado tendría que apartarse también de ellas.
Caroline suspiró profundamente con
teatralidad y luego preguntó, con falsa amabilidad:
—¿Cuánto tiempo crees que tardaría en cansarse de ti si sucediera eso? Y te aseguro que es perfectamente posible, ______, tú lo sabes, ¿verdad? El abuelo de Harry siempre escucha lo que yo le digo. Es porque quiere unir los negocios de ambos, claro, eso es algo típicamente griego. Lo que no es típico de un griego es dejar que su único heredero se case con una extraña que no tiene un penique.
Caroline continuó, aprovechando que se encontraban solas.
—Pero hablemos de cosas más agradables. No hay ninguna razón para que tú y yo no lleguemos a un acuerdo. Yo podría sentarme a esperar hasta que Tom te abandone, pero seré franca contigo. Estoy llegando a una edad en la que cada vez me resultará más difícil darle a Tom los hijos que espera. Así que, para facilitarnos el camino a las dos, tengo una proposición que hacerte. Estaría encantada de pagarte un millón de libras esterlinas si te apartas de la vida de Tom para siempre.
______ sintió que se ponía pálida del shock. Consiguió, a duras penas, incorporarse de la tumbona y se puso en pie de modo que Caroline y ella quedaran cara a cara.
—El dinero no puede comprar el amor—contestó con convicción—. Ni puede comprarme tampoco a mí. Ni un millón de libras, ni cien. Ninguna cantidad—añadió mientras las lágrimas invadían sus ojos—. Si Tom quiere alguna vez romper nuestro compromiso, será elección suya, no...
—Eres estúpida, ¿lo sabías?—contraatacó Caroline con malicia e ira—. ¿De verdad crees que Tom hablaba en serio cuando dijo que no iba a obligarte a firmar ningún acuerdo prenupcial? ¡Ja! Su abuelo se lo impondrá, no lo dudes, y cuando se canse de ti no te quedará nada... ni siquiera el niño que hayas podido concebir. Los griegos jamás permiten que se les robe a sus hijos, las familias griegas jamás olvidan a sus herederos.
_______ no quiso oír más. Se encaminó a la casa sin recoger siquiera el pareo, tratando de no correr. Al llegar, Jimena salía por las puertas del patio.
—¡______...!—la llamó preocupada.
Pero _______ sacudió la cabeza. No estaba en condiciones de charlar. Se sentía humillada, ofendida. ¿Cómo se atrevía Caroline a pensar que podía comprar su amor, que el dinero le importaba más que... que alguna vez podría...? De repente, ______ se detuvo. ¿En qué estaba pensando? Se dio la vuelta y volvió a salir de la casa hacia los jardines, hacia el sendero entre los riscos de la isla. Necesitaba estar sola.
Lentamente fue comprendiendo la ironía de lo que acababa de suceder. Había accedido a ir a la isla solo porque Tom le había hecho chantaje, porque no podía permitirse el lujo de perder su empleo. Acababan de ofrecerle una suma de dinero tal que su vida, y la de su abuela, estarían aseguradas y, sin embargo, lo había rechazado.
Jimena se apresuró de mal humor hacia Caroline. Después de lo que acababa de oír era incapaz de reprimirse por más tiempo. ¿Cómo se atrevía Caroline a tratar así a ______, sobornándola para que abandonara a Tom?
¡Tom!
De pronto Gemma se detuvo. Quizá debiera contárselo a su hermano para que él se enfrentara a Caroline. ______ parecía tan destrozada... y no era de extrañar. Jimena comprendió entonces que su hermano se enfadaría si no dejaba que arreglara él la situación. Giró sobre sus talones, volvió a entrar en la casa y buscó a Tom.
—¿Cuánto tiempo crees que tardaría en cansarse de ti si sucediera eso? Y te aseguro que es perfectamente posible, ______, tú lo sabes, ¿verdad? El abuelo de Harry siempre escucha lo que yo le digo. Es porque quiere unir los negocios de ambos, claro, eso es algo típicamente griego. Lo que no es típico de un griego es dejar que su único heredero se case con una extraña que no tiene un penique.
Caroline continuó, aprovechando que se encontraban solas.
—Pero hablemos de cosas más agradables. No hay ninguna razón para que tú y yo no lleguemos a un acuerdo. Yo podría sentarme a esperar hasta que Tom te abandone, pero seré franca contigo. Estoy llegando a una edad en la que cada vez me resultará más difícil darle a Tom los hijos que espera. Así que, para facilitarnos el camino a las dos, tengo una proposición que hacerte. Estaría encantada de pagarte un millón de libras esterlinas si te apartas de la vida de Tom para siempre.
______ sintió que se ponía pálida del shock. Consiguió, a duras penas, incorporarse de la tumbona y se puso en pie de modo que Caroline y ella quedaran cara a cara.
—El dinero no puede comprar el amor—contestó con convicción—. Ni puede comprarme tampoco a mí. Ni un millón de libras, ni cien. Ninguna cantidad—añadió mientras las lágrimas invadían sus ojos—. Si Tom quiere alguna vez romper nuestro compromiso, será elección suya, no...
—Eres estúpida, ¿lo sabías?—contraatacó Caroline con malicia e ira—. ¿De verdad crees que Tom hablaba en serio cuando dijo que no iba a obligarte a firmar ningún acuerdo prenupcial? ¡Ja! Su abuelo se lo impondrá, no lo dudes, y cuando se canse de ti no te quedará nada... ni siquiera el niño que hayas podido concebir. Los griegos jamás permiten que se les robe a sus hijos, las familias griegas jamás olvidan a sus herederos.
_______ no quiso oír más. Se encaminó a la casa sin recoger siquiera el pareo, tratando de no correr. Al llegar, Jimena salía por las puertas del patio.
—¡______...!—la llamó preocupada.
Pero _______ sacudió la cabeza. No estaba en condiciones de charlar. Se sentía humillada, ofendida. ¿Cómo se atrevía Caroline a pensar que podía comprar su amor, que el dinero le importaba más que... que alguna vez podría...? De repente, ______ se detuvo. ¿En qué estaba pensando? Se dio la vuelta y volvió a salir de la casa hacia los jardines, hacia el sendero entre los riscos de la isla. Necesitaba estar sola.
Lentamente fue comprendiendo la ironía de lo que acababa de suceder. Había accedido a ir a la isla solo porque Tom le había hecho chantaje, porque no podía permitirse el lujo de perder su empleo. Acababan de ofrecerle una suma de dinero tal que su vida, y la de su abuela, estarían aseguradas y, sin embargo, lo había rechazado.
Jimena se apresuró de mal humor hacia Caroline. Después de lo que acababa de oír era incapaz de reprimirse por más tiempo. ¿Cómo se atrevía Caroline a tratar así a ______, sobornándola para que abandonara a Tom?
¡Tom!
De pronto Gemma se detuvo. Quizá debiera contárselo a su hermano para que él se enfrentara a Caroline. ______ parecía tan destrozada... y no era de extrañar. Jimena comprendió entonces que su hermano se enfadaría si no dejaba que arreglara él la situación. Giró sobre sus talones, volvió a entrar en la casa y buscó a Tom.
Habiendo recorrido menos de una
tercera parte del sendero que rodeaba la isla, _______ dejó de caminar y se
volvió. No podía seguir, era suficiente. Amar a Tom, estar cerca de él noche y
día, viendo el abismo infranqueable que los separaba, era más de lo que podía
soportar. Su amor por él, su anhelo de él, la estaba destrozando.
Lentamente comenzó a caminar de nuevo hacia la casa. No tenía ni idea de qué hacer. ¿Arrojarse a los pies de Tom y pedirle por favor que la liberara de su «acuerdo»? No serviría de nada contarle lo que había hecho Caroline. Era poco probable que la creyera, teniendo en cuenta su opinión sobre ella y, además, no quería que él lo supiera. Si se enteraba... Tom no era ningún tonto, era astuto, sagaz. No le costaría mucho averiguar la verdad, descubrir lo que sentía, y eso no podría soportarlo.
Al llegar a la casa, ______ se dirigió directamente al dormitorio. Gracias a Dios, estaba vacío. La sirvienta lo había limpiado y había hecho la cama. Se quitó el bañador y tomó una ducha.
—Tom—lo llamó Caroline en tono seductor al verlo salir del despacho.
—Ahora no, Caroline—la cortó él.
Tom se había pasado las dos últimas horas tratando de asimilar sus sentimientos, unos sentimientos que jamás había esperado o deseado tener. Por fin había tomado una decisión, y estaba ansioso por llevarla a cabo sin más dilatación.
No tenía sentido seguir negando la verdad. Se había enamorado de ______. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Cuándo? Para su exasperación, por más que reflexionó sobre esas preguntas no logró hallar una respuesta lógica. Su corazón, su cuerpo, sus emociones insistían incansablemente en que la deseaba, en que la amaba, en que la necesitaba y la adoraba. Y si su razón se atrevía a poner la menor objeción, entonces estallaban advirtiéndole que, desde ese momento, su vida sería un infierno.
Debía recordar quién era ella, se decía. Pero no escuchaba. La amaba tal y como era, a pesar de su error al juzgar su pasado. ¿Error al juzgarla?, se preguntó. Ir por los bares... cazando hombres... vendiendo su cuerpo...
Pero eso no era culpa de ______, protestaba su corazón defendiéndola con ardor. Ella jamás había disfrutado del cariño de un padre, solo trataba de compensarlo. Con amor, con su amor, ______ podría sentirse recompensada, completarse. Olvidaría el pasado, igual que él. Lo importante era el aquí y el ahora, el futuro que compartirían... un futuro que no significaba nada para él si no la tenía.
Eso era lo que Tom había estado reflexionando mientras todos creían que trabajaba. Al final no le había quedado más remedio que ceder. Había salido en busca de ______ para decirle que... para pedirle que... para rogarle, si era necesario.
—¿Está ______ ahí fuera contigo?—le preguntó a Caroline impaciente.
Caroline frunció el ceño. Conocía lo que significaba esa mirada en un hombre, y verla en los ojos del único al que deseaba le resultaba intolerable. Si no podía inducir a ______ a abandonar a Tom, entonces él tendría que rechazarla a ella, y Caroline sabía perfectamente cómo conseguirlo.
—Ah... ¿pero es que no lo sabes? Se ha ido a dar un paseo... con Ari. Sé que no te gusta que lo diga, Tom, pero... bueno, todos sabemos cuánto le gustan a él las mujeres, y _____ parecía dispuesta a corresponderle... No mientras estabas tú aquí, claro, pero...
—Tom..—lo llamó Jimena minutos más tarde tratando de detenerlo.
—Ahora no, Jimena, sea lo que sea...—contestó él bruscamente, negándose a pararse o a escuchar, caminando a grandes zancadas por el pasillo hasta el dormitorio.
Nada más entrar, Tom escuchó el sonido del agua de la ducha.
—______—la llamó abriendo la puerta del baño.
Lentamente comenzó a caminar de nuevo hacia la casa. No tenía ni idea de qué hacer. ¿Arrojarse a los pies de Tom y pedirle por favor que la liberara de su «acuerdo»? No serviría de nada contarle lo que había hecho Caroline. Era poco probable que la creyera, teniendo en cuenta su opinión sobre ella y, además, no quería que él lo supiera. Si se enteraba... Tom no era ningún tonto, era astuto, sagaz. No le costaría mucho averiguar la verdad, descubrir lo que sentía, y eso no podría soportarlo.
Al llegar a la casa, ______ se dirigió directamente al dormitorio. Gracias a Dios, estaba vacío. La sirvienta lo había limpiado y había hecho la cama. Se quitó el bañador y tomó una ducha.
—Tom—lo llamó Caroline en tono seductor al verlo salir del despacho.
—Ahora no, Caroline—la cortó él.
Tom se había pasado las dos últimas horas tratando de asimilar sus sentimientos, unos sentimientos que jamás había esperado o deseado tener. Por fin había tomado una decisión, y estaba ansioso por llevarla a cabo sin más dilatación.
No tenía sentido seguir negando la verdad. Se había enamorado de ______. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Cuándo? Para su exasperación, por más que reflexionó sobre esas preguntas no logró hallar una respuesta lógica. Su corazón, su cuerpo, sus emociones insistían incansablemente en que la deseaba, en que la amaba, en que la necesitaba y la adoraba. Y si su razón se atrevía a poner la menor objeción, entonces estallaban advirtiéndole que, desde ese momento, su vida sería un infierno.
Debía recordar quién era ella, se decía. Pero no escuchaba. La amaba tal y como era, a pesar de su error al juzgar su pasado. ¿Error al juzgarla?, se preguntó. Ir por los bares... cazando hombres... vendiendo su cuerpo...
Pero eso no era culpa de ______, protestaba su corazón defendiéndola con ardor. Ella jamás había disfrutado del cariño de un padre, solo trataba de compensarlo. Con amor, con su amor, ______ podría sentirse recompensada, completarse. Olvidaría el pasado, igual que él. Lo importante era el aquí y el ahora, el futuro que compartirían... un futuro que no significaba nada para él si no la tenía.
Eso era lo que Tom había estado reflexionando mientras todos creían que trabajaba. Al final no le había quedado más remedio que ceder. Había salido en busca de ______ para decirle que... para pedirle que... para rogarle, si era necesario.
—¿Está ______ ahí fuera contigo?—le preguntó a Caroline impaciente.
Caroline frunció el ceño. Conocía lo que significaba esa mirada en un hombre, y verla en los ojos del único al que deseaba le resultaba intolerable. Si no podía inducir a ______ a abandonar a Tom, entonces él tendría que rechazarla a ella, y Caroline sabía perfectamente cómo conseguirlo.
—Ah... ¿pero es que no lo sabes? Se ha ido a dar un paseo... con Ari. Sé que no te gusta que lo diga, Tom, pero... bueno, todos sabemos cuánto le gustan a él las mujeres, y _____ parecía dispuesta a corresponderle... No mientras estabas tú aquí, claro, pero...
—Tom..—lo llamó Jimena minutos más tarde tratando de detenerlo.
—Ahora no, Jimena, sea lo que sea...—contestó él bruscamente, negándose a pararse o a escuchar, caminando a grandes zancadas por el pasillo hasta el dormitorio.
Nada más entrar, Tom escuchó el sonido del agua de la ducha.
—______—la llamó abriendo la puerta del baño.
Capitulo 43
______ se quedó helada al verlo entrar. Había salido del agua instantes antes para envolverse en una toalla. Se quedó mirándolo confusa.
—He salido a dar una vuelta y hacía mucho calor, por eso.
Tom sintió explotar en su cuerpo la rabia y los celos. Era casi un dolor físico. No podía dejar de imaginar, de fantasear sobre las razones por las que _____ podría querer ducharse en ese momento. Como cualquier hombre enamorado, no podía soportar la idea de que su amada hubiera estado con otro, y reaccionó en consecuencia. La agarró por los brazos con agresividad, y gritó, lleno de celos:
—No podías esperar, ¿verdad? ¿Dónde ha sido, dónde has estado con él?
—¿Él...?—protestó ______, confusa—. ¿De qué diablos estás...?
Pero Tom no la escuchaba.
—¿Ha sido fuera, al aire libre, donde podría haberos visto cualquiera? ¿Es eso lo que te gusta, _____, degradarte por completo a ti misma? Claro que sí. Yo ya lo sabía, ¿verdad? Te gusta que te maltraten, que te utilicen y te rechacen como a una... Bien, si eso es lo que quieres, vamos a ver si yo puedo satisfacer tus expectativas, ¿quieres? Vamos a ver si puedo darte lo que tanto deseas.
Harry era incapaz de controlarse, deseaba estampar su sello de propiedad sobre el cuerpo y el alma de ______, hacerla suya y borrar de su mente el recuerdo de cualquier otro hombre.
¿Qué diablos había ocurrido para que Tom, el hombre frío al que estaba acostumbrada, se transformara en la explosión de furia, masculinidad y pasión, a la que en ese momento se enfrentaba?, se preguntó ______ confusa. Porque, de entre todas las emociones que veía en él, la más fuerte era la pasión. Emanaba de él arrastrándola peligrosa y excitantemente, quemándola.
¿No era aquello lo que, secretamente, había deseado? Que él la mirara como lo estaba haciendo, con pasión, con un deseo elemental, incapaz de contenerse. De algún modo, al ver a Tom a punto de perder el control, ______ dio rienda suelta a sus deseos.
—¡Eres mía!—exclamó Tom con crudeza, atrayéndola de un tirón hacia sí—. Mía, ______... y voy a disfrutar plenamente de lo que es mío—añadió con voz espesa.
______ sintió que su cuerpo se echaba a temblar, que su contacto la quemaba. Tom deslizó las manos por sus brazos desnudos hasta los hombros. Sus dedos acariciaron la curva de su cuello. Ella arqueó la espalda ofreciéndose a sí misma, sintiendo cómo aquellos escalofríos ahondaban cada vez más en su ser, creciendo en intensidad hasta alcanzar la velocidad de los latidos de su corazón.
—Bésame, Tom...
¿Sería posible que ella hubiera dicho eso, que lo hubiera dicho con aquella voz suave, ronca y sexy, que había arrancado un brillo de los ojos de Tom?
—¡Oh, te prometo que voy a hacer mucho más que besarte!—aseguró Tom arrancándole la toalla—. Mucho más...—repitió él con voluptuosidad, para añadir—... pero si lo que quieres ahora es que te bese...
Tom tenía las manos extendidas sobre su cuello, sus dedos le daban masajes en los hombros, sus labios rozaban brevemente, con tentador y cálido aliento, su carne vibrante, excitada.
—¿Dónde quieres exactamente que te bese, _____?—le preguntaba—. ¿Aquí...? ¿Aquí...? ¿Aquí...?
Mientras los labios de Tom besaban todo su cuello, cubriendo cada centímetro de su rostro, ______ se escuchó a sí misma comenzar a jadear suavemente, llena de deseo, hasta que, incapaz de soportar por más tiempo aquella deliciosa tortura, puso una mano sobre su rostro y volvió aquella boca contra la de ella, exhalando un breve suspiro.
—¡Tom...!—se escuchó a sí misma susurrar, mientras enredaba las manos en su cabello y probaba sus labios.
Tom vio el reflejo de sus cuerpos unidos por encima del hombro de ella, en el espejo. La espalda desnuda de ______ estaba perfectamente esculpida, como la de una estatua clásica, pero su cuerpo estaba vivo, era de carne y hueso. Sentir su suaves y firmes pechos contra el torso, por no hablar de sus delicados labios, borró cualquier pensamiento de la mente de _____.
Sus manos, sorprendentemente viriles, sobre la delicada espalda de piel de alabastro de ______, la acariciaban y la sostenían, la estrechaban con tal fuerza contra sí. La ropa le estorbaba, pero no perdería el tiempo quitándosela hasta que no hubiera infligido su castigo a aquellos Labios que lo estaba haciendo perder el control. Entonces él decidió tomar la iniciativa.
______ gemía y se agitaba, rendía la dulce y húmeda intimidad de su boca y la suave desnudez de su cuerpo ante él. Lo que estaba ocurriendo entre ambos era el punto culminante de toda su vida, la razón por la que había nacido. Allí, en brazos de Tom, el amor y el deseo iban de la mano como perfectos compañeros.
______ había olvidado lo que pensaba decirle, que necesitaba marcharse. Aquello era lo que había deseado que ocurriera desde el primer instante en que lo vio. Incapaz de romper el abrumador hechizo y la sensualidad de aquel beso, Tom levantó a ______ en brazos y la llevó a la cama. Fuera lo que fuera lo que ella hubiera sido, ya no importaba. Desde ese momento sería suya.
______ se quedó helada al verlo entrar. Había salido del agua instantes antes para envolverse en una toalla. Se quedó mirándolo confusa.
—He salido a dar una vuelta y hacía mucho calor, por eso.
Tom sintió explotar en su cuerpo la rabia y los celos. Era casi un dolor físico. No podía dejar de imaginar, de fantasear sobre las razones por las que _____ podría querer ducharse en ese momento. Como cualquier hombre enamorado, no podía soportar la idea de que su amada hubiera estado con otro, y reaccionó en consecuencia. La agarró por los brazos con agresividad, y gritó, lleno de celos:
—No podías esperar, ¿verdad? ¿Dónde ha sido, dónde has estado con él?
—¿Él...?—protestó ______, confusa—. ¿De qué diablos estás...?
Pero Tom no la escuchaba.
—¿Ha sido fuera, al aire libre, donde podría haberos visto cualquiera? ¿Es eso lo que te gusta, _____, degradarte por completo a ti misma? Claro que sí. Yo ya lo sabía, ¿verdad? Te gusta que te maltraten, que te utilicen y te rechacen como a una... Bien, si eso es lo que quieres, vamos a ver si yo puedo satisfacer tus expectativas, ¿quieres? Vamos a ver si puedo darte lo que tanto deseas.
Harry era incapaz de controlarse, deseaba estampar su sello de propiedad sobre el cuerpo y el alma de ______, hacerla suya y borrar de su mente el recuerdo de cualquier otro hombre.
¿Qué diablos había ocurrido para que Tom, el hombre frío al que estaba acostumbrada, se transformara en la explosión de furia, masculinidad y pasión, a la que en ese momento se enfrentaba?, se preguntó ______ confusa. Porque, de entre todas las emociones que veía en él, la más fuerte era la pasión. Emanaba de él arrastrándola peligrosa y excitantemente, quemándola.
¿No era aquello lo que, secretamente, había deseado? Que él la mirara como lo estaba haciendo, con pasión, con un deseo elemental, incapaz de contenerse. De algún modo, al ver a Tom a punto de perder el control, ______ dio rienda suelta a sus deseos.
—¡Eres mía!—exclamó Tom con crudeza, atrayéndola de un tirón hacia sí—. Mía, ______... y voy a disfrutar plenamente de lo que es mío—añadió con voz espesa.
______ sintió que su cuerpo se echaba a temblar, que su contacto la quemaba. Tom deslizó las manos por sus brazos desnudos hasta los hombros. Sus dedos acariciaron la curva de su cuello. Ella arqueó la espalda ofreciéndose a sí misma, sintiendo cómo aquellos escalofríos ahondaban cada vez más en su ser, creciendo en intensidad hasta alcanzar la velocidad de los latidos de su corazón.
—Bésame, Tom...
¿Sería posible que ella hubiera dicho eso, que lo hubiera dicho con aquella voz suave, ronca y sexy, que había arrancado un brillo de los ojos de Tom?
—¡Oh, te prometo que voy a hacer mucho más que besarte!—aseguró Tom arrancándole la toalla—. Mucho más...—repitió él con voluptuosidad, para añadir—... pero si lo que quieres ahora es que te bese...
Tom tenía las manos extendidas sobre su cuello, sus dedos le daban masajes en los hombros, sus labios rozaban brevemente, con tentador y cálido aliento, su carne vibrante, excitada.
—¿Dónde quieres exactamente que te bese, _____?—le preguntaba—. ¿Aquí...? ¿Aquí...? ¿Aquí...?
Mientras los labios de Tom besaban todo su cuello, cubriendo cada centímetro de su rostro, ______ se escuchó a sí misma comenzar a jadear suavemente, llena de deseo, hasta que, incapaz de soportar por más tiempo aquella deliciosa tortura, puso una mano sobre su rostro y volvió aquella boca contra la de ella, exhalando un breve suspiro.
—¡Tom...!—se escuchó a sí misma susurrar, mientras enredaba las manos en su cabello y probaba sus labios.
Tom vio el reflejo de sus cuerpos unidos por encima del hombro de ella, en el espejo. La espalda desnuda de ______ estaba perfectamente esculpida, como la de una estatua clásica, pero su cuerpo estaba vivo, era de carne y hueso. Sentir su suaves y firmes pechos contra el torso, por no hablar de sus delicados labios, borró cualquier pensamiento de la mente de _____.
Sus manos, sorprendentemente viriles, sobre la delicada espalda de piel de alabastro de ______, la acariciaban y la sostenían, la estrechaban con tal fuerza contra sí. La ropa le estorbaba, pero no perdería el tiempo quitándosela hasta que no hubiera infligido su castigo a aquellos Labios que lo estaba haciendo perder el control. Entonces él decidió tomar la iniciativa.
______ gemía y se agitaba, rendía la dulce y húmeda intimidad de su boca y la suave desnudez de su cuerpo ante él. Lo que estaba ocurriendo entre ambos era el punto culminante de toda su vida, la razón por la que había nacido. Allí, en brazos de Tom, el amor y el deseo iban de la mano como perfectos compañeros.
______ había olvidado lo que pensaba decirle, que necesitaba marcharse. Aquello era lo que había deseado que ocurriera desde el primer instante en que lo vio. Incapaz de romper el abrumador hechizo y la sensualidad de aquel beso, Tom levantó a ______ en brazos y la llevó a la cama. Fuera lo que fuera lo que ella hubiera sido, ya no importaba. Desde ese momento sería suya.
HOLA!!! BUENO AQUI ESTAN LOS CAPITULOS ... ESPERO LES GUSTE ... YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA ... ADIOS Y GRACIAS POR LEER ... JENNIFER FELICIDADES POR TU CUMPLEAÑOS ... QUE LOS DISFRUTES AMIGA ... ESTOS CAPS SON PARA TI :))
jueves, 8 de octubre de 2015
.- una novia temporal .- 36 37 38 y 39
Capitulo 36
Él la había soltado, pero a pesar de todo ______ seguia pálida, temblando de la cabeza a los pies. Unos segundos antes, nada más abrazarla y besarla, nada más tocarla... había sentido como si... habría jurado que era él el primero en hacerla sentirse tan...
Tom considero por un instante sus sospechas, pero enseguida las desechó con firmeza. Era imposible que _____ fuera tan inexperta, absolutamente imposible. Él se sentía lo suficientemente griego como para considerar que su virginidad, su pureza, eran un regalo para el hombre al que ella entregara su corazón pero, por otro lado, su educación inglesa se burlaba de esas ideas, deploraba esa forma de pensar.
¿Acaso una mujer podía esperar del hombre al que amara que se mantuviera puro hasta conocerla a ella? No. ¿Por qué, entonces, tenía que ser todo distinto en el caso inverso?
Como hombre maduro que era, Tom aceptaba y respetaba el derecho de la mujer a vivir su sexualidad como quisiera, pero como pareja y como marido sabía demasiado bien que un aspecto muy profundo de su ser, su faceta más apasionada y posesiva, anhelaba ser el único amante de su compañera, ser el único en mostrarle los placeres de la carne. Y, en ese momento, la reacción de _____ ante sus besos lo hacía responder de un modo viril y primitivo, muy griego, que necesitaba reprimir.
—No voy a dormir en esta habitación contigo—insistió _____ —No voy a...
Si aquello era una farsa, entonces ______ merecía un Óscar. Pero lo último que necesitaba era una novia aterrorizada, tenía que conseguir que se calmara, serenarlos a los dos.
—Ven conmigo—ordenó Tom tomándola de la mano y llevándola hacia una de las puertas del dormitorio. Al abrirla, ______ vio que se trataba de un despacho con un equipo informático completo y moderno—. ¿Te sentirías mejor si te dijera que yo voy a dormir ahí?
—¿Ahí? Pero si es un despacho, no hay cama.
Él la había soltado, pero a pesar de todo ______ seguia pálida, temblando de la cabeza a los pies. Unos segundos antes, nada más abrazarla y besarla, nada más tocarla... había sentido como si... habría jurado que era él el primero en hacerla sentirse tan...
Tom considero por un instante sus sospechas, pero enseguida las desechó con firmeza. Era imposible que _____ fuera tan inexperta, absolutamente imposible. Él se sentía lo suficientemente griego como para considerar que su virginidad, su pureza, eran un regalo para el hombre al que ella entregara su corazón pero, por otro lado, su educación inglesa se burlaba de esas ideas, deploraba esa forma de pensar.
¿Acaso una mujer podía esperar del hombre al que amara que se mantuviera puro hasta conocerla a ella? No. ¿Por qué, entonces, tenía que ser todo distinto en el caso inverso?
Como hombre maduro que era, Tom aceptaba y respetaba el derecho de la mujer a vivir su sexualidad como quisiera, pero como pareja y como marido sabía demasiado bien que un aspecto muy profundo de su ser, su faceta más apasionada y posesiva, anhelaba ser el único amante de su compañera, ser el único en mostrarle los placeres de la carne. Y, en ese momento, la reacción de _____ ante sus besos lo hacía responder de un modo viril y primitivo, muy griego, que necesitaba reprimir.
—No voy a dormir en esta habitación contigo—insistió _____ —No voy a...
Si aquello era una farsa, entonces ______ merecía un Óscar. Pero lo último que necesitaba era una novia aterrorizada, tenía que conseguir que se calmara, serenarlos a los dos.
—Ven conmigo—ordenó Tom tomándola de la mano y llevándola hacia una de las puertas del dormitorio. Al abrirla, ______ vio que se trataba de un despacho con un equipo informático completo y moderno—. ¿Te sentirías mejor si te dijera que yo voy a dormir ahí?
—¿Ahí? Pero si es un despacho, no hay cama.
—Puedo traer una de las tumbonas del
patio—aseguró Tom impaciente.
—Hablas en serio...
Tom asintió preguntándose por qué cedía ante tan ridícula situación. Estaba seguro de que _____ no podía ser la ingenua, la inocente virgen que aparentaba.
—Pero, ¿no crees que los demás se darán cuenta de que te llevas una tumbona?—inquirió ella vacilante.
—No, mi habitación es la única que da a este patio con piscina. Es mi zona privada. La piscina principal, la que usa todo el mundo, está al otro lado de la casa.
Piscina privada. ______ no quería sentirse impresionada, pero era inevitable. Tom la miró impaciente y continuó:
—No estoy tratando de impresionarte, ______. Jamás me ha gustado jactarme. Puede que mi abuelo sea multimillonario, pero yo no. No pongas esa cara, no soy un playboy que se pase la vida holgazaneando en la piscina. Simplemente me gusta nadar por las mañanas, temprano, mientras estoy aquí, en esta casa. Mis hermanas se quejaron de que las despertaba, por eso construimos esta piscina para mí. Nadar me ayuda a concentrarme, a despejar la mente, y además es un buen ejercicio.
—Hablas en serio...
Tom asintió preguntándose por qué cedía ante tan ridícula situación. Estaba seguro de que _____ no podía ser la ingenua, la inocente virgen que aparentaba.
—Pero, ¿no crees que los demás se darán cuenta de que te llevas una tumbona?—inquirió ella vacilante.
—No, mi habitación es la única que da a este patio con piscina. Es mi zona privada. La piscina principal, la que usa todo el mundo, está al otro lado de la casa.
Piscina privada. ______ no quería sentirse impresionada, pero era inevitable. Tom la miró impaciente y continuó:
—No estoy tratando de impresionarte, ______. Jamás me ha gustado jactarme. Puede que mi abuelo sea multimillonario, pero yo no. No pongas esa cara, no soy un playboy que se pase la vida holgazaneando en la piscina. Simplemente me gusta nadar por las mañanas, temprano, mientras estoy aquí, en esta casa. Mis hermanas se quejaron de que las despertaba, por eso construimos esta piscina para mí. Nadar me ayuda a concentrarme, a despejar la mente, y además es un buen ejercicio.
______ sabía muy bien de qué hablaba,
ella sentía lo mismo, pero en esos casos caminaba. Cada vez que estaba
preocupada por algo o tenía un problema, caminaba.
Tom la observaba preguntándose por qué se tomaba la molestia de darle tantas explicaciones. Los agitados latidos del corazón que había sentido en el pecho de ______, al estrecharla, tenían que ser fingidos, no podían ser sinceros. Igual que sus enormes ojos de expresión atónita.
______ se mordió el labio inferior y apartó la vista. Era evidente que Tom hablaba en serio al decir que dormiría en el despacho, pero le seguía preocupando qué ocurriría durante el día... y más aún las emociones que había experimentado al besarla Tom.
Era incapaz de admitir, de confesarse que había deseado secretamente que la besara, jamás habría podido desear algo así sin ser consciente de ello. ¿Pero qué otra explicación podía haber para su respuesta?
Tom la observaba preguntándose por qué se tomaba la molestia de darle tantas explicaciones. Los agitados latidos del corazón que había sentido en el pecho de ______, al estrecharla, tenían que ser fingidos, no podían ser sinceros. Igual que sus enormes ojos de expresión atónita.
______ se mordió el labio inferior y apartó la vista. Era evidente que Tom hablaba en serio al decir que dormiría en el despacho, pero le seguía preocupando qué ocurriría durante el día... y más aún las emociones que había experimentado al besarla Tom.
Era incapaz de admitir, de confesarse que había deseado secretamente que la besara, jamás habría podido desear algo así sin ser consciente de ello. ¿Pero qué otra explicación podía haber para su respuesta?
—Bien, ahora que el tema está
zanjado, tengo trabajo que hacer. ¿Por qué no comes algo y descansas un rato?
—Tengo que deshacer el equipaje—contestó ______.
—Lo hará una sirvienta, mientras descansas—dijo Tom sacudiendo la cabeza en una negativa. Luego, al ver la expresión incrédula de ella, añadió:—Trabajan para nosotros, ______. Son sirvientes, y trabajan para ganarse el pan igual que tú y que yo.
—Tengo que deshacer el equipaje—contestó ______.
—Lo hará una sirvienta, mientras descansas—dijo Tom sacudiendo la cabeza en una negativa. Luego, al ver la expresión incrédula de ella, añadió:—Trabajan para nosotros, ______. Son sirvientes, y trabajan para ganarse el pan igual que tú y que yo.
Capitulo 37
—¡Oh, lo siento! No te he despertado, ¿verdad?—preguntó Jimena en voz baja—. Pronto será la hora de la cena, y pensé que te gustaría tener tiempo suficiente para arreglarte—______ se despertó por completo y trató de sentarse en la cama al reconocer a Jimena, esbozando una sincera sonrisa de simpatía al escucharla continuar: —Por lo general no nos vestimos tanto, pero supongo que Caroline querrá causar un fuerte impacto.
—¿Dónde está...?
—¿Tom? El abuelo llamó por teléfono para hablar con mamá, y luego quiso hablar también con él—explicó Jimena—. Seguramente está aún al teléfono, y te advierto que no está de muy buen humor. Bueno, no es por ti, es por Caroline. Se ha traído a su contable, y eso lo pone furioso. No puede soportarlo. Nadie lo soporta, pero Caroline insiste en que el abuelo ha invitado a Aristotle personalmente.
Jimena corrió a encender las luces del dormitorio para iluminar la oscuridad de la noche griega, y ______ sacó los pies de la cama. Se había quedado dormida vestida, y se sentía pegajosa y sucia. La idea de sentarse a la mesa con Tom y Caroline no le resultaba muy tentadora, pero Jimena tenía razón en una cosa: ella también debía causar impacto. Tom, sin duda, así lo esperaba. Además, con las maletas llenas de ropa nueva, no tenía excusa.
—María te ha deshecho la maleta—le informó Jimena—. Yo la he ayudado. Me encanta ese vestido negro corto que te has traído. Es adorable. Tienes una ropa preciosa. Tom no hacía más que entrar a regañarme para que no hiciera tanto ruido y no te despertara. ¡Es tan protector contigo...! Mamá y yo estamos muy contentas de que te haya conocido—añadió en voz más baja, mirándola con una expresión de ternura que avergonzó a _____—. Las dos lo queremos mucho, claro, por eso somos tan poco imparciales con todo lo que se refiere a él. Pero la verdad es que ya estábamos comenzando a temer que se diera por vencido con el asunto de Caroline. Por el bien del abuelo, ya sabes... Las dos, mi madre y yo, sabemos que Tom jamás podría amar a Caroline. Supongo que te ha contado lo que hizo ella cuando era aún un adolescente, ¿no?
Jimena continuó hablando sin esperar siquiera a que ______ respondiera:
—En realidad se supone que yo no lo sé. Alguien, me lo contó. Me hizo jurar que guardaría el secreto, pero supongo que no pasa nada porque hable contigo de ello, puesto que Tom ya te lo ha contado. En aquel entonces él tenía solo quince años, era casi un niño, y ella era mucho más mayor, estaba a punto de casarse. Ya sé que la diferencia de edad no habría significado gran cosa de ser los dos adultos, pero Tom no era un adulto. Aún iba al instituto, y ella... bueno, creo que Tom fue muy valiente y que su actitud fue intachable al negarse a meterse en la cama con ella. ¿Y sabes una cosa? También creo que aunque Caroline dice que lo ama, en realidad lo único que quiere es castigarlo por haberla rechazado... bueno, ya sabes como son estas cosas.
¡Caroline había tratado de seducir a Tom cuando él era un adolescente! _____ se esforzó por reprimir la repugnancia que le causaban aquellas revelaciones de Jimena. El hecho de que una mujer de más de veinte tratara de seducir a un chico de quince... ¿no era un abuso sexual? Un escalofrío recorrió a _____ solo de pensarlo.
¿Podría una mujer dispuesta a hacer algo así permitir que una falsa novia se interpusiera en su camino? Lo cierto era que Caroline aún deseaba a Tom, lo deseaba fervientemente, fueran cuales fueran sus motivos.
Tom era un hombre tan viril que resultaba difícil imaginarlo en el papel de presa en lugar del de cazador. Si había un hombre en el mundo hecho expresamente para ser activo, arrogante y depredador, ese era Tom, en opinión de ______. Caroline, sin embargo, pretendía poner esa iniciativa en entredicho. Había algo extraño en la forma de ser de ella, a su parecer: cierta frialdad, cierta avidez casi obsesiva, que le impedían incluso considerarla como un miembro de su mismo sexo. Su tenacidad en casarse con Tom era formidable.
—Por supuesto, de no haber sido por el abuelo y por sus problemas de salud, no habríamos tenido ningún problema—continuó Jimena—. Eso está claro. Al abuelo le gusta pensar que Tom depende económicamente de él, y solo por el hecho de que trabaja para él, pero...—Jimena se interrumpió, y sacudió la cabeza—. Vas a llevar el vestido negro, ¿verdad? Me muero por verte con él. Tienes el tono de piel exacto que se necesita para llevarlo. Yo, en cambio, estoy fatal de negro. Y ya ves, apuesto a que Caroline también irá de negro. ¡Oh!—exclamó al oír pasos en el pasillo—, ese debe ser Tom, y como me vea aquí me va a regañar, dirá que te estoy molestando.
_____ se puso tensa al ver a Tom entrar en la habitación y buscarla con la mirada.
—Jimena—comenzó a decir en tono autoritario—, te he dicho que...
—Estaba despierta cuando ella entró—intervino _____ protegiéndola.
Jimena le gustaba, de haber estado realmente enamorada de Tom, a punto de casarse con él, habría estado encantada de encontrar en Jimena a una amiga y una aliada. Era una mujer terriblemente impulsiva.
Jimena se lanzó en brazos de Tom sonriendo y abrazándolo con aires de victoria.
—¿Lo ves? Te equivocas, hermanito,—y no debes mostrarte tan autoritario y tan severo conmigo, porque entonces _____ no querrá casarse contigo. Ahora que la conozco estoy decidida a que sea mi cuñada. Estábamos discutiendo sobre lo que se va a poner para la cena. Ya le he advertido de que Caroline se vestirá de mujer fatal.
—Pues si no te vas ahora mismo a tu habitación para que podamos arreglarnos, Caroline va a ser la única que se vista para la cena—contestó Tom secamente.
Jimena lo besó en la frente, lo soltó y se apresuró a dirigirse hacia la puerta, haciendo una pausa antes de abrir para dirigirle una sonrisa a _____ y recordarle:
—¡Ponte el vestido negro!
—Lo siento—se disculpó Tom una vez que la puerta se hubo cerrado—, le pedí que no te molestara.
—No me importa, me gusta Jimena—respondió _____ con sinceridad.
—Mmm... me temo que a Jimena le gusta a veces utilizar esa simpatía que causa en los demás en su propio beneficio. Está acostumbrada a salirse con la suya—respondió Tom mirando su reloj y añadiendo: —Tienes media hora para vestirte.
______ suspiró profundamente. Las revelaciones de Jimena habían conseguido revivir la simpatía que había sentido inicialmente por Tom. Así era ella, era su carácter. Algo había cambiado en su interior sin saber cómo, Tom había pasado de ser su opresor, al que detestaba y temía, a ser una persona que merecía su ayuda y su respeto. Tenía un papel que, por fin, estaba decidida a interpretar, e iba a invertir en ello toda su energía.
—Media hora—repitió con frialdad—. En ese caso, creo que utilizaré el baño yo primero.
—¡Oh, lo siento! No te he despertado, ¿verdad?—preguntó Jimena en voz baja—. Pronto será la hora de la cena, y pensé que te gustaría tener tiempo suficiente para arreglarte—______ se despertó por completo y trató de sentarse en la cama al reconocer a Jimena, esbozando una sincera sonrisa de simpatía al escucharla continuar: —Por lo general no nos vestimos tanto, pero supongo que Caroline querrá causar un fuerte impacto.
—¿Dónde está...?
—¿Tom? El abuelo llamó por teléfono para hablar con mamá, y luego quiso hablar también con él—explicó Jimena—. Seguramente está aún al teléfono, y te advierto que no está de muy buen humor. Bueno, no es por ti, es por Caroline. Se ha traído a su contable, y eso lo pone furioso. No puede soportarlo. Nadie lo soporta, pero Caroline insiste en que el abuelo ha invitado a Aristotle personalmente.
Jimena corrió a encender las luces del dormitorio para iluminar la oscuridad de la noche griega, y ______ sacó los pies de la cama. Se había quedado dormida vestida, y se sentía pegajosa y sucia. La idea de sentarse a la mesa con Tom y Caroline no le resultaba muy tentadora, pero Jimena tenía razón en una cosa: ella también debía causar impacto. Tom, sin duda, así lo esperaba. Además, con las maletas llenas de ropa nueva, no tenía excusa.
—María te ha deshecho la maleta—le informó Jimena—. Yo la he ayudado. Me encanta ese vestido negro corto que te has traído. Es adorable. Tienes una ropa preciosa. Tom no hacía más que entrar a regañarme para que no hiciera tanto ruido y no te despertara. ¡Es tan protector contigo...! Mamá y yo estamos muy contentas de que te haya conocido—añadió en voz más baja, mirándola con una expresión de ternura que avergonzó a _____—. Las dos lo queremos mucho, claro, por eso somos tan poco imparciales con todo lo que se refiere a él. Pero la verdad es que ya estábamos comenzando a temer que se diera por vencido con el asunto de Caroline. Por el bien del abuelo, ya sabes... Las dos, mi madre y yo, sabemos que Tom jamás podría amar a Caroline. Supongo que te ha contado lo que hizo ella cuando era aún un adolescente, ¿no?
Jimena continuó hablando sin esperar siquiera a que ______ respondiera:
—En realidad se supone que yo no lo sé. Alguien, me lo contó. Me hizo jurar que guardaría el secreto, pero supongo que no pasa nada porque hable contigo de ello, puesto que Tom ya te lo ha contado. En aquel entonces él tenía solo quince años, era casi un niño, y ella era mucho más mayor, estaba a punto de casarse. Ya sé que la diferencia de edad no habría significado gran cosa de ser los dos adultos, pero Tom no era un adulto. Aún iba al instituto, y ella... bueno, creo que Tom fue muy valiente y que su actitud fue intachable al negarse a meterse en la cama con ella. ¿Y sabes una cosa? También creo que aunque Caroline dice que lo ama, en realidad lo único que quiere es castigarlo por haberla rechazado... bueno, ya sabes como son estas cosas.
¡Caroline había tratado de seducir a Tom cuando él era un adolescente! _____ se esforzó por reprimir la repugnancia que le causaban aquellas revelaciones de Jimena. El hecho de que una mujer de más de veinte tratara de seducir a un chico de quince... ¿no era un abuso sexual? Un escalofrío recorrió a _____ solo de pensarlo.
¿Podría una mujer dispuesta a hacer algo así permitir que una falsa novia se interpusiera en su camino? Lo cierto era que Caroline aún deseaba a Tom, lo deseaba fervientemente, fueran cuales fueran sus motivos.
Tom era un hombre tan viril que resultaba difícil imaginarlo en el papel de presa en lugar del de cazador. Si había un hombre en el mundo hecho expresamente para ser activo, arrogante y depredador, ese era Tom, en opinión de ______. Caroline, sin embargo, pretendía poner esa iniciativa en entredicho. Había algo extraño en la forma de ser de ella, a su parecer: cierta frialdad, cierta avidez casi obsesiva, que le impedían incluso considerarla como un miembro de su mismo sexo. Su tenacidad en casarse con Tom era formidable.
—Por supuesto, de no haber sido por el abuelo y por sus problemas de salud, no habríamos tenido ningún problema—continuó Jimena—. Eso está claro. Al abuelo le gusta pensar que Tom depende económicamente de él, y solo por el hecho de que trabaja para él, pero...—Jimena se interrumpió, y sacudió la cabeza—. Vas a llevar el vestido negro, ¿verdad? Me muero por verte con él. Tienes el tono de piel exacto que se necesita para llevarlo. Yo, en cambio, estoy fatal de negro. Y ya ves, apuesto a que Caroline también irá de negro. ¡Oh!—exclamó al oír pasos en el pasillo—, ese debe ser Tom, y como me vea aquí me va a regañar, dirá que te estoy molestando.
_____ se puso tensa al ver a Tom entrar en la habitación y buscarla con la mirada.
—Jimena—comenzó a decir en tono autoritario—, te he dicho que...
—Estaba despierta cuando ella entró—intervino _____ protegiéndola.
Jimena le gustaba, de haber estado realmente enamorada de Tom, a punto de casarse con él, habría estado encantada de encontrar en Jimena a una amiga y una aliada. Era una mujer terriblemente impulsiva.
Jimena se lanzó en brazos de Tom sonriendo y abrazándolo con aires de victoria.
—¿Lo ves? Te equivocas, hermanito,—y no debes mostrarte tan autoritario y tan severo conmigo, porque entonces _____ no querrá casarse contigo. Ahora que la conozco estoy decidida a que sea mi cuñada. Estábamos discutiendo sobre lo que se va a poner para la cena. Ya le he advertido de que Caroline se vestirá de mujer fatal.
—Pues si no te vas ahora mismo a tu habitación para que podamos arreglarnos, Caroline va a ser la única que se vista para la cena—contestó Tom secamente.
Jimena lo besó en la frente, lo soltó y se apresuró a dirigirse hacia la puerta, haciendo una pausa antes de abrir para dirigirle una sonrisa a _____ y recordarle:
—¡Ponte el vestido negro!
—Lo siento—se disculpó Tom una vez que la puerta se hubo cerrado—, le pedí que no te molestara.
—No me importa, me gusta Jimena—respondió _____ con sinceridad.
—Mmm... me temo que a Jimena le gusta a veces utilizar esa simpatía que causa en los demás en su propio beneficio. Está acostumbrada a salirse con la suya—respondió Tom mirando su reloj y añadiendo: —Tienes media hora para vestirte.
______ suspiró profundamente. Las revelaciones de Jimena habían conseguido revivir la simpatía que había sentido inicialmente por Tom. Así era ella, era su carácter. Algo había cambiado en su interior sin saber cómo, Tom había pasado de ser su opresor, al que detestaba y temía, a ser una persona que merecía su ayuda y su respeto. Tenía un papel que, por fin, estaba decidida a interpretar, e iba a invertir en ello toda su energía.
—Media hora—repitió con frialdad—. En ese caso, creo que utilizaré el baño yo primero.
Capitulo 38
—entonces, _____, ¿crees que podrás llegar a ser una buena esposa griega, si finalmente Tom y tú se casan?
_____ escuchó el suspiro de indignación de Jimena por la forma en que Caroline le dirigía aquella pregunta, pero se negó a dejarse intimidar por ella. Nada más sentarse a la mesa resultó evidente el tenaz deseo de Caroline de molestarla y ofenderla. Sin embargo, antes de que pudiera decir nada, Tom contestó a la pregunta en su lugar:
—No hay ningún «si» en este tema, Caroline—afirmó implacable—. _____ se convertirá en mi esposa.
Ante aquella declaración, que la había dejado atónita, _____ no pudo evitar mirar a Tom. ¿Qué haría cuando se viera obligado a reconocer ante su prima que había roto su compromiso? Pero ese era su problema, no el de ella, pensó.
Sin embargo, algo extraño había ocurrido en su interior. Aquella noche, Tom había salido del despacho adjunto al dormitorio y había dicho, de pie, frente a ella, como pidiéndole una tregua:
—Dudo mucho de que cualquier hombre que te viera en este momento pudiera desear otra cosa que hacerte suya, ______.
______ no sentía ningún deseo de salir a actuar aquella noche, al contrario, pero desde ese instante se sentía una persona nueva. De pronto, se había convertido en la novia de Tom e igual que cualquier otra mujer enamorada, se sentía orgullosa del hombre al que amaba. Se sentía femenina, protegida. La ansiedad que expresaban sus ojos no era por su culpa, sino por él. ¿Cómo se sentiría Tom cuando Caroline le arrojara a la cara la respuesta que acababa de darle? ¿Cómo se habría sentido de joven, al darse cuenta exactamente de lo que Caroline pretendía de él?
—¡Esposas, me encantan las esposas!—comentó Aristotle sonriendo maliciosamente, inclinándose sobre _____ y poniendo una mano sobre su brazo.
_____ giró inmediatamente la cabeza para darle la espalda. Estaba plenamente de acuerdo con Jimena en su opinión sobre el contable de Caroline. Era un hombre alto, pero su pecho era tan ancho que resultaba recio. Llevaba el pelo negro engominado, y el traje blanco, sobre la camisa negra, no le favorecía, a juicio de ______. Tom, por el contrario, estaba muy sexy, frío y relajado con sus traje de etiqueta y su camisa blanca. Si al principio le había parecido excesivo ponerse el vestido negro, siguiendo el consejo de Jimena, en ese momento, tras ver el atuendo de Caroline, comprendía que había sido un acierto.
Caroline llevaba un vestido blanco totalmente ajustado al cuerpo, un vestido que no dejaba lugar para la imaginación.
—Lo han diseñado especialmente para mí—había comentado Caroline dirigiéndose a Tom—. Está diseñado para llevarlo justo como a mí me gusta... bien pegadito. Eso me recuerda una cosa, Tom. Espero que hayas advertido a tu novia de que me gusta compartir contigo la piscina por las mañanas, no quiero que se asuste... Tom es igual que yo, le gusta nadar desnudo en la piscina—había añadido mirando a ______.
Desnudo. ______ no había podido evitar mirar brevemente a Tom con una expresión de shock. Por fortuna, Caroline la interpretó como una muestra de celos. Mientras ella trataba de asimilar el provocativo comentario, Tom respondió, con brusquedad:
—Solo recuerdo una ocasión en la que trataste de venir a bañarte conmigo por la mañana, Caroline, pero también recuerdo que te advertí de que no me gusta que me interrumpan en ese momento.
—Oh, cariño, ¿es que temes que haya dicho algo que no quieras que oiga tu novia? ¡Pero Tom!—continuó alargando una mano para ponerla sobre el brazo de él—, ella tiene que comprender que un hombre tan atractivo como tú... tan viril como tú... ha debido tener muchas amantes antes de conocerla.
Aquel descaro le robó el aliento a ______. Podía imaginar cómo se habría sentido de haber sido Tom verdaderamente su novio. Celosa, rabiosa, insegura. A ninguna mujer le gustaba que le recordaran algo así. Y menos con tanto descaro, como sugiriendo que ella había sido una de ellas.
Sin embargo, aparentemente, aquellas palabras no parecieron afectar a Tom. Sencillamente se apartó de Caroline echándose hacia atrás y poniendo el brazo alrededor de los hombros de ______. La agarraba con tal fuerza que tenía que sentirla temblar. Y aquellos estremecimientos aumentaron al notar que Tom le acariciaba el hombro ausente, sin darse cuenta.
—______ sabe que ella es la única mujer a la que amaré siempre... la mujer con la que quiero pasar el resto de mi vida.
Cuanto más observaba y escuchaba a Caroline más se convencía ______ de que era cierto lo que había dicho Jimena. Sus motivos para actuar de aquella manera no tenían nada que ver con el amor. A veces miraba a Tom como si lo odiara, como si quisiera destruirlo.
Aristotle, «Ari», como él mismo le había pedido que lo llamara, seguía tratando de llamar su atención, pero _____ fingía no darse cuenta. Le resultaba tan repulsivo que la mera idea de que le pusiera la mano encima le desagradaba. Sin embargo, la buena educación la obligaba a contestar con cortesía, por mucho que él se mostrara indiscreto y sus comentarios fueran intolerables. Por ejemplo le había asegurado que, de ser él el contable de Tom, le habría aconsejado obligarla a firmar un acuerdo prenupcial.
Para sorpresa de _____, Tom lo había interrumpido asegurando que jamás le pediría a ______ que firmara nada.
—El dinero no es nada comparado con el amor—había dicho Tom implacable, con plena convicción.
Aquello había vuelto a robarle el aliento a ______. Entonces él la había mirado, pero ______ había vuelto a recordar cómo se habían conocido y cuál era su opinión sobre ella y, de pronto, había sentido una amargura tal que había deseado decirle que se equivocaba.
Al menos, se reconfortó _______, le gustaba a Tom y a su madre. Jimena le había dicho que su prima mayor se había mostrado encantada de saber que Tom estaba comprometido. Iría a la isla con su marido y sus hijos a finales de ese mismo mes.
—El marido de Lydia es diplomático, y ahora están en Bruselas, pero está deseando conocerte—había asegurado Jimena.
Experimentar el rechazo de la familia de Tom habría sido terrible. De pronto, ______ notó que el rostro le ardía. ¿En qué diablos estaba pensando? Solo estaba interpretando un papel, el compromiso era una farsa, una ficción... una mentira para ayudar a Tom a escapar de las maquinaciones de Caroline. Eso no debía olvidarlo, era Tom quien la había engañado, quien le había hecho chantaje.
Aristotle dijo entonces que deseaba enseñarle los jardines de la mansión. ______ sacudió automáticamente la cabeza. Su rostro ardía de rubor al ver cómo la observaba Tom, con una expresión de ira, como de advertencia. ¿Sería posible que la creyera dispuesta a aceptar la oferta de Aristotle?
—______ ha tenido hoy un día muy largo, así que ya es hora de que os demos las buenas noches—lo escuchó decir levantándose de la silla bruscamente.
______ miró rápidamente a su alrededor. Era evidente, por la expresión de todos, la interpretación que daban a las palabras de Tom. El acaloramiento y rubor de su rostro no hacía sino confirmar esas sospechas.
—Tom...—comenzó a decir mientras lo observaba acercarse a su silla para hacerla levantarse—, yo no...
—Pierdes el tiempo, ______—rió Jimena—, porque puede que tú no, pero mi hermano desde luego que sí. ¡Oh, hermanito mío, no me mires con esa cara!—dijo echándose a reír, tras lo cual añadió, pícaramente: —Apuesto a que mañana no vas a chapotear solo en la piscina..
—¡Jimena!—protestó su madre ruborizada, mientras Caroline le lanzaba una mirada de odio a ______.
Capitulo 39
______ se puso en pie de mala gana, pero después se quedó helada al ver a Aristotle. Se había puesto en pie él también, e insistía:
—Debo reclamar mi derecho, como amigo de la familia, a besar al nuevo miembro para darle las buenas noches.
Antes de que ______ pudiera rechazarlo, y antes incluso de que Aristotle llevara a cabo lo que pretendía, Tom se interpuso entre ellos dos, diciendo...:
—Solo hay un hombre en esta familia al que bese mi novia...
—Si siguieras mi consejo, te mantendrías alejada de Aristotle. Tiene una pésima reputación con las mujeres. Su ex esposa lo acusó de mostrarse violento con ella y...
—entonces, _____, ¿crees que podrás llegar a ser una buena esposa griega, si finalmente Tom y tú se casan?
_____ escuchó el suspiro de indignación de Jimena por la forma en que Caroline le dirigía aquella pregunta, pero se negó a dejarse intimidar por ella. Nada más sentarse a la mesa resultó evidente el tenaz deseo de Caroline de molestarla y ofenderla. Sin embargo, antes de que pudiera decir nada, Tom contestó a la pregunta en su lugar:
—No hay ningún «si» en este tema, Caroline—afirmó implacable—. _____ se convertirá en mi esposa.
Ante aquella declaración, que la había dejado atónita, _____ no pudo evitar mirar a Tom. ¿Qué haría cuando se viera obligado a reconocer ante su prima que había roto su compromiso? Pero ese era su problema, no el de ella, pensó.
Sin embargo, algo extraño había ocurrido en su interior. Aquella noche, Tom había salido del despacho adjunto al dormitorio y había dicho, de pie, frente a ella, como pidiéndole una tregua:
—Dudo mucho de que cualquier hombre que te viera en este momento pudiera desear otra cosa que hacerte suya, ______.
______ no sentía ningún deseo de salir a actuar aquella noche, al contrario, pero desde ese instante se sentía una persona nueva. De pronto, se había convertido en la novia de Tom e igual que cualquier otra mujer enamorada, se sentía orgullosa del hombre al que amaba. Se sentía femenina, protegida. La ansiedad que expresaban sus ojos no era por su culpa, sino por él. ¿Cómo se sentiría Tom cuando Caroline le arrojara a la cara la respuesta que acababa de darle? ¿Cómo se habría sentido de joven, al darse cuenta exactamente de lo que Caroline pretendía de él?
—¡Esposas, me encantan las esposas!—comentó Aristotle sonriendo maliciosamente, inclinándose sobre _____ y poniendo una mano sobre su brazo.
_____ giró inmediatamente la cabeza para darle la espalda. Estaba plenamente de acuerdo con Jimena en su opinión sobre el contable de Caroline. Era un hombre alto, pero su pecho era tan ancho que resultaba recio. Llevaba el pelo negro engominado, y el traje blanco, sobre la camisa negra, no le favorecía, a juicio de ______. Tom, por el contrario, estaba muy sexy, frío y relajado con sus traje de etiqueta y su camisa blanca. Si al principio le había parecido excesivo ponerse el vestido negro, siguiendo el consejo de Jimena, en ese momento, tras ver el atuendo de Caroline, comprendía que había sido un acierto.
Caroline llevaba un vestido blanco totalmente ajustado al cuerpo, un vestido que no dejaba lugar para la imaginación.
—Lo han diseñado especialmente para mí—había comentado Caroline dirigiéndose a Tom—. Está diseñado para llevarlo justo como a mí me gusta... bien pegadito. Eso me recuerda una cosa, Tom. Espero que hayas advertido a tu novia de que me gusta compartir contigo la piscina por las mañanas, no quiero que se asuste... Tom es igual que yo, le gusta nadar desnudo en la piscina—había añadido mirando a ______.
Desnudo. ______ no había podido evitar mirar brevemente a Tom con una expresión de shock. Por fortuna, Caroline la interpretó como una muestra de celos. Mientras ella trataba de asimilar el provocativo comentario, Tom respondió, con brusquedad:
—Solo recuerdo una ocasión en la que trataste de venir a bañarte conmigo por la mañana, Caroline, pero también recuerdo que te advertí de que no me gusta que me interrumpan en ese momento.
—Oh, cariño, ¿es que temes que haya dicho algo que no quieras que oiga tu novia? ¡Pero Tom!—continuó alargando una mano para ponerla sobre el brazo de él—, ella tiene que comprender que un hombre tan atractivo como tú... tan viril como tú... ha debido tener muchas amantes antes de conocerla.
Aquel descaro le robó el aliento a ______. Podía imaginar cómo se habría sentido de haber sido Tom verdaderamente su novio. Celosa, rabiosa, insegura. A ninguna mujer le gustaba que le recordaran algo así. Y menos con tanto descaro, como sugiriendo que ella había sido una de ellas.
Sin embargo, aparentemente, aquellas palabras no parecieron afectar a Tom. Sencillamente se apartó de Caroline echándose hacia atrás y poniendo el brazo alrededor de los hombros de ______. La agarraba con tal fuerza que tenía que sentirla temblar. Y aquellos estremecimientos aumentaron al notar que Tom le acariciaba el hombro ausente, sin darse cuenta.
—______ sabe que ella es la única mujer a la que amaré siempre... la mujer con la que quiero pasar el resto de mi vida.
Cuanto más observaba y escuchaba a Caroline más se convencía ______ de que era cierto lo que había dicho Jimena. Sus motivos para actuar de aquella manera no tenían nada que ver con el amor. A veces miraba a Tom como si lo odiara, como si quisiera destruirlo.
Aristotle, «Ari», como él mismo le había pedido que lo llamara, seguía tratando de llamar su atención, pero _____ fingía no darse cuenta. Le resultaba tan repulsivo que la mera idea de que le pusiera la mano encima le desagradaba. Sin embargo, la buena educación la obligaba a contestar con cortesía, por mucho que él se mostrara indiscreto y sus comentarios fueran intolerables. Por ejemplo le había asegurado que, de ser él el contable de Tom, le habría aconsejado obligarla a firmar un acuerdo prenupcial.
Para sorpresa de _____, Tom lo había interrumpido asegurando que jamás le pediría a ______ que firmara nada.
—El dinero no es nada comparado con el amor—había dicho Tom implacable, con plena convicción.
Aquello había vuelto a robarle el aliento a ______. Entonces él la había mirado, pero ______ había vuelto a recordar cómo se habían conocido y cuál era su opinión sobre ella y, de pronto, había sentido una amargura tal que había deseado decirle que se equivocaba.
Al menos, se reconfortó _______, le gustaba a Tom y a su madre. Jimena le había dicho que su prima mayor se había mostrado encantada de saber que Tom estaba comprometido. Iría a la isla con su marido y sus hijos a finales de ese mismo mes.
—El marido de Lydia es diplomático, y ahora están en Bruselas, pero está deseando conocerte—había asegurado Jimena.
Experimentar el rechazo de la familia de Tom habría sido terrible. De pronto, ______ notó que el rostro le ardía. ¿En qué diablos estaba pensando? Solo estaba interpretando un papel, el compromiso era una farsa, una ficción... una mentira para ayudar a Tom a escapar de las maquinaciones de Caroline. Eso no debía olvidarlo, era Tom quien la había engañado, quien le había hecho chantaje.
Aristotle dijo entonces que deseaba enseñarle los jardines de la mansión. ______ sacudió automáticamente la cabeza. Su rostro ardía de rubor al ver cómo la observaba Tom, con una expresión de ira, como de advertencia. ¿Sería posible que la creyera dispuesta a aceptar la oferta de Aristotle?
—______ ha tenido hoy un día muy largo, así que ya es hora de que os demos las buenas noches—lo escuchó decir levantándose de la silla bruscamente.
______ miró rápidamente a su alrededor. Era evidente, por la expresión de todos, la interpretación que daban a las palabras de Tom. El acaloramiento y rubor de su rostro no hacía sino confirmar esas sospechas.
—Tom...—comenzó a decir mientras lo observaba acercarse a su silla para hacerla levantarse—, yo no...
—Pierdes el tiempo, ______—rió Jimena—, porque puede que tú no, pero mi hermano desde luego que sí. ¡Oh, hermanito mío, no me mires con esa cara!—dijo echándose a reír, tras lo cual añadió, pícaramente: —Apuesto a que mañana no vas a chapotear solo en la piscina..
—¡Jimena!—protestó su madre ruborizada, mientras Caroline le lanzaba una mirada de odio a ______.
Capitulo 39
______ se puso en pie de mala gana, pero después se quedó helada al ver a Aristotle. Se había puesto en pie él también, e insistía:
—Debo reclamar mi derecho, como amigo de la familia, a besar al nuevo miembro para darle las buenas noches.
Antes de que ______ pudiera rechazarlo, y antes incluso de que Aristotle llevara a cabo lo que pretendía, Tom se interpuso entre ellos dos, diciendo...:
—Solo hay un hombre en esta familia al que bese mi novia...
—Si siguieras mi consejo, te mantendrías alejada de Aristotle. Tiene una pésima reputación con las mujeres. Su ex esposa lo acusó de mostrarse violento con ella y...
______, a punto de entrar en el baño, se dio la vuelta y mostró su indignación:
—No puedes estar sugiriendo lo que creo que estás sugiriendo.
Tom cerró la puerta del dormitorio. ¿Cómo podía siquiera imaginar que estaba interesada por un hombre como Aristotle? Aquello era un insulto que no estaba dispuesta a tolerar.
—¿En serio?—preguntó Tom escueto—. Estás aquí por una única razón, ______: interpretar el papel de mi novia. Comprendo que, siendo la mujer que eres, la tentación de hacer exactamente lo que sabes hacer mejor debe ser muy fuerte, pero deja que te advierta: no te atrevas. Si lo haces, de hecho...
¿Si se atrevía...? Jamás, antes morir que dejar que Ari se le acercara. Pensar que minutos antes, en el comedor, había sentido cierta simpatía hacia Tom, cierto deseo de protegerlo... La indignación y el orgullo la embargaban.
—Si quieres que te diga la verdad, encuentro a Ari tan repugnante como a ti—respondió amargamente.
—¿Te atreves a compararme con un reptil como ese? ¿Cómo te atreves a hablar de mí así... a la cara?—preguntó Tom de tan mal humor como ella, alargando la mano y agarrándola del brazo. Los ojos de Tom brillaban llenos de ira, incapaces de contenerse—. Ese hombre es un animal, un verdadero animal. El año pasado, sin ir más lejos, estuvo a punto de ser acusado de criminal. No entiendo cómo Caroline lo tolera, ya se lo he dicho.
—Quizá quiera ponerte celoso.
Aquel comentario, excesivamente valiente, estaba fuera de lugar. ______ se arrepintió inmediatamente de haberlo hecho, nada más ver la ira que provocó en Tom.
—¿Que ella quiere ponerme celoso?, ¿no serás tú? Sí, ya vi el modo en que te miraba durante la cena... el modo en que te tocaba...
—Eso no tiene nada que ver conmigo—protestó ______.
Había algo que lo irritaba. Algo que alimentaba su ira y que ella no comprendía, pero que Tom encontraba intolerable.
—Así que dices que me encuentras repugnante—continuó Tom con los dientes apretados—. Quizá encuentres poco cortés, poco caballeroso que lo diga, pero no era repugnancia lo que vi en tus ojos hoy mismo, hace un rato. No era repugnancia lo que escuché en tu voz, lo que sentí en tu cuerpo... ¿O sí lo era? ¿Lo era?—exigió saber con dureza.
—No lo sé—contestó ______ echándose a temblar—, no lo recuerdo.
Aquella era la peor respuesta que le podía haber dado, reflexionó ______ unos segundos después, cuando Tom continuó, de inmediato:
—¿No lo recuerdas? Entonces, quizá, deba ayudarte a recordar...
______ comenzó a protestar, pero sus palabras se desvanecieron. Y no porque Tom no quisiera escucharla, sino porque los labios de ______ se negaron a pronunciarlas.
—Entonces, ______, ¿cuándo ha sido, exactamente, cuando me has encontrado repugnante?—exigió saber Tom mientras la estrechaba entre sus brazos, aprisionándola de tal modo que le era imposible escapar—. ¿Cuando he hecho esto...?—añadió posando los labios sobre los de ella, besándola y torturándola, despertando un torrente de sensaciones que ella hubiera preferido no experimentar—. ¿O cuando he hecho esto...?
Tom probó con la punta de la lengua los labios que ella mantenía desesperada y firmemente cerrados. Los acarició y dibujó sus curvas una y otra vez hasta que ______ escuchó sus propios gemidos impotentes y abrió los labios para él. Pero Tom no se conformó con eso, aquella victoria no era suficiente.
—¿Cómo, no respondes? Me pregunto por qué... ¿No será que es inútil que siga preguntándomelo? Estás acostumbrada a ofrecer tu cuerpo a los hombres, ______, acostumbrada a sentir placer. Y ahora mismo deseas que yo te procure ese placer.
—¡No!—negó _____ con un gemido, tratando de girar la cara para liberarse de él.
—Sí—insistió él con crudeza—. Sí, admítelo, ______... Me deseas... tu cuerpo desea al mío. Desea la satisfacción sexual a la que está acostumbrado... lo anhela con urgencia.
Un estremecimiento recorrió a ______ al comprender lo que había de cierto en sus palabras. Deseaba a Tom, pero no tal y como él estaba sugiriendo. Lo deseaba como desea una mujer enamorada, comprendió trémula. Lo deseaba como amante, como esposo, no solo como compañero accidental de cama. Lo deseaba como se desea a la persona que te procura la satisfacción física de una necesidad, tal y como él, cruelmente, decía. ¿Pero cómo era posible que lo amara? Era imposible... pero era así.
Se había enamorado de él en el mismo momento en que lo vio, se confesó ______ desesperada. Al principio, debido a su lealtad hacia Selena, había tratado de negarlo diciéndose que él estaba fuera de su alcance, que no le estaba permitido sentir nada por él... igual que no le estaba permitido sentir nada en ese momento, aunque por otras razones. Sel había dejado de ser un obstáculo, pero Tom y su opinión sobre ella seguían interponiéndose como una barrera.
—¡Suéltame, Tom!—exigió ______.
—No hasta que no admitas que tengo razón y que me deseas—se negó Tom—. ¿O es que lo que quieres es que te lo demuestre?.
HOLA!!! JESUS MARIA Y JOSE ... QUE TENSION SEXUAL HAY ALLI ... ESPERO Y LES GUSTEN LOS CAPS .. LA _____ ENAMORADA DE TOM ... QUIEN NO *-* JAJAJJA BUENO YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA .. HASTA PRONTO MIS AMIGAS ALIENS :))
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