martes, 29 de septiembre de 2015

.- una novia temporal .- 16 17 18 y 19

 Capitulo 16

Por primera vez ______ no supo qué contestar, pero en su fuero interno sentía vergüenza e ira. Era imposible detener a Tom, lo sabía, pero tenía la intención de contar cada penique para devolvérselo uno a uno, aunque tuviera que despedirse de todos sus ahorros.

—¿Más objeciones?—inquirió Tom con amabilidad—. Bien, porque te aseguro, ______, que estoy decidido a llevar a cabo mis planes, aunque tenga que vestirte y desvestirte yo mismo, personalmente, para conseguirlo. Y no te confundas, cuando lleguemos a Aphrodite parecerás mi novia.

Media hora más tarde, mientras recorrían la autopista a toda velocidad, ______ cayó en la cuenta de que, con tanto discutir sobre cómo debía vestirse, había olvidado algo mucho más importante: negociar con Tom cómo iban a pasar la noche. ¿Pero había acaso algo que temer? No desde luego, el hecho de que Tom pretendiera hacer ciertos avances sexuales sobre ella. Después de todo, le había dejado perfectamente claro lo que pensaba sobre su moral.
______ era demasiado orgullosa como para confesar que le producía aprensión compartir con él la intimidad de un apartamento. En la isla, sin embargo, todo sería diferente. Estarían con su familia y con los sirvientes que, según Tom, cuidaban de la majestuosa mansión. No, era mejor no decir nada, no exponerse a sus burlas y a su desprecio.
Caroline daba golpecitos impacientes sobre el asfalto con el caro zapato de diseño mientras esperaba a que el chófer metiera las maletas en la limusina alquilada. Se había puesto en marcha en el mismo instante de enterarse de que Tom estaba a punto de llevar a su novia a Aphrodite para conocer oficialmente a la familia. Por suerte, un compromiso no era exactamente lo mismo que una boda, y ella estaba dispuesta a hacer cuanto pudiera para evitar que ese compromiso, en concreto, llegara a su fin.
Conocía las razones por las que lo hacía Tom, por supuesto. Al fin y al cabo, él era griego hasta la médula, por mucho que insistiera siempre en que por sus venas corría sangre inglesa. Y, como griego que era, como hombre, en definitiva, necesitaba sentirse en pleno dominio de su propia vida.
El hecho de que gritara a los cuatro vientos que estaba enamorado de otra mujer era, sencillamente, su modo de demostrar que poseía ese dominio, ese control. Era su modo de negarse a ceder ante su abuelo, de demostrarle que no estaba dispuesto a acceder a una unión tan querida para él. Y para ella.
La limusina arrancó, y Carroline dio la dirección de un lujoso bloque de apartamentos con vistas al río. Ella no tenía casa en Londres, prefería la vida social de Nueva York o las tiendas de París.
Tom quizá pensara que había logrado desanimarla anunciando ese compromiso con una inglesita de sangre fría y poco appeal, pero Caroline estaba dispuesta a acabar con esas relaciones cuanto antes, a demostrarle dónde estaban sus verdaderos intereses. Al fin y al cabo, ¿cómo iba a poder resistírsele? Ella poseía todo aquello lo que él podía desear en una mujer, y él, desde luego, tenía todo lo que ella deseaba en un hombre.
Era una lástima que Tom hubiera logrado evitar que ella pujara más alto por la cadena de hoteles recientemente adquirida. Para ella, poseer esa cadena no significaba en realidad nada, pero podía llegar a ser un excelente anzuelo con que cazarlo a él, ya que en tanto lo valoraba. ¿Por qué quería comprarlo? Eso Caroline era incapaz de comprenderlo. Lo cierto era que, en muchos sentidos, Caroline no alcanzaba a comprender a Tom, pero esa era una de las razones por las que le resultaba tan atractivo. Caroline siempre se había empeñado en tener aquello que estaba fuera de su alcance.
La primera vez que se dio cuenta de que deseaba a Tom había sido cuando él tenía quince años y ella estaba a punto de casarse. Caroline sonrió solo de recordarlo. Con quince años, aunque todavía un niño, Tom era tan alto como un hombre, tenía un cuerpo perfecto y un rostro increíblemente bien parecido. Solo de mirarlo se había derretido.
Caroline había hecho todo cuanto estaba en su mano para seducirlo, pero él había logrado resistírsele y, después, en el plazo de un mes, aún a sabiendas de que seguía deseándolo, ella se había casado con otro.
Con veintidós años no se podía decir que fuera una novia joven, según los cánones griegos. Por eso había perseguido insistentemente a su futuro marido. Él era diez años mayor que ella, e inmensamente rico. Juntos habían jugado al perro y al gato durante un año hasta que, por fin, él había recapitulado. Caroline jamás habría cedido tras una lucha tan larga y ardua, ni siquiera a causa de su pasión por Tom que, al fin y al cabo, era solo un niño.
Pero entonces el azar, el destino había intervenido. Su marido murió repentinamente y ella se quedó viuda. Era una viuda muy rica, rica y muy sedienta de sexo. Y, por fin, Tom se había convertido en un hombre. ¡Y qué hombre! Lo único que los separaba era el orgullo de Tom. Tenía que ser eso. ¿Qué otras razones podía tener él para resistirse a sus encantos?

Capitulo 17

La limusina se detuvo frente al bloque de apartamentos y Caroline se miró al espejo del Rolls. La operación de cirugía estética que se había hecho el año pasado para alisarse la piel y deshacerse de la grasa sobrante bien valía el precio que había pagado. Podía pasar perfectamente por una mujer de treinta años. Llevaba el pelo moreno cortado a la última moda en la mejor de las peluquerías, el cutis brillante e hidratado con los productos más caros, el maquillaje perfecto e inmaculado, destacando sus ojos negros, y las uñas de los pies y manos brillantes con laca de uñas rojo oscuro. Una sonrisa de satisfacción curvó sus labios. No, era imposible que una simple chica de oficina, una muchachita de la que, oficialmente, se había enamorado durante las negociaciones para la compra de la cadena de hoteles, pudiera competir con ella. La expresión de los ojos de Caroline se hizo más severa. Esa chica, quien quiera que fuese, comprendería pronto el error que había cometido tratando de reclamar al hombre que ella deseaba. Un tremendo error. Caroline salió de la limusina dejando tras ella el rastro del perfume que ordenaba preparar en París única y exclusivamente para ella, un perfume denso, pesado, con un aura sexy a musgo. Sus hijas, ya adolescentes, lo detestaban, le rogaban constantemente que cambiara de perfume, pero Caroline no tenía ninguna intención de hacerlo. Aquella fragancia era como su firma, la esencia de sí misma como mujer. La aburrida novia inglesa de Tom, indudablemente, llevaría insípida agua de lavanda.

—Dejaré aquí el coche—dijo Tom deteniendo el Mercedes en el aparcamiento de un carísimo centro comercial, justo en el centro de la ciudad. ______ abrió los ojos incrédula al ver el precio a que se cobraba la hora de aparcamiento. Ella jamás habría soñado pagar tanto dinero por aparcar, pero los ricos, según parecía, eran diferentes. Hasta qué punto eran diferentes, eso lo comprendió ______ a lo largo de aquella tarde, mientras Tom la arrastraba de tienda en tienda, a cual más lujosa. En cada una de ellas la presencia de Tom producía en los empleados el tipo de comportamiento reverente que ______ había imaginado. Admiración por parte de las mujeres, especulación sobre su reacción ante los distintos trajes que iban sacando para su inspección... Su inspección, no la de ella, comprendió _______ con creciente resentimiento y frustración.
 —Yo no soy una niña ni una muñeca—explotó por fin ______ al salir de una de las tiendas, tras negarse a probarse un traje de pantalón beis que, según la vendedora, era perfecto para ella.
—¿No? Pues desde luego estás haciendo una imitación perfecta—replicó Tom—. Ese traje era...
—¡Ese traje costaba más de mil libras!—lo interrumpió _______—. ¡Es imposible que pueda pagar jamás ese precio por un traje.. ni siquiera por mi traje de novia!—Tom se echó a reír—. ¿Qué es lo que te resulta tan divertido?
—Tú—contestó él—. Mi querida ______, ¿tienes idea del tipo de vestido de novia que te van a dar por menos de mil libras?
—No, ni idea—admitió _______—, pero lo que sí sé es que jamás me sentiré cómoda llevando una ropa que cuesta lo mismo que alimentar a todo un país, aunque sea pequeño. Además, llevar un vestido de novia caro no es garantía de que el matrimonio vaya a tener éxito.
—Ahórrate las lecciones de moralidad—la interrumpió Tom enfadado—. ¿Se te ha ocurrido pensar alguna vez cuánta gente se quedaría sin trabajo si todo el mundo fuera por ahí con sacos en lugar de trajes y vestidos, como a ti te gusta?
—Eso no es justo—se defendió ______—. No sé por qué insistes tanto en ir de compras, yo no necesito ropa. Ya te lo he dicho. Y, desde luego, no hace ninguna falta que vayas por ahí alardeando de tu dinero para impresionarme.
—No, ni a ti ni a nadie—la interrumpió Tom—. Soy un hombre de negocios, ______. Yo no voy por ahí alardeando de mi dinero ante nadie, por ninguna razón, y menos aún ante una mujer a la que podría comprar por la mitad del precio de ese traje que has rechazado. ¡Oh no, de eso nada!—añadió en tono de advertencia, con voz de seda, alargando una mano para agarrar la de ella, que _______ había levantado automáticamente.

Capitulo 18

Tom la agarraba por la muñeca con tanta fuerza que ______ vio cómo los dedos se le ponían completamente blancos, pero tenía demasiado orgullo como para decirle que le estaba haciendo daño. También tenía demasiado orgullo como para admitir que se había dejado llevar momentáneamente por la ira, y solo cuando comenzó a tambalearse, atónita y pálida de dolor, se dio cuenta Tom de lo que estaba ocurriendo. La soltó y juró en voz baja, y luego comenzó a hacerle un masaje en la muñeca con la intención de restablecer el flujo de sangre.

—¿Por qué no me has dicho que te estaba haciendo daño? ¡Tienes los huesos más frágiles que los de un pájaro!
Pero ni aún entonces, mientras él se inclinaba sobre ella para darle masajes, se ablandó _______ lo suficiente como para pedirle compasión y clemencia.

—No quería echar a perder el momento, parecías tan divertido. Es evidente que disfrutas haciéndome daño.
______ se puso tensa al escuchar el «oooh» que Tom profirió mientras la soltaba. Y más tensa aún cuando vio el brillo decidido de sus ojos al decir:
—Esto ha ido demasiado lejos, te estás comportando como una niña. Primero una ramera, y ahora una niña. De ahora en adelante, solo quiero que interpretes un papel, ______, y sabes muy bien a cuál me refiero. Te lo advierto, si haces o dices algo que provoque las sospechas de mi familia, que les haga pensar en lo más mínimo que no estamos enamorados, te lo haré pagar bien caro. ¿Me comprendes?
—Sí, te comprendo.
 —Te estoy hablando muy en serio—volvió a advertir Tom—. Y te aseguro que no solo no podrás trabajar en la cadena de empresas Demetrios. Si me fallas, _______, me ocuparé personalmente de que no puedas trabajar en ningún sitio. Un contable en el que no se puede confiar, que ha sido despedido por sospechas de robo, no es precisamente el empleado más solicitado.
—¡No puedes hacer eso!—exclamó ______ con voz débil, pálida, consciente de que era capaz de hacerlo. Lo odiaba... lo odiaba de verdad.
Cuando, al arrastrarla a la siguiente tienda, _______ vio la mirada lasciva de la dependienta hacia él, no pudo por menos de comprender que Tom recibía con una cálida bienvenida aquella mirada. ¡Más que cálida! Tom no decidió, por fin, que _______ tenía el vestuario que necesitaba hasta última hora de la tarde. En la última tienda, la vendedora le procuró a ______ una ropa que ella solo había visto en las revistas. _______ había rechazado todo lo que ella iba sacando, pero en cada ocasión, excepto en una, Tom había impuesto su criterio. La única vez en que ambos estuvieron de acuerdo fue cuando la dependienta sacó un bikini que, según ella, era perfecto para _______. La escasez de tela que debía cubrir sus vergüenzas la hizo abrir los ojos atónita. Y más aún el precio.

—¡Pero con eso no voy a poder nadar!—había protestado _______.
 —¿Nadar con este bikini?—había repetido la dependienta, perpleja—. ¡Dios mío, claro que no! Este bikini no es para nadar. Mira, este es el pareo a juego. ¿A que es divino?
—No, ese no es el tipo de vestimenta que deseo que lleve mi novia—las había interrumpido Tom, añadiendo después, por si _______ no lo había interpretado bien: —______ tiene un cuerpo lo suficientemente llamativo como para no necesitar adornarlo con un bikini propio de una chica de alterne.
La dependienta, muy diplomática, no había insistido. Sencillamente había vuelto con un surtido de bañadores. ______ había elegido el más barato, pero tuvo que conformarse cuando Tom añadió el pareo correspondiente. Mientras Tom pagaba la cuenta y lo arreglaba todo para que le mandaran los paquetes a su apartamento, _______ disfrutó de un café que le ofrecieron en la misma tienda. Quizá fuera por el hecho de que no había comido nada en todo el día, pero lo cierto era que se sentía desfallecer, tenía mucha ansiedad. De ningún modo se debía esa sensación a que Tom y ella fueran a pasar la noche en el mismo apartamento, era imposible. ¿O no?

—Hay un restaurante excelente junto al apartamento—le informó Tom una vez en el coche, conduciendo—. Pediré que suban la cena...
—No—protestó ______ de inmediato—, prefiero salir fuera.
—Pues no creo que sea una buena idea—contestó él sencillamente—. Una mujer sola, sobre todo una mujer como tú, atrae la atención de mucha gente y, además, pareces cansada. Yo tengo que salir, y no tengo ni idea de cuándo volveré.

Capitulo 19

Tom iba a salir. ______ sintió que la noticia la relajaba. Estaba cansada de tanta compra, de calcular las sumas de dinero que le debía a Tom. Era mucho más de lo que hubiera querido. Tanto, que solo de pensarlo se ponía enferma.
_______ siguió a Tom por el aparcamiento hasta el vestíbulo del bloque de viviendas. Hacía falta una llave especial para poner en marcha el ascensor, que subió tan suavemente que ella no se dio ni cuenta.

—Por aquí—dijo Tom tocándole el brazo y guiándola hacia una de las puertas.
Tom llevaba su maleta, que dejó en el suelo mientras abría la puerta, obligando a ______ a pasar delante.

LO PRIMERO que sorprendió a ______ del apartamento no fueron los cuadros de arte moderno colgados de las paredes del vestíbulo, sino el olor: un olor a musgo denso, pesado, que le taponó la nariz y la exasperó. No había duda de que Tom era igualmente consciente de ese olor. Él se detuvo un instante y levantó la cabeza como una pantera oliendo el aire.

—¡Demonios... demonios y más demonios!—lo escuchó musitar ______ entre dientes.


Inmediatamente después, para su asombro, Tom abrió la puerta acristalada que daba al salón y la agarró. Le clavó los dedos en los brazos y le susurró, en tono de advertencia, mientras sus ojos, negros como el azabache, brillaban fijos y autoritarios sobre los de ella:

—¡Por fin solos! Cómo te lo has pasado hoy tomándome el pelo, querida mía. Pero ahora te tengo para mí solo, y voy a darte el castigo que te mereces...

El suave tono de la voz de Tom, tanto como sus palabras, se derramaron sobre ella anulando toda lógica. _______ se agarró a él con un fuerte shock. Entonces su boca se posó sobre la de ella silenciando sus protestas, amoldándola a sus labios, dándoles forma, mimándola, seduciéndola con una habilidad que arruinó todas sus defensas con la misma eficacia que una bomba atómica.
_______ susurró incoherentemente su nombre tratando de decirle que dejara de hacer eso y le diera una explicación, pero sus labios, todos sus sentidos, poco acostumbrados a aquella estimulación tan sensual, negaban todo razonamiento, toda cautela, todo pensamiento que su cerebro quisiera imponer. Al principio se había quedado helada del shock, pero pronto comenzó a derretirse al calor de la pasión, ante la habilidad voraz que demostraba Tom, y sus labios se ablandaron y temblaron en una respuesta desinhibida imprevista.
_______, inconsciente de lo que hacía, comenzó a estrecharme contra él poniéndose de puntillas para colgarse con ardor de su cuello y sentir el placer de sus besos. Sus manos, sobre los brazos de él, acariciaron el duro músculo mientras el corazón se le aceleraba ante la intensidad de lo que estaba sintiendo.
Y si podía oler aquel perfume femenino a musgo, también podía oler la fragancia de Tom. Podía sentir su calor... su pasión... su virilidad... Algo muy dentro de ella, algo que ni siquiera sabía que existía, respondía a él igual que sus labios respondían a los besos...
_______ respondía relajándose en sus brazos por completo, urgiéndolo con su cuerpo a estrecharla con más fuerza, a dejarla sentir el resto de su masculinidad.
Mareada, ______ abrió los ojos que había cerrado al primer contacto de los labios de Tom, estremeciéndose al ver el brillo de sensualidad de su mirada, fija en ella.
Aquello era como montar sobre una vertiginosa montaña rusa que volara por encima de la tierra y en la que pudiera sentir el peligro pero, al mismo tiempo, supiera que estaba a salvo.


HOLA!! BUENO AQUI ESTAN LOS CAPITULOS DE HOY ... 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA ... HASTA PRONTO Y GRACIAS POR LEER :))

lunes, 28 de septiembre de 2015

.- una novia temporal .- 12 13 14 y 15

Capitulo 12 

______ escuchó perfectamente el gemido de sorpresa de la secretaria que, a pesar de todo, no podía estar más sorprendida que ella. Tom había dicho que era una buena actriz, pero él tampoco lo hacía nada mal. Solo la mirada que le estaba dirigiendo en ese preciso momento, aparte de su voz, resultaba lo suficientemente convincente.
La secretaria salió del despacho de Tom y, tras cerrar la puerta, ______ dijo:

—¿Te das cuenta de que, para la hora de la comida, el rumor se habrá extendido por toda la oficina?
—¿Por toda la oficina?—repitió él con una sonrisa irónica—. Querida, me sorprendería y me desilusionaría mucho que la noticia no llegara aún más lejos—______ lo miró sin comprender, pero él se explicó: —Para la hora de la comida espero que haya llegado, como mínimo, hasta Atenas...
—Hasta tu abuelo, claro—repuso ______.
—Por ejemplo—convino Tom fríamente, sin aclarar nada más.

De pronto _____ tenía miles de preguntas que hacerle sobre su familia, sobre su abuelo, sobre la isla a la que pensaba llevarla, sobre la mujer con la que su abuelo pretendía casarlo. Tenía la vaga idea de que los griegos velaban cuidadosamente de sus intereses y, según Emma, aquella prima era muy rica, tanto como Tom. Poco después, de algún modo y sin saber cómo, ______ se dio cuenta de que Tom la había soltado y de que atravesaba la puerta que él sostenía para dirigirse sola hacia los ascensores.

—¿Lista, _______?

______ sintió que se ruborizaba al ver a Tom acercarse a su mesa. Sus colegas evitaban mirarlos, al menos de una forma indiscreta, pero ella sabía que eran el centro de todos los cotilleos. ¿Cómo no?

—Gordon, me temo que ______ va a llegar tarde después de la comida—anunció Tom dirigiéndose al jefe de su departamento, que salía de su despacho—. ¿Le has contado la noticia, cariño?—añadió con ternura.
—Pues... no—contestó ______, incapaz de levantar la vista.
—______—la llamó Gordon con voz débil, mirándola incrédulo—, no comprendo...

Ni llegaría a comprender nunca, por mucho que ella tratara de explicárselo. Detestaba tener que engañar a una persona que se había portado tan bien con ella, pero no le quedaba más remedio.

—No le eches la culpa a ______—se apresuró Tom a defenderla en tono protector—, me temo que toda la culpa es mía. Yo insistí en mantener en secreto nuestras relaciones hasta que la compra fuera pública, no quería que nadie acusara a ______ de tener un conflicto personal de lealtad. Y, debo decirte, Gordon, que ella insistió en que no habláramos jamás de esa compra... Además, hablar de negocios no era precisamente lo que más me apetecía hacer cuando estaba con ella, puedes figurártelo...—admitió Tom haciéndola ruborizarse hasta la médula y provocando unos cuantos gemidos entre sus colegas.
—¿Por qué has dicho eso?—exigió saber ______ en cuanto estuvieron solos.
—¿Decir qué?
—Sabes perfectamente a qué me refiero. ¿Por qué no podíamos sencillamente quedar en cualquier otro sitio?
—¿En secreto?—preguntó él con menos ternura y cara de aburrimiento, frunciendo el ceño y mirándola impaciente.

Tom era bastante más alto que ella. Tanto, que le costaba tener siempre levantada la cabeza. Hubiera deseado no tener que caminar a su lado, tan cerca. Aquello la hacía sentirse incómoda, demasiado consciente de sí misma como mujer, algo a lo que no estaba acostumbrada.

—¿Es que no te he dicho ya, alto y claro, que el objeto de todo este teatro es hacer público nuestro romanee?—continuó él—. Esa es la razón por la que...—Tom sonrió, la miró y añadió, con voz de seda: —He reservado una mesa para comer en el pub en el que estuvimos anoche. Cené allí y, la verdad, la comida no era mala... por mucho que lo que ocurriera después no fuera del todo... de mi gusto...

De pronto, ______ sintió que era suficiente.

—Escucha, he tratado de decírtelo, lo de anoche fue un error. Yo no...
—Estoy completamente de acuerdo contigo—aseguró Tom—. Fue un error... tu error... y, ya que hablamos de ello, deja que te advierta una cosa, ______: si alguna vez, mientras estás supuestamente comprometida conmigo, manifiestas de algún modo un comportamiento similar al de anoche.... si miras así a otro hombre...—_______ abrió inmensamente los ojos, asombrada—. Soy medio griego, querida—le recordó él con voz de seda—. Y cuando se trata de mi chica, soy más griego que inglés... bastante más...
—Yo no soy tu chica—fue la única respuesta que ______ pudo darle.
—No—convino él con cinismo—, en realidad eres del hombre que pueda pagarte, ¿no es así, querida? Pero...

Tom volvió a interrumpirse al escuchar el gemido de protesta de _______, que se puso primero pálida y luego colorada, incapaz de controlar sus reacciones.

Capitulo 13

—No tienes derecho a hablarme así—dijo ella al fin.
—¿Que no tengo derecho? Pero si soy tu novio, tengo todo el derecho—replicó Tom alargando una mano para enjugar sus lágrimas, antes de que ella pudiera detenerlo. Eran lágrimas de rabia y de orgullo—. ¿Lloras? Cariño, eres mejor actriz de lo que yo creía.

Habían llegado al pub, de modo que _______ se vio obligada a comportarse con naturalidad. Tom abrió la puerta y la hizo pasar.

—Yo no quiero comer nada, no tengo hambre—dijo ella en cuanto se sentaron.
—¿Enfadada?—inquirió él, escueto—. No puedo obligarte a comer, pero, desde luego, no voy a negarme a mí mismo el placer de disfrutar de una buena comida. Tenemos cosas que discutir—añadió en tono frío, como hombre de negocios, mientras tomaba la carta y la leía—. Conozco casi todos los detalles de tu vida por el expediente, pero si queremos convencer a mi familia y, sobre todo a mi abuelo, de que somos amantes, necesitaré saberlo todo de ti... y tú de mí.

Amantes... _______ consiguió por fin controlarse y dejar de temblar. Al menos abiertamente. Si de verdad iba a acceder a su chantaje; entonces tendría que aprender a jugar con sus mismas reglas. O arriesgarse a ser totalmente aniquilada.

—Amantes—sonrió ella—. Creía que los griegos no aprobaban las relaciones prematrimoniales.
—No para sus hijas—convino Tom directo—, pero como tú no eres griega, y yo soy medio inglés, espero que mi abuelo se muestre más... tolerante...
—¿Es que no se mostraría tan tolerante si te casaras con tu prima?—insistió ______ sin saber muy bien por qué, ni cómo era posible que la mera idea de aquella prima le produjera una sensación hostil y desagradable.
—Caroline, mi prima, es viuda, y ha sido ya la esposa de otro hombre. Naturalmente, mi abuelo...—Tom hizo una pausa y continuó, serio—Bueno, Caroline jamás admitiría que mi abuelo la presionara o interfiriera en su vida. Es una mujer increíble.
—¿Es viuda?—repitió _______, que había supuesto que se trataría de una joven.
—Sí, viuda—confirmó Tom—. Con dos hijos adolescentes.
—¡Adolescentes!
—Se casó a los veintidós años—explicó Tom encogiéndose de hombros—, y de eso hace ya casi otros veinte.

______ abrió los ojos atónita mientras hacía cálculos. Era evidente que Caroline era más mayor que Tom. Sería una mujer solitaria, una mujer vulnerable que se veía presionada para contraer un segundo matrimonio que, posiblemente, no deseaba, reflexionó _______ sintiendo de inmediato simpatía por ella.

—No creo que debas preocuparte mucho por Caroline—continuó Tom—, porque dudo que vayas a conocerla. Lleva una vida ambulante, tiene casas en Atenas, en Nueva York y en París, y se pasa la vida viajando de una a otra mientras dirige la flota de embarcaciones que heredó de la familia.

Una flota de embarcaciones y una cadena de hoteles. No era de extrañar que el abuelo de Tom estuviera tan ansioso por casarlos. Lo que más sorprendía a ______ era que el mismo Tom no mostrase un entusiasmo semejante, sobre todo teniendo en cuenta la envergadura de la empresa en la que se había embarcado con la compra de los hoteles ingleses.
Tom, casi como si pudiera leer su pensamiento, se inclinó sobre ella y dijo:

—Yo no soy como tú, no estoy dispuesto a venderme.
—Yo no estaba vendiéndome—negó ______ acalorada, viendo cómo el camarero se acercaba con dos platos de comida exquisita—. ¡Pero si yo no he pedido nada!—comenzó a protestar al ver que dejaba uno de ellos sobre la mesa, delante de ella.
—No, lo he pedido yo, para ti—contestó Tom—. No me gusta ver a mi chica delgada como un espagueti. A un griego puede permitírsele pegar a su mujer, pero jamás se le permitirá matarla de hambre.
—Pegar...—repitió _______ picando el anzuelo e interrumpiéndose de pronto, al comprender que Tom estaba bromeando.
—Sospecho, ______, que eres de ese tipo de mujeres que podrían volver loco al más pintado, y no digamos a un mortal normal y corriente. Serías capaz de conseguirlo hasta de un santo, que después acabaría deseando haber tenido la entereza suficiente como para dominarse.

_______ se estremeció al comprender, que aquellas palabras, en cierto sentido, eran un halago. ¿Qué tenía aquel hombre, que la hacía tan consciente de sí misma como mujer?
_______ comenzó a comer más para distraerse que por otra cosa, inconsciente de la mirada divertida de Tom.
De no haberla conocido bien, Tom habría jurado que _______ era tan inexperta en temas de sexo como una virgen inocente. La más mínima alusión a nada que tuviera relación con el asunto la hacía temblar, la ruborizaba y le impedía mirarlo a la cara. Pero, por suerte, él sabía muy bien que solo estaba actuando, fingiendo, de otro modo... ¿De otro modo, qué?, se preguntó. De otro modo él mismo se vería salvajemente tentado de llevar a cabo todo cuanto sugerían secretamente sus palabras, para comprobar si temblaba tan deliciosamente mientras la tocaba como lo hacía mientras hablaba.
Decidido a ocultar sus propias emociones, Tom comenzó a hablar en un tono frío, de negocios:

—Hay ciertas cosas que tienes que saber sobre mi familia y mis orígenes, si es que quieres convencer a mi abuelo de que estamos enamorados.

Luego, Tom procedió a relatarle la historia de su familia, añadiendo unos cuantos comentarios sobre la precaria salud de su abuelo.

—Lo cual no significa, sin embargo, que no esté al pie del cañón. Si acaso, el hecho de que los médicos le hayan prohibido trabajar no ha hecho sino afianzar su decisión de interferir en mi vida privada más que nunca. Le ha dicho a mi madre que teme morirse antes de conocer a su bisnieto. Si eso no es chantaje, entonces no sé qué es el chantaje—concluyó Tom de mal humor.
—Se ve que es un defecto de familia—comentó ______ irónica, ganándose una mirada airada, pero negándose a dejarse amedrentar.
—Al final, naturalmente, tendremos que romper nuestro compromiso—continuó Tom explicando algo obvio—. Sin duda, nuestra estancia en la isla servirá para que ambos descubramos aspectos de nuestros caracteres poco atrayentes, así que en cuanto volvamos a Inglaterra pondremos fin a nuestro romance. A pesar de todo, al menos, conseguiré algo de tiempo... y con un poco de suerte, mientras tanto, Caroline aceptará a cualquiera de los muchos pretendientes que, según mi abuelo, están deseando hacerla su esposa.
—¿Y si no es así?, ¿y si ella no acepta a otro pretendiente?
—Si no es así, entonces tendremos que retrasar la ruptura de nuestro compromiso hasta que lo haga o, en todo caso, hasta que yo encuentre el modo de convencer a mi abuelo de que también mis hermanas podrían proporcionarle el anhelado bisnieto.
—¿Es que no piensas casarte nunca?—preguntó _______ perpleja.
—Bueno, digamos que ya he llegado a los treinta y cinco años, y ninguna mujer ha conseguido convencerme todavía de que mi vida no tiene sentido sin ella, así que dudo mucho de que nadie lo consiga en el futuro. Eso de enamorarse es para los jóvenes, es una extravagancia. Cuando se pasa de los treinta no es sino una vana locura.

Capitulo 14

—Mi padre se enamoró de mi madre cuando tenía diecisiete años—comentó ______ espontáneamente, sin poder evitarlo—. Se escaparon juntos...—añadió con los ojos nublados por las lágrimas—. Fue un error. Dejaron de estar enamorados el uno del otro antes de que yo naciera. Un hombre maduro habría sentido al menos cierta responsabilidad por la vida que había contribuido a crear, pero mi padre era cómo un niño.
—¿Te abandonaron?—preguntó Tom con el ceño fruncido.
—Sí, los dos—respondió _____ nerviosamente—. Si no hubiera sido por mi abuela, habría acabado en un orfanato.

Tom la observó serio. ¿Era esa la razón por la que ______ iba de bar en bar buscando un hombre? ¿Buscaba acaso el amor que le había negado su padre? El repentino deseo de justificar el comportamiento de ______ de aquella noche lo irritaba. ¿Por qué tenía que buscar excusas para su comportamiento? Era imposible que aquellas lágrimas, hubieran logrado enternecerlo.

—Es hora de marcharnos—dijo Tom bruscamente.

SI ALGUIEN le hubiera dicho, dos semanas antes, que iba a abandonar todo aquello que le resultaba familiar para embarcarse hacia una isla griega desconocida en compañía de un hombre igualmente desconocido con el que, se suponía, estaba comprometida, _______ se habría echado a reír y habría sacudido la cabeza negándose a creerlo. Y esa era la mejor prueba de que, de hecho, estaba sucediendo. Era la mejor prueba para evidenciar lo que se podía conseguir con un poco de arrogancia, mucha seguridad en sí mismo y una gran resolución. Sobre todo cuando todo ello iba acompañado del tipo de poder que un hombre, en particular, tenía sobre ella, reflexionó ______.
En menos de quince minutos, conduciendo su Mercedes, Tom la recogería en su casa para comenzar la primera parte de su largo viaje a Aphrodite, una isla griega propiedad de su abuelo que este había comprado para su esposa y al que le había puesto el nombre de la diosa griega del amor.

—El suyo fue un matrimonio por amor—le había contado Tom—, pero aprobado por ambas familias.

Un matrimonio por amor... no como su fraudulento compromiso. El solo hecho de ser cómplice de aquel engaño, por mucho que fuera contra su voluntad, la hacía sentirse incómoda. Pero lo peor de todo fue llamar a su abuela para mentir, para contarle que se marchaba en viaje de negocios. Tom había insistido en que ______ informara de su compromiso a su abuela, pero ella se había negado.

—Puede que a ti te haga feliz mentir a tu familia sobre nuestra supuesta «relación»—le había contestado ella con desprecio—, pero yo no puedo mentir a mi abuela sobre un asunto tan...

_______ no había podido terminar la frase. No quería traicionarse a sí misma, confesar ante Tom que su abuela jamás la creería capaz de comprometerse con un hombre sin amor.
Tras extenderse la noticia por la oficina, sus colegas la habían tratado con cierta distancia. De pronto, era la novia del director, había dejado de ser «una de ellos». Y, de resultas de todo ello, _______ había pasado la semana cada vez más aislada y asustada. Sin embargo, tenía demasiado orgullo como para contarle nada a nadie: era su forma de ser, una vieja costumbre, una dificultad arraigada en su carácter que arrastraba desde la infancia, cuando todo el mundo conocía la historia de sus padres y la forma en que había sido abandonada en casa de su abuela, y eso la había hecho sentirse diferente, aislada del resto de sus compañeros, que tenían a sus correspondientes «mamás y papás». Y no es que su abuela no la hubiera querido, reflexionó ______, dispuesta a admitirlo. Su infancia, en casa de su abuela, había sido tan cálida, estable y llena de amor como cualquier otra, si no más.
_______ miró de reojo el reloj. Le quedaban menos de cinco minutos para marcharse. El corazón le latía acelerado. Tenía la maleta preparada, esperando en el vestíbulo. Había pasado horas y horas pensando en qué llevar y, al final, se había decidido por una mezcla de ropa veraniega y algunos trajes de ejecutiva.
No había vuelto a ver a Tom desde aquel día en que la llevó a comer, aunque eso tampoco le importaba. ¡Por supuesto que no! El había tenido que asistir a una larga serie de reuniones de negocios que, según los rumores, había soportado heroicamente teniendo en cuenta los problemas financieros del grupo hotelero recién adquirido.

—Ha visitado todos y cada uno de nuestros hoteles—había oído decir _______, en un tono de admiración—. Y ha tomado nota de todo. ¿Y sabéis qué?—______, que había estado escuchando esos comentarios a cierta distancia, había esperado oír entonces que Tom había decidido recortar drásticamente los enormes costes, pero en lugar de ello, y para su sorpresa, escuchó: —Ha ido diciéndole a todo el mundo que no se preocupe, que su puesto de trabajo está asegurado mientras consiga llegar a la meta que se ha propuesto, y ha soltado un montón de discursos contando lo contento que está con la adquisición.

Según los rumores, Tom tenía un estilo de hacer las cosas tal que se ganaba a los empleados fuera a donde fuera. Pues bien, era evidente que ninguno de aquellos empleados había visto el lado oscuro de su carácter como lo había visto ella, reflexionó _______ con cierta amargura mientras escuchaba tanto elogio.
Eran ya las diez y media, pero Tom no... De pronto, _______ escuchó el motor del Mercedes deteniéndose a la puerta de la casa de su abuela. ¡Justo y media! Por supuesto, Tom no hubiera estado dispuesto a desperdiciar un solo minuto de su tiempo, a menos que fuera absolutamente imprescindible.

Capitulo 15

Para cuando Tom llegó hasta la puerta, ella ya la había abierto, quedándose de pie ante él con la maleta en una mano y las llaves en la otra.

—¿Qué es eso?—preguntó él mirando la maleta, de escasa calidad.
—Mi maleta—contestó ella orgullosa.
—Dámela.
—Puedo llevarla yo sola—contestó ella molesta.
—Estoy seguro de que sí, pero...
—¿Pero qué?, ¿pero los griegos no permiten que sus mujeres lleven su propio equipaje ni que sean independientes de ellos de ninguna forma?

Tom apretó los labios, y _______ comprendió que su comentario no le había gustado. Por alguna perversa razón sentía la necesidad de desafiarlo, aunque en parte, también, se sentía sobrecogida y atemorizada por el brillo airado de sus ojos.

—Me temo que, en este caso, deberías echarle la culpa a mi educación inglesa más que a mi herencia griega. El colegio público inglés al que mi padre, inglés también, se empeñó en que asistiera, creía firmemente que sus alumnos debían aprender lo que hoy se consideran normas de educación pasadas de moda. Una advertencia: mi abuelo también se inclina por esos modales pasados de moda. Él jamás comprendería tu insistencia en seguir actitudes políticamente correctas, y mientras estés en la isla...

—Tendré que hacer lo que tú me digas—terminó _______ la frase por él.


Si aquello era una muestra de lo que le esperaba, no estaba muy segura de poder sobrevivir. Pero, al menos, algo positivo se derivaría de aquella hostilidad mutua: nadie se sorprendería de que, al final, rompieran su «compromiso».

—Nuestro vuelo sale de Heathrow mañana a las nueve de la mañana, así que tendremos que salir pronto del apartamento—informó Tom en cuanto estuvieron en el coche.
—¿El apartamento?—repitió ______.
—Sí, tengo un apartamento en Londres, pasaremos allí la noche. Esta tarde vamos de compras.
—¿De compras...?
—Sí, de compras. Necesitas un anillo de compromiso, y...—Tom la miró de arriba abajo y luego hizo un gesto de desprecio. ______ se sintió tentada de gritarle que detuviera el coche de inmediato. Deseaba poder decirle que no tenía intención de seguir accediendo a sus planes, pero era imposible—. Necesitarás ropa más adecuada.
—Si te refieres a ropa informal, la llevo en la maleta.
—No, no me refiero a ropa informal—afirmó Tom serio—. Yo soy un hombre rico, _______, no hace falta que te lo diga. El informe que ha hecho sobre mí tu departamento de investigación, antes de la compra, debió ser lo suficientemente claro. Mi abuelo es multimillonario, y mi madre y mi hermana están acostumbradas a comprárselo todo en las mejores tiendas, aunque ni son compradoras compulsivas ni son víctimas de la dependencia de la moda. Así que tú, naturalmente, como novia mía...

_______ no le dejó terminar. Respiró hondo, malhumorada, y dijo:

—Si crees que voy a dejarte comprarme ropa...
—¿Y por qué no?—preguntó Tom en un tono de voz suave, haciéndose de nuevo con el control de la situación—. Después de todo, estabas dispuesta a venderme tu cuerpo. A mí o a cualquiera que estuviera dispuesto a pagarlo.
—¡No, eso no es verdad!—negó ______.
—Muy bien—bromeó Tom—, bien interpretado, pero puedes reservarte los efectos especiales para mi familia. Yo sé exactamente qué eres... ¿recuerdas? Piensa en esa ropa como si fuera un premio por tu trabajo—sonrió burlón—. No obstante, dicho esto, tengo que advertirte de que quiero examinar todo lo que compres. Quiero que, como novia mía, des una imagen de elegancia y de buen gusto.
—¿Qué estás sugiriendo?—preguntó ______ furiosa—, ¿que si me dejas sola puede que elija ropa más propia de una...?

_______ se interrumpió, incapaz de pronunciar las palabras que estaba pensando. Tom, para su sorpresa, en lugar de hacerlo por ella, contestó:

—Es evidente que no estás acostumbrada a comprar ropa cara, y no estoy dispuesto, de ninguna manera, a que te dejes llevar por un estúpido sentido del ahorro, completamente innecesario, que podría echar por tierra todos mis planes. No quiero que compres la ropa de una modesta asalariada, sino la ropa que llevaría la novia de un hombre rico—alegó Tom directo.


HOLA ... QUE MALO ES TOM EN BUEN PLAN ... GROSERO ... BUENO YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA .... HASTA PRONTO Y GRACIAS POR LEER :))

sábado, 26 de septiembre de 2015

.- una novia temporal .- 8 9 10 y 11

Capitulo 8

_______ escuchó el reloj del Ayuntamiento dar las ocho mientras corría a su trabajo. Su intención era llegar un poco antes aquella mañana, pero por desgracia se había quedado dormida debido a los acontecimientos de la noche anterior y al hecho de que no había podido descansar pensando en el descaro de su comportamiento.
Oficialmente no tenía que estar sentada en su mesa hasta las nueve, pero dados los tiempos que corrían las cosas no funcionaban así, y menos aún cuando su puesto de trabajo estaba en peligro.

—Habrá recortes y despidos...—había advertido el jefe del departamento en el que trabajaba _____ a todos los empleados.

______ había escuchado la advertencia consciente de que, al ser ella la última en ser contratada, sería la primera en ser despedida. Y le sería virtualmente imposible encontrar un empleo semejante al suyo en Hilford, pero abandonar la pequeña ciudad significaría también abandonar a su abuela. Tenía solo sesenta y cinco años, y además tenía muchas amigas, pero ______ temía por ella, sobre todo desde su enfermedad. Tenía para con ella una deuda de gratitud, no solo por haberla criado, sino también por haberle dado tanto amor.
Nada más entrar en el vestíbulo del edificio de oficinas le preguntó a Emma, la recepcionista:

—¿Ha llegado ya?

No había necesidad de especificar a quién se refería. Emma sonrió con aires de superioridad y contestó:

—En realidad llegó ayer. Está arriba... entrevistando a todo el personal. ¡Y espera a verlo!—suspiró Emma—. Es muy atractivo, te lo aseguro.

______ sonrió. Tenía una imagen muy clara de en qué consistía que un hombre fuera atractivo... una imagen personal y particular, y dudaba de que aquel nuevo director griego pudiera comparársele.

—Pero ya ves, es típico—continuó la recepcionista mientras ______ se apresuraba a llegar al ascensor: —está comprometido. O lo estará muy pronto. He hablado con la recepcionista de la sede central de sus oficinas, y me ha dicho que su abuelo quiere que se case con su prima. Ella es muy rica, también, y...
—Lo siento, Emma, pero tengo que marcharme—la interrumpió ______.

______ no quería verse involucrada en los cotilleos de la oficina. Si el director estaba entrevistando al personal quería estar en su mesa cuando la llamara.
La mesa de ______ estaba en el tercer piso, en una sala abierta en la que trabajaba junto a otras cinco personas. El jefe de su departamento disponía de un despacho acristalado adjunto, pero en ese instante toda la planta estaba vacía. _____ se preguntó qué hacer, pero inmediatamente el director de su departamento abrió la puerta, con el resto de sus colegas, y entró.

—Ah, ______, estás aquí—la saludó.
—Sí, quería haber llegado antes, pero...—comenzó ella a decir.
Gordon Jarman sacudió la cabeza y respondió:

—No me des explicaciones ahora, será mejor que subas al despacho del director. La secretaria del señor Kaulitz te está esperando. Según parece está entrevistando a todo el personal, a cada uno por separado y en grupos, por departamentos, y no le gustó mucho enterarse de que no habías llegado...

Gordon giró sobre sus talones sin darle tiempo a decir una palabra más. No tenía otra opción que ir a ver al director. Su jefe jamás había sido tan cortante con ella; por lo general era una persona amable y accesible. Tom Kaulitz parecía tener un efecto negativo sobre sus nuevos empleados.
El despacho del director era un territorio poco frecuentado por los empleados. ______ solo había estado allí dos veces, al hacer la primera entrevista, y cuando los empleados fueron informados oficialmente de la venta de la empresa a Demetrios.
______ salió vacilante del ascensor y caminó hasta la puerta en la que se leía Secretaria del Director Ejecutivo. Madge Fielding, la secretaria del director anterior, se había jubilado justo cuando se anunció la venta de la empresa. En su lugar había una morena muy elegante, sentada tras la mesa, que debía ser una secretaria personal del señor Kaulitz, procedente de la sede central de Demetrios.
______ le dio su nombre y comenzó a explicarle que el señor Gordon Jarman le había mandado subir, pero la secretaria hizo un gesto con la mano, consultó una lista y contestó, con frialdad, y sin levantar la cabeza:

—¿Ha dicho ______? Sí, aquí está. Llegas tarde. Al señor Kaulitz no le gusta... de hecho, no estoy segura de que...—la miró con aires de reprobación — Puede que no quiera entrevistarte ahora—advirtió. Luego tomó el teléfono y, con un tono de voz por completo distinto, la anunció.—Está aquí la señorita Sheeran, sr Kaulitz. ¿Aún quiere verla?...—hubo una pausa—. Puedes pasar. Es esa puerta.

______ se sentía como una niña traviesa. Se dirigió hacia la puerta indicada y llamó antes de entrar. Nada más hacerlo, la brillante luz que entraba por las enormes ventanas la deslumbró. Solo podía ver la silueta de un hombre de pie, junto a la ventana, de espaldas a ella.

Pero Tom sí podía ver a ______. No le había sorprendido en absoluto que ella hubiera llegado a la oficina más tarde que el resto de su departamento; después de todo, sabía muy bien cómo pasaba las noches. Lo que sí le había sorprendido, en cambio, era la alta estima que ______ había cosechado entre sus colegas y con el jefe de su departamento. Según parecía, cuando se trataba de trabajar un poco más o de quedarse hasta más tarde, ______ siempre estaba dispuesta y se presentaba voluntaria la primera.

—Sí, puede que no sea muy frecuente entre los jóvenes que acaban de graduarse como ella—había confirmado Gordon Jarman en respuesta a la pregunta de Tom—. Quizá se deba a que ha vivido siempre con su abuela, tiene un sentido de la disciplina y del deber propio de otros tiempos. Su trabajo es excelente, como puede ver en mi informe sobre ella. Al igual que su cualificación.

Sí, y además era una mujer asombrosamente atractiva y joven, una mujer que parecía saber cómo manejar esos encantos en su propio provecho, había reflexionado entonces Tom. Gordon Jarman había continuado alabando a ______, hablando de su dedicación en el trabajo, de su simpatía para con el resto de los empleados, de su habilidad para integrarse en un equipo y de su diligencia en el trabajo, fuera la que fuera la tarea que se le encomendara.
Tras estudiar el informe del director del departamento sobre ella y examinar la foto de su expediente, Tom había llegado a la conclusión de que, de no haberla visto con sus propios ojos la noche anterior, había creído todo lo que decían de ella.
Era evidente que ______ sabía cómo manejar a los de su propio sexo, a pesar de que con él, personalmente, hubiera cometido un terrible error. Aquella mañana, por ejemplo, se había metamorfoseado por completo. Volvía a presentarse como una ejecutiva, una profesional dedicada por entero a su carrera: iba impecablemente vestida, con el pelo recogido y el rostro sin tanto maquillaje. Tom frunció el ceño al sentir la reacción de su propio cuerpo ante tanta curva femenina oculta discretamente bajo un traje de ejecutiva.


Capitulo 9

¿Es que acaso no tenía ya suficientes problemas? La noche anterior, tras escapar del pub, había recibido una llamada telefónica de su madre, ansiosa por advertirle de que su abuelo estaba en pie de guerra:
—Ha estado cenando con sus antiguos colegas, y según parece todos se jactaban de los negocios que habían hecho. ¡Ya sabes cómo son!—había suspirado su madre—. Además, uno de ellos le ha dicho que tenía puestas sus esperanzas en conseguir la mano de Caroline para su hijo...
—Pues buena suerte—había contestado Tom—. Espero que lo consiga. Así, al menos, me los quitaré a los dos de encima.
—Sí, bueno...—convino su madre—...por el momento, sin embargo, ese comentario solo ha servido de acicate para tu abuelo. Está decidido a casarte con Caroline. Y, claro está, ahora que está jubilado, tiene todo el tiempo libre del mundo... Es una lástima que no tengas a alguien en tu vida...—volvió a suspirar su madre, riendo—. ¡Si tu abuelo tuviera alguna esperanza de tener un bisnieto, estoy segura de que se olvidaría de que ha querido nunca casarte con ella!
¿Tener a alguien en su vida? El cansancio, la exasperación, o quizá la convicción de que después le dolería la cabeza, había llevado a Tom a precipitarse y a contestarle a su madre:
—¿Y quién te ha dicho que no tengo a nadie en mi vida?
Entonces, tras una pausa lo suficientemente larga como para que Tom jurase para sus adentros, escuchó a su madre preguntar:
—¿Quieres decir que... que hay alguien en tu vida? ¡Oh, Tom! ¿Y quién es? ¿Cuándo vamos a conocerla? ¿De quién se trata? ¿Cómo la...? ¡Oh, cariño, es maravilloso! ¡Tu abuelo estará encantado! Angie, ¿sabes qué?...

Tom escuchó cómo su madre le contaba la historia a su hermana Angie. Trató inútilmente de interrumpirla, de advertirle que solo había hablado en sentido figurado de que «podría tener a alguien en su vida», pero su madre no parecía dispuesta a escucharlo. Ni su abuelo. Aquella misma mañana, a las cinco de la madrugada, lo había llamado por teléfono urgentemente para preguntarle cuándo iba a conocer a la novia de su nieto. Novia... ¿cómo diablos habían interpretado su madre y su hermana una respuesta precipitada e irritada, hasta transformarla y convertirla en una novia de carne y hueso? Tom aún no había logrado explicárselo, pero sabía que, a menos que consiguiera una, iba a tener graves problemas.

—Te la traerás a la isla, por supuesto—había ordenado su abuelo, sin admitir un no por respuesta.

¿Qué podía hacer? Tenía ocho días para encontrar una novia y dejarle claro que el «compromiso» no iba a ser más que una mera farsa. Ocho días para convertirla en la mejor actriz del mundo, en una actriz que pudiera engañar no solo a su abuelo, sino, además, a su madre y a su hermana. Irritado, Tom se apartó de la ventana dándose la vuelta de modo que ______ pudo verlo con claridad por primera vez.

______ no tuvo tiempo de ocultar el shock que aquello le produjo. Un desmayo, una especie de gemido escapó de sus labios mientras su rostro se ponía completamente pálido.

—¡Tú!—gritó dando instintivamente un paso atrás mientras recordaba los sucesos de la noche anterior con la certeza de que estaba a punto de perder su empleo.

______ era una actriz excelente, tuvo que reconocer Tom mientras observaba su reacción desde todos los puntos de vista posibles.
Su porte, su forma de comportarse aquella mañana, no tenían nada que ver con su actitud de la noche anterior. Aunque, por supuesto, tenía que estar horrorizada al descubrir que él era el hombre al que le había hecho proposiciones la noche anterior. A pesar de todo, ese aire como de desmayo, esa forma de oscurecérsele los ojos, de temblarle los labios involuntariamente, por mucho que pareciera querer controlarlos... Oh, sí, ______ era una actriz de primera categoría... una estrella.
De pronto, Tom vio la luz al final del túnel de sus propios problemas personales. Sí, por fin aparecía una luz.

—Y bien, señorita Sheeran...—comenzó a decir Tom como un experto diplomático, como un hábil cirujano que estuviera cortándola a rebanadas loncha a loncha—...he leído el informe que ha hecho Gordon Jarman sobre ti, y debo felicitarte. Parece que has logrado persuadirlo de tus virtudes como trabajadora. Eso es meritorio en una empleada nueva y tan joven, sobre todo en una empleada que adopta una postura tan... poco convencional y, digamos, elástica hacia los horarios de trabajo... marchándose antes que sus colegas por las tardes y llegando tarde por las mañanas...
—¿Marchándome antes?—repitió _______ con la vista fija en él, luchando por calmarse y controlarse.

¿Cómo podía saber eso? Tom, que parecía capaz de leerle el pensamiento, añadió:

—Ayer yo estaba en el vestíbulo cuando te marchaste... antes de la hora.
—Pero eso fue...—comenzó a disculparse ______, indignada.

Tom, sin embargo, no la dejó terminar. Sacudió la cabeza y continuó:

—Sin excusas, por favor. Puede que te funcionen con Gordon Jarman, pero conmigo, por desgracia para ti, no. Después de todo, he visto cómo te comportas cuando no estás en la oficina. A menos que...—Tom frunció el ceño. Sus labios parecieron endurecerse mientras la examinaba con un gesto de desprecio—. A menos, por supuesto, que sea esa, precisamente, la razón por la que Jarman ha hecho un informe tan favorable de ti...
—¡No!—negó ______ a voz en grito—. ¡No, yo no...! Lo de anoche fue un error, yo...
—Sí, me temo que lo fue—convino Tom—. Al menos para ti. Comprendo que el salario que recibes te resulte relativamente escaso, pero me temo que mi abuelo lamentaría mucho enterarse de que te ves obligada a incrementarlo con un método que no podría sino reportar mala reputación a nuestra empresa—sonrió débilmente, continuando con su discurso con una amabilidad no desprovista de desprecio: —Es una suerte que no estuvieras en uno de nuestros hoteles ejerciendo... tu comercio...
—¿Cómo te atreves?—lo interrumpió ______ furiosa, con las mejillas coloradas y los ojos brillantes de orgullo e indignación.
—¿Qué cómo me atrevo? ¡Mejor digamos cómo te atreves tú!—replicó Tom iracundo, sustituyendo de inmediato su falsa amabilidad por una mirada dura de desprecio—. Aparte de las indudables implicaciones morales de lo que estabas haciendo, o mejor dicho, tratando de hacer, ¿se te ha ocurrido pensar en las consecuencias, en el peligro físico al que te exponías? Las mujeres como tú...—de pronto Tom se interrumpió y cambió de táctica, sorprendiéndola por completo al continuar con otro tono de voz, totalmente distinto: —Tengo entendido, por los informes, que tienes mucho interés en conservar tu empleo con nosotros.

Capitulo 10 

—Sí, lo tengo—admitió _____.

No tenía sentido negarlo. Había hablado con Gordon sobre sus temores, y era evidente que su jefe de departamento se lo había comunicado a Tom. Negarlo solo habría servido para convencerlo de que era una mentirosa.

—Escucha, por favor, puedo explicar lo ocurrido anoche—comenzó a decir desesperada, dejando a un lado el orgullo para ceder al pánico—. Sé lo que parece, pero no era... yo no...

______ se calló. Era evidente, por su expresión, que él no estaba dispuesto a escucharla. Y mucho menos a creerla. Y, en cierto sentido, tenía que admitir que no podía culparlo... Jamás podría convencerlo, a menos que arrastrara a Alejandra y a Selena ante él para apoyar su versión de los hechos, y tenía demasiado orgullo para hacerlo.

—Esa es una decisión muy acertada—comentó Tom al ver que ella callaba—. ¿Sabes?, me disgusta la mentira casi más que la...—Tom calló, pero ______ sabía muy bien qué era lo que iba a decir. Se puso colorada, y se desconcertó aún más cuando lo escuchó continuar: —Quiero hacerte una proposición.

Un gemido, un shock la invadió al ver a Tom frotarse las manos y clavar la vista en ella como si se tratara de un depredador frente a su presa.

—¿Qué tipo de proposición?—preguntó ______ con el corazón acelerado, pensando que, en realidad, conocía la respuesta, que le producía excitación y repugnancia al mismo tiempo.

—Oh, no, no se trata de nada con lo que estés familiarizada—contestó Tom —. He oído decir que algunas mujeres disfrutan fingiendo que son rameras...
—Yo no estaba haciendo nada de eso—se apresuró a negar ______ con convicción.
—Yo estaba allí, ¿recuerdas?—la interrumpió Tom cortante—. Si mi abuelo se enterara de lo que estabas haciendo, te exigiría la renuncia de inmediato.
—No es necesario que se entere—contestó ______ que, tragándose el orgullo, añadió: —Por favor...
—No sería necesario, pero eso depende de tu respuesta a mi proposición.
—¡Eso es chantaje!—protestó ______.
—Sí, es casi una profesión tan antigua como la que estabas ejerciendo tú anoche—convino Tom con voz de seda.

______ se dejó llevar por el pánico. Solo podía haber una cosa que él pudiera querer de ella, por extraño e imposible que pareciera. Después de todo, había sido ella quien le había dado razones para creer que... para pensar que... Pero eso había sido la noche anterior, al confundirlo con Gusta, y si le concedía solo unos minutos para explicarse... El miedo, se apoderó de ella, obligándola a contestar con agresividad:

—Me sorprende que un hombre como tú tenga que chantajear a una mujer para conseguir un favor sexual. De ninguna manera estoy dispuesta a...
—¿Sexual?—repitió él sorprendiéndola de nuevo, ladeando la cabeza y soltando una risotada—. ¿Un favor sexual?—añadió después, con desprecio—. ¿De ti? ¡De ninguna manera! No es sexo lo que quiero de ti—declaró con frialdad.
—¿No...? Entonces... ¿de qué se trata?—preguntó ______ trémula.
—Lo que quiero de ti—informó Tom con calma—, es tu tiempo y el compromiso firme de que vas a fingir que eres mi novia.
—¿Qué?—preguntó _______ incrédula, con los ojos fijos en él—. ¡Estás loco!
—No, no estoy loco—la corrigió Tom—. Lo que estoy es decidido a oponerme a la boda que mi abuelo quiere arreglar para mi. Y, tal y como me ha recomendado mi madre, el mejor modo de hacerlo es convencerlo de que estoy enamorado de otra mujer. Es la única forma de detener la ridícula campaña que ha orquestado para...
—¿Quieres que... que finja ser tu... tu novia?—repitió ______ lentamente, pronunciando con cuidado cada palabra para estar segura de que lo había oído bien. Luego, tras ver la confirmación en la expresión de su rostro, se negó rotundamente: —No. De ninguna manera. ¡En absoluto!
—¿No?—repitió Tom volviendo a su tono de voz estudiadamente amable—. Entonces, me temo que no me queda más alternativa que informarte de que tienes muchas, muchas posibilidades de formar parte de la lamentable lista de empleados despedidos. Espero haber dejado clara mi posición.
—¡No! ¡No puedes hacer eso...!—comenzó a decir ______, interrumpiéndose al ver la mirada cínica que él le dirigía.

Estaba perdiendo el tiempo. Él no estaba dispuesto a escucharla, y mucho menos aún a creerla. No quería creerla. No le convenía... era evidente. Y, si se negaba a su demanda, era perfectamente capaz de cumplir su amenaza. ______ tragó. Estaba atrapada, verdaderamente atrapada. No había salida.

—¿Y bien?—comentó Tom burlón—. Aún no me has dado tu respuesta. ¿Accedes a mi proposición, o...?

Capitulo 11

______ volvió a tragar amargamente la derrota. Se sentía incapaz de contestar, de hablar. Sin embargo, logró controlarse para decir:

—Está bien, accedo.
—Excelente. Sugiero que, para guardar las formas, inventemos un encuentro casual anterior entre nosotros dos... digamos cuando visité Hilford antes de la compra de la empresa. Podemos decir que, debido precisamente a que yo estaba en tratos para la compra, mantuvimos nuestra relación... nuestro amor… en secreto. Pero ahora, ahora que ya no es necesario tanto secreto, y para celebrar nuestra libertad y mostrar ante todos nuestra relación, te llevaré a comer fuera. Volaremos a Aegean al final de la semana que viene, y para entonces tendremos que saberlo todo el uno del otro.
—¿Volar a... dónde?—gimió _______—. No, no puedo. Mi abuela...
—Ahora estás comprometida conmigo, querida, y creo que, como novio tuyo, soy más importante que tu abuela, ¿no te parece? Imagino que a tu abuela le sorprenderá nuestra repentina relación, pero estoy seguro de que comprenderá que lo hayamos mantenido en secreto. Si lo deseas, estoy dispuesto a acompañarte para explicárselo.
—¡No!—se negó _____—. No hace falta. Ahora mismo está en Bath, con su hermana, y va a quedarse allí unas cuantas semanas. ¡No puedes hacerme esto!—añadió _____ indignada—. Tu abuelo descubrirá que nosotros no somos... que no estamos...
—Él no debe descubrirlo—contestó Tom con amabilidad—. Eres una excelente actriz, como acabas de demostrarme, y estoy seguro de que encontrarás el modo de convencerlo de que sí somos novios y de que sí estamos enamorados. Aunque, si necesitas que te ayude en ese punto...—añadió Tom con ojos oscurecidos.

______ dio inmediatamente un paso atrás. Su rostro ardía de vergüenza al ver cómo la miraba.

—Muy bien interpretado—continuó él—, pero quizá no debas exagerar tanto el papel de virgen inocente. Mi abuelo no es tonto, y no creo que espere que un hombre de mi edad, apasionadamente enamorado, se vuelva loco por una mujer que no tenga ninguna experiencia sexual. Después de todo, yo soy griego a medias, y la pasión es parte inherente del carácter de los griegos.

______deseaba darse la vuelta y huir. La situación se hacía cada vez más insostenible. ¿Qué haría Tom si se enterara, de que ella no tenía «tanta experiencia sexual», como decía él, si se enterara de que su contacto con los hombres se reducía a unos cuantos besos y abrazos? En lo relativo a las relaciones prematrimoniales, le debía toda su prudencia a sus padres. De no haberse apresurado ellos, ______ no habría puesto tanto cuidado en no repetir su error. Pero, por supuesto, eso no podía contárselo a Tom.

—Son casi las diez—continuó él mirando el reloj—. Sugiero que vuelvas a tu mesa y que nos veamos a la una en punto. Bajaré a buscarte para ir a comer. Cuanto antes hagamos pública nuestra relación, mejor.

Mientras hablaba, Tom se acercaba a ella. _____ se dejó llevar por el pánico y gritó al ver que se abría la puerta y que entraba la secretaria justo cuando él la tomaba de la mano con firmeza.
Tenía la piel morena, pero no tanto como para que la gente adivinara de inmediato que era griego. Sus ojos eran cafeces, observaba al fin ______, no azules, como había supuesto la noche anterior. Aquel color añadía más confusión a su identidad nacional, a pesar de que el pelo, espeso y liso, fuera muy moreno. Tenía, no obstante, cierto aire, cierta herencia de su antiguo linaje en los pómulos altos y marcados, en el mentón esculpido al estilo clásico y en la nariz recta. Aquellos rasgos denotaban indudablemente una nobleza griega ancestral, arrogante y aristocrática, acostumbrada a dominar a aquellos que lo rodeaban y a ejercer su autoridad sobre cualquiera que se le acercara.

—¡Oh, Tom!—exclamó la secretaria ruborizada, mirando incrédula cómo su jefe atraía a ______ hacia sí—. Siento interrumpirte, pero tu abuelo ha llamado dos veces...
—Llamaré a mi abuelo inmediatamente—respondió Tom con sencillez, añadiendo: —Ah, y no quiero citas ni interrupciones de ningún tipo desde la una hasta las dos y media de hoy. Voy a llevar a mi novia a comer fuera.

Tom dijo aquello volviéndose hacia _______ y mirándola con tierna sensualidad, como un amante impaciente, incapaz de esperar y de controlar por más tiempo sus deseos. Hasta tal punto su mirada resultaba embriagadora que ______ estuvo a punto de creerlo, le devolvía aquella mirada como si estuviera hipnotizada. Si él le hubiera dirigido una mirada así la noche anterior... reflexionó. Pero no, tenía que controlarse, se advirtió a sí misma en silencio, incrédula ante sus propias fantasías.
Si el comportamiento de Tom sorprendió a ______, no sorprendió menos a su secretaria, como bien pudo ella comprobar por su risita sofocada mientras Tom le preguntaba si quería algo más.

—No, es solo que... es decir... No, nada.
—Bien. ¡Ah, una cosa más!—comentó Tom—. Quiero que hagas una reserva extra en el vuelo de Atenas de la semana que viene, y que el asiento esté junto al mío. Es para _______...—añadió volviéndose hacia ella y dándole la espalda a su secretaria para añadir, con voz ronca: —Apenas puedo esperar el momento de presentarte a mi familia, querida, sobre todo a mi abuelo. Pero primero...
Antes de que ______ pudiera imaginar lo que pretendía hacer, Tom levantó su mano hasta los labios con la palma hacia arriba. Sintió su aliento en la piel, e inmediatamente se echó a temblar. De pronto la respiración se le entrecortó, se sentía mareada, sin aliento. Estaba excitada, sorprendida, como si hubiera salido de sí misma y se hubiera convertido en otra persona diferente, una persona con una vida infinitamente más excitante que la suya, una vida peligrosa, mágica, llena de experiencias sugerentes como jamás las había soñado.
Vagamente escuchó a Tom decir, con voz ronca:


—Primero, querida mía, tenemos que encontrar algo bonito para adornar ese dedo desnudo tuyo. Mi abuelo jamás aprobaría que te llevara a casa sin lucir un anillo como muestra de mis intenciones.

HOLA!!!! BUENO AQUI ESTAN LOS CAPITULOS 3 O MAS Y AGREGO EL LUNES ... HASTA LUEGO ... :))