Capitulo 4
Dos horas más tarde ______ bajaba las escaleras de su casa cuando sonó el timbre de la puerta. Su abuela no estaba, se había ido de viaje a Bath, a pasar unas semanas con su hermana. ______ se tiró de la falda y abrió la puerta.
Alejandra estaba sola. Habían decidido que era una tontería arriesgarse a que Gustav pudiera ver a Selena y reconocerla. ______ observó a Alejandra, que fruncía el ceño.
—Tienes que ponerte otra ropa—dijo Alejandra resuelta—. Pareces una ejecutiva, nadie va a abordarte con ese atuendo. Gustav tiene que ver en ti a una mujer fácil, ¿comprendes? Y, desde luego, tienes que pintarte los labios de otro color... rojo, quizá. Necesitas más maquillaje. Escucha, si no me crees, lee esto—señaló Alejandra alargando una mano para ofrecerle una revista.
______ echó un rápido vistazo al artículo y se escandalizó al comprender hasta qué punto llegaban las chicas de la agencia para comprobar la fidelidad de los clientes.
—Yo no puedo hacer esto—aseguró convencida—. Y, en cuanto al traje...
Alejandra entró en el vestíbulo, cerró la puerta y se cruzó de brazos frente a ella.
—Tienes que hacerlo, por Sel. ¿Es que no comprendes lo que le ocurre, el peligro que corre? Está completamente enamorada de ese hombre... apenas hace cuatro meses que lo conoce, y ya está hablando de prestarle toda su herencia... de casarse... de tener hijos con él. ¿Sabes cuánto dinero le dejó su tía abuela?—_____ sacudió la cabeza—. Casi tres millones de libras esterlinas. ¿Comprendes ahora por qué es tan importante protegerla? He tratado de convencerla cientos de veces de que su adorado Gustav puede no ser tan maravilloso como cree, pero no quiere escucharme. Al final, gracias a Dios, lo ha pillado con las manos en la masa, está descubriendo por fin quién es. Es por el bien de Sel, ______, tienes que demostrarle que Gustav no es de fiar. Imagínate que no solo le rompe el corazón, sino que encima le roba todo el dinero, que se queda sin nada.
______ podía imaginarlo perfectamente. La idea de perder la independencia financiera y la seguridad que le producía el ganar su propio salario la asustaba. La revelación de Alejandra en cuanto a la suma que Selena había heredado le daba nuevo ímpetu, le hacía desear sinceramente descubrir al canalla y proteger a su amiga. Sel, su querida y dulce amiga Sel, que seguía trabajando como enfermera a pesar de la herencia recibida, se merecía a un buen hombre, un compañero en el que confiar. Y si Gustav no daba la talla era mejor descubrirlo a tiempo.
—Quizá, si te quitaras la chaqueta...—comentó Alejandra—. Tienes que tener algún top sexy que ponerte... o quizá simplemente...
—Sí, un top de verano—convino _____—. ¡Pero sexy no, por favor!
______ observó el rostro de Alejandra y suspiró. Era inútil tratar de explicarle a una mujer como ella que cuando la naturaleza concedía graciosamente sus dones a una mujer, como lo había hecho con ella, esos dones podían llegar a ser un arma de doble filo. En otras palabras: los hombres, según la experiencia de ______, no necesitaban de la doble tentación de ver su cuerpo medio desnudo, escasamente tapado con ropa muy sexy, para mirarla dos veces. Ni para desear mucho más que mirarla.
—Tienes que tener algo sexy—insistió Alejandra sin darse por vencida—. O una rebeca, podrías ponértela a medio abrochar...
—¿Una rebeca? Sí, tengo una rebeca.
—Necesitas un lápiz de labios rojo fuerte—continuó Alejandra—. Más maquillaje. Y recuerda: tienes que hacerle comprender que lo encuentras atractivo...—______ la miró—. ¡Es por Sel!
Eran casi las nueve cuando salieron de casa de ______, y todo por la insistencia de Alejandra de que llevara más maquillaje. ______ se negó a mirarse al espejo. Llevaba tanto lápiz de labios que le resultaba incómodo. Alejandra la llevó a Hilford mientras luchaba contra el deseo de pasarse la mano por los labios para borrarse la pintura. Llevaba la rebeca medio desabrochada bajo la chaqueta, pero en cuanto entrara en el pub tenía intención de abrochársela hasta el cuello. Era cierto, se trataba solo de un escote, pero era más de lo que solía enseñar.
—Ya hemos llegado—anunció Alejandra deteniéndose frente al pub—. Te recogeré a las once... tendrás tiempo suficiente. Y recuerda, lo hacemos por Sel.
«¿Lo hacemos?», repitió ______ mentalmente mientras veía marcharse a Alejandra. Un hombre se cruzó con ella y se la quedó mirando. _____ se apartó automáticamente y se dirigió al pub. Alejandra le había dado una larga lista de recomendaciones, todas ellas repugnantes, y sentía que sus ánimos comenzaban a decaer. Le resultaba imposible entrar en el local y actuar provocativamente, tal y como Alejandra le había dicho que tenía que hacer. Pero, si no lo hacía, la pobre Sel acabaría con el corazón roto y sin dinero. _____ suspiró hondo y abrió la puerta del local.
Capitulo 5
Tom vio a _____ en cuanto entró. Él estaba en el bar, sentado a la barra. El Club estaba en esos momentos abarrotado, un grupo de hombres había entrado justo antes que ella. Podría haberse quedado a cenar en el ático, en el apartamento que había sobre el bloque de oficinas de la sede central de la cadena inglesa, o podía incluso haber ido al restaurante del más cercano de los hoteles que acababa comprar. Aquella noche, sin embargo, había soportado ya dos largas conversaciones telefónicas que hubiera preferido no tener que mantener: una con su abuelo, y la otra con Caroline. Por eso había decidido ir a un lugar en el que nadie pudiera encontrarlo o reconocerlo, olvidándose «accidentalmente» de llevarse el móvil.
Al llegar al pub no estaba precisamente de muy buen humor, aquel tipo de sitios no le gustaban demasiado. Le gustaba la buena comida servida en una buena mesa, un lugar familiar, en el que se pudiera hablar y pensar. Por sus venas corría demasiada sangre griega como para que le gustaran aquellos locales estrechos en los que la seducción y el sexo se hacían tan patentes.
Pensar en el sexo opuesto endureció la expresión de sus rasgos. Caroline se mostraba cada vez más insistente y descarada en sus intentos por convencerlo de que debían casarse. Se había visto sometido a la presión sexual de su prima por primera vez a los quince años, cuando ella tenía veintidós y estaba a punto de casarse. Tom frunció el ceño al ver a ______. Ella estaba de pie, delante de la puerta, mirando a su alrededor como si estuviera buscando a alguien. Al volver la cabeza la luz le dio directamente en los labios pintados. Tom contuvo el aliento mientras trataba de reprimir la inesperada reacción de su cuerpo. ¿Qué diablos le estaba ocurriendo? La actitud abiertamente provocativa y seductora de aquella chica resultaba tan obvia, con aquel lápiz de labios color escarlata, que hubiera debido echarse a reír, no a... ¿A qué?, se preguntó a sí mismo en silencio, cáustico. A desear... a desear lujuriosamente...
El desagrado ante su propia actitud lo estremeció. La había reconocido, por supuesto. Era la misma chica de esa tarde, la chica a la que la recepcionista había felicitado por marcharse antes de tiempo de la oficina. Entonces apenas llevaba maquillaje, sin embargo en ese momento... Tom observó sus labios rojos y sus ojos pintados. Llevaba una falda muy corta... realmente corta, reflexionó mientras contemplaba sus largas piernas, moviéndose con soltura con las medias de seda negra. ¡Pero que muy corta!
Dos horas más tarde ______ bajaba las escaleras de su casa cuando sonó el timbre de la puerta. Su abuela no estaba, se había ido de viaje a Bath, a pasar unas semanas con su hermana. ______ se tiró de la falda y abrió la puerta.
Alejandra estaba sola. Habían decidido que era una tontería arriesgarse a que Gustav pudiera ver a Selena y reconocerla. ______ observó a Alejandra, que fruncía el ceño.
—Tienes que ponerte otra ropa—dijo Alejandra resuelta—. Pareces una ejecutiva, nadie va a abordarte con ese atuendo. Gustav tiene que ver en ti a una mujer fácil, ¿comprendes? Y, desde luego, tienes que pintarte los labios de otro color... rojo, quizá. Necesitas más maquillaje. Escucha, si no me crees, lee esto—señaló Alejandra alargando una mano para ofrecerle una revista.
______ echó un rápido vistazo al artículo y se escandalizó al comprender hasta qué punto llegaban las chicas de la agencia para comprobar la fidelidad de los clientes.
—Yo no puedo hacer esto—aseguró convencida—. Y, en cuanto al traje...
Alejandra entró en el vestíbulo, cerró la puerta y se cruzó de brazos frente a ella.
—Tienes que hacerlo, por Sel. ¿Es que no comprendes lo que le ocurre, el peligro que corre? Está completamente enamorada de ese hombre... apenas hace cuatro meses que lo conoce, y ya está hablando de prestarle toda su herencia... de casarse... de tener hijos con él. ¿Sabes cuánto dinero le dejó su tía abuela?—_____ sacudió la cabeza—. Casi tres millones de libras esterlinas. ¿Comprendes ahora por qué es tan importante protegerla? He tratado de convencerla cientos de veces de que su adorado Gustav puede no ser tan maravilloso como cree, pero no quiere escucharme. Al final, gracias a Dios, lo ha pillado con las manos en la masa, está descubriendo por fin quién es. Es por el bien de Sel, ______, tienes que demostrarle que Gustav no es de fiar. Imagínate que no solo le rompe el corazón, sino que encima le roba todo el dinero, que se queda sin nada.
______ podía imaginarlo perfectamente. La idea de perder la independencia financiera y la seguridad que le producía el ganar su propio salario la asustaba. La revelación de Alejandra en cuanto a la suma que Selena había heredado le daba nuevo ímpetu, le hacía desear sinceramente descubrir al canalla y proteger a su amiga. Sel, su querida y dulce amiga Sel, que seguía trabajando como enfermera a pesar de la herencia recibida, se merecía a un buen hombre, un compañero en el que confiar. Y si Gustav no daba la talla era mejor descubrirlo a tiempo.
—Quizá, si te quitaras la chaqueta...—comentó Alejandra—. Tienes que tener algún top sexy que ponerte... o quizá simplemente...
—Sí, un top de verano—convino _____—. ¡Pero sexy no, por favor!
______ observó el rostro de Alejandra y suspiró. Era inútil tratar de explicarle a una mujer como ella que cuando la naturaleza concedía graciosamente sus dones a una mujer, como lo había hecho con ella, esos dones podían llegar a ser un arma de doble filo. En otras palabras: los hombres, según la experiencia de ______, no necesitaban de la doble tentación de ver su cuerpo medio desnudo, escasamente tapado con ropa muy sexy, para mirarla dos veces. Ni para desear mucho más que mirarla.
—Tienes que tener algo sexy—insistió Alejandra sin darse por vencida—. O una rebeca, podrías ponértela a medio abrochar...
—¿Una rebeca? Sí, tengo una rebeca.
—Necesitas un lápiz de labios rojo fuerte—continuó Alejandra—. Más maquillaje. Y recuerda: tienes que hacerle comprender que lo encuentras atractivo...—______ la miró—. ¡Es por Sel!
Eran casi las nueve cuando salieron de casa de ______, y todo por la insistencia de Alejandra de que llevara más maquillaje. ______ se negó a mirarse al espejo. Llevaba tanto lápiz de labios que le resultaba incómodo. Alejandra la llevó a Hilford mientras luchaba contra el deseo de pasarse la mano por los labios para borrarse la pintura. Llevaba la rebeca medio desabrochada bajo la chaqueta, pero en cuanto entrara en el pub tenía intención de abrochársela hasta el cuello. Era cierto, se trataba solo de un escote, pero era más de lo que solía enseñar.
—Ya hemos llegado—anunció Alejandra deteniéndose frente al pub—. Te recogeré a las once... tendrás tiempo suficiente. Y recuerda, lo hacemos por Sel.
«¿Lo hacemos?», repitió ______ mentalmente mientras veía marcharse a Alejandra. Un hombre se cruzó con ella y se la quedó mirando. _____ se apartó automáticamente y se dirigió al pub. Alejandra le había dado una larga lista de recomendaciones, todas ellas repugnantes, y sentía que sus ánimos comenzaban a decaer. Le resultaba imposible entrar en el local y actuar provocativamente, tal y como Alejandra le había dicho que tenía que hacer. Pero, si no lo hacía, la pobre Sel acabaría con el corazón roto y sin dinero. _____ suspiró hondo y abrió la puerta del local.
Capitulo 5
Tom vio a _____ en cuanto entró. Él estaba en el bar, sentado a la barra. El Club estaba en esos momentos abarrotado, un grupo de hombres había entrado justo antes que ella. Podría haberse quedado a cenar en el ático, en el apartamento que había sobre el bloque de oficinas de la sede central de la cadena inglesa, o podía incluso haber ido al restaurante del más cercano de los hoteles que acababa comprar. Aquella noche, sin embargo, había soportado ya dos largas conversaciones telefónicas que hubiera preferido no tener que mantener: una con su abuelo, y la otra con Caroline. Por eso había decidido ir a un lugar en el que nadie pudiera encontrarlo o reconocerlo, olvidándose «accidentalmente» de llevarse el móvil.
Al llegar al pub no estaba precisamente de muy buen humor, aquel tipo de sitios no le gustaban demasiado. Le gustaba la buena comida servida en una buena mesa, un lugar familiar, en el que se pudiera hablar y pensar. Por sus venas corría demasiada sangre griega como para que le gustaran aquellos locales estrechos en los que la seducción y el sexo se hacían tan patentes.
Pensar en el sexo opuesto endureció la expresión de sus rasgos. Caroline se mostraba cada vez más insistente y descarada en sus intentos por convencerlo de que debían casarse. Se había visto sometido a la presión sexual de su prima por primera vez a los quince años, cuando ella tenía veintidós y estaba a punto de casarse. Tom frunció el ceño al ver a ______. Ella estaba de pie, delante de la puerta, mirando a su alrededor como si estuviera buscando a alguien. Al volver la cabeza la luz le dio directamente en los labios pintados. Tom contuvo el aliento mientras trataba de reprimir la inesperada reacción de su cuerpo. ¿Qué diablos le estaba ocurriendo? La actitud abiertamente provocativa y seductora de aquella chica resultaba tan obvia, con aquel lápiz de labios color escarlata, que hubiera debido echarse a reír, no a... ¿A qué?, se preguntó a sí mismo en silencio, cáustico. A desear... a desear lujuriosamente...
El desagrado ante su propia actitud lo estremeció. La había reconocido, por supuesto. Era la misma chica de esa tarde, la chica a la que la recepcionista había felicitado por marcharse antes de tiempo de la oficina. Entonces apenas llevaba maquillaje, sin embargo en ese momento... Tom observó sus labios rojos y sus ojos pintados. Llevaba una falda muy corta... realmente corta, reflexionó mientras contemplaba sus largas piernas, moviéndose con soltura con las medias de seda negra. ¡Pero que muy corta!
______ hizo una mueca al sentir que la cinturilla de la falda, doblada varias veces sobre sí misma, se hacía un ovillo.. En cuanto viera a Gustav se dirigiría al baño y se la pondría bien. Por supuesto, había sido Alejandra quien había insistido en que se la subiera.
—¡Pero no puedo salir a la calle así!—había gritado ella.
—No seas ridícula—había contestado Alejandra—, no tiene ninguna importancia. ¿Es que no has visto fotos de los años sesenta?
—¡Eso era en los sesenta!—había exclamado ella.
Sin embargo, Alejandra no se había dado por vencida, y _____ había tenido que conformarse pensando que, en cuanto la perdiera de vista, haría lo que quisiera. _____ comenzó a juguetear incómoda con los botones de la chaqueta.
Tom continuó observándola y
frunciendo el ceño. Resultaba realmente provocativa, llamando la atención sobre
sus pechos de ese modo... ¡y qué pechos!. Tom se dio cuenta de que la boca se
le hacía agua, y lo más importante de todo, era incapaz de apartar la vista de
ella...
______, consciente de que unos cuantos hombres la observaban, se volvió y se quedó helada cuando sus ojos se encontraron con los de Tom, que no dejaba de contemplarla. Por un momento se sintió desfallecer, tal fue el efecto que le causó su virilidad... Transpuesta, luchó desesperadamente tratando de reprimir aquel deseo... un deseo que no le estaba permitido experimentar. Se trataba de Gustav, del novio de Sel... porque tenía que ser él. No podía permitirse el lujo de sentir lo que estaba sintiendo. No, no por el novio de Selena.
Ningún otro hombre encajaba con la descripción que le había hecho su amiga. En todo el bar. ______ trató de olvidar la euforia de sel al hacerlo: se debía, únicamente, a que lo miraba con ojos de enamorada. Apuesto, fantásticamente bien parecido, sexy... ¡Ah!, y llevaría una camisa azul. Bueno, a aquella distancia, y con tan escasa luz, era imposible ver el color de los ojos de ese hombre, pero en todo lo demás Selena había dado en el clavo. Para su desgracia. Así que aquel era GUSTAV... No era de extrañar que su amiga, sintiera ansiedad por saber si le era fiel... Un hombre como aquel debía tener cientos y cientos de mujeres rendidas a sus pies.
Era gracioso, pero Selena había olvidado mencionar lo más importante de todo con respecto a Gustav. No solo era especialmente viril y sexy, sino que además parecía emanar autoridad, poder. Teñía un aire de profunda e intensa seguridad que rayaba con la arrogancia: eso fue lo primero en lo que _____ se fijó. Eso, y la mirada viril y discreta, una mirada penetrante a la que enseguida siguió un gesto de desaprobación.
Aquella mirada... ¿cómo se atrevía a mirarla así? De pronto, todas sus dudas respecto a lo que iba a hacer se desvanecieron. Alejandra tenía razón al desconfiar del novio de Sel, sobre todo teniendo en cuenta lo ingenua y lo poco experta que era su amiga. ______ no hubiera confiado en absoluto en aquel hombre. Selena necesitaba a alguien que la tratara con ternura, como se merecía. Aquel era un hombre autoritario, avasallador, un hombre que inspiraba temor. Mirarlo, tal y como _______ estaba comenzando a comprender, resultaba estremecedor. Físicamente estremecedor. No podía apartar los ojos de él, pero se debía al profundo desagrado que le causaba, se dijo. Se daba cuenta de cuánta razón tenía Alejandra al dudar de su lealtad hacia Sel.
______, consciente de que unos cuantos hombres la observaban, se volvió y se quedó helada cuando sus ojos se encontraron con los de Tom, que no dejaba de contemplarla. Por un momento se sintió desfallecer, tal fue el efecto que le causó su virilidad... Transpuesta, luchó desesperadamente tratando de reprimir aquel deseo... un deseo que no le estaba permitido experimentar. Se trataba de Gustav, del novio de Sel... porque tenía que ser él. No podía permitirse el lujo de sentir lo que estaba sintiendo. No, no por el novio de Selena.
Ningún otro hombre encajaba con la descripción que le había hecho su amiga. En todo el bar. ______ trató de olvidar la euforia de sel al hacerlo: se debía, únicamente, a que lo miraba con ojos de enamorada. Apuesto, fantásticamente bien parecido, sexy... ¡Ah!, y llevaría una camisa azul. Bueno, a aquella distancia, y con tan escasa luz, era imposible ver el color de los ojos de ese hombre, pero en todo lo demás Selena había dado en el clavo. Para su desgracia. Así que aquel era GUSTAV... No era de extrañar que su amiga, sintiera ansiedad por saber si le era fiel... Un hombre como aquel debía tener cientos y cientos de mujeres rendidas a sus pies.
Era gracioso, pero Selena había olvidado mencionar lo más importante de todo con respecto a Gustav. No solo era especialmente viril y sexy, sino que además parecía emanar autoridad, poder. Teñía un aire de profunda e intensa seguridad que rayaba con la arrogancia: eso fue lo primero en lo que _____ se fijó. Eso, y la mirada viril y discreta, una mirada penetrante a la que enseguida siguió un gesto de desaprobación.
Aquella mirada... ¿cómo se atrevía a mirarla así? De pronto, todas sus dudas respecto a lo que iba a hacer se desvanecieron. Alejandra tenía razón al desconfiar del novio de Sel, sobre todo teniendo en cuenta lo ingenua y lo poco experta que era su amiga. ______ no hubiera confiado en absoluto en aquel hombre. Selena necesitaba a alguien que la tratara con ternura, como se merecía. Aquel era un hombre autoritario, avasallador, un hombre que inspiraba temor. Mirarlo, tal y como _______ estaba comenzando a comprender, resultaba estremecedor. Físicamente estremecedor. No podía apartar los ojos de él, pero se debía al profundo desagrado que le causaba, se dijo. Se daba cuenta de cuánta razón tenía Alejandra al dudar de su lealtad hacia Sel.
Capitulo 6
_______ respiró hondo decidida a aplacar sus temblores,
recordando mentalmente las recomendaciones del artículo que Alejandra le había
mostrado. En aquel momento se había horrorizado, había pensado que ningún
hombre podría resistirse a las deliberadas tentaciones a las que las chicas los
sometían: desde el más desvergonzado piropo hasta la oferta sexual más directa.
Aunque se limitaban, gracias a Dios, a la mera oferta.
Un hombre como aquel debía estar acostumbrado a tener mujeres a sus pies, mujeres atractivas. Selena, con toda su inocencia, decía que había salido con muchas chicas antes de conocerla. Y ______ hubiera apostado a que era cierto. Sel era una chica dulce, y ella la quería de verdad, pero tenía que admitir que su amiga no tenía el glamour, el atractivo erótico necesario para enganchar a un hombre como aquel. Aunque quizá fuera eso precisamente lo que él veía en ella: el hecho de que era tímida, hogareña. Eso, si es que la amaba... que era precisamente lo que ella iba a tratar de demostrar... si la amaba.
______ se acercó a él resuelta, con un brillo en los ojos.
Un hombre como aquel debía estar acostumbrado a tener mujeres a sus pies, mujeres atractivas. Selena, con toda su inocencia, decía que había salido con muchas chicas antes de conocerla. Y ______ hubiera apostado a que era cierto. Sel era una chica dulce, y ella la quería de verdad, pero tenía que admitir que su amiga no tenía el glamour, el atractivo erótico necesario para enganchar a un hombre como aquel. Aunque quizá fuera eso precisamente lo que él veía en ella: el hecho de que era tímida, hogareña. Eso, si es que la amaba... que era precisamente lo que ella iba a tratar de demostrar... si la amaba.
______ se acercó a él resuelta, con un brillo en los ojos.
Tom la observó caminar con una mezcla
de curiosidad y desilusión. Se dirigía hacia él. Lo sabía, pero la fría
altanería con la que no solo hacía caso omiso de las miradas de los hombres a
su paso, sino que fingía no verlas, resultaba tan artificial como la misma
desenvoltura con que llevaba la chaqueta a medio desabrochar. Tenía que ser
fingida. Tom conocía bien a ese tipo de mujeres, claro que sí. Después de todo,
Caroline...
—Oh, lo siento—se disculpó _____ al llegar hasta Tom, tras tropezar «accidentalmente» con él.
Luego se irguió, quedándose a su lado junto a la barra del bar, y sonriendo a modo de disculpa mientras se acercaba tanto a él que Tom pudo incluso oler su fragancia... No la del perfume, que era de flores, suave, por extraño que pareciera, sino su fragancia, personal... una fragancia delicada, dulce, profundamente sensual y erótica, completamente personal. Y él, el muy tonto, estaba ahí, respirándola, emborrachándose casi con ella... dejando que sus sentidos se embotaran y reaccionaran... ante ella...
—Oh, lo siento—se disculpó _____ al llegar hasta Tom, tras tropezar «accidentalmente» con él.
Luego se irguió, quedándose a su lado junto a la barra del bar, y sonriendo a modo de disculpa mientras se acercaba tanto a él que Tom pudo incluso oler su fragancia... No la del perfume, que era de flores, suave, por extraño que pareciera, sino su fragancia, personal... una fragancia delicada, dulce, profundamente sensual y erótica, completamente personal. Y él, el muy tonto, estaba ahí, respirándola, emborrachándose casi con ella... dejando que sus sentidos se embotaran y reaccionaran... ante ella...
Alejandra le había enseñado cómo
debía acercarse, y ______ había memorizado los pasos, pero no pudo evitar una
mueca de desagrado mientras los seguía.
Tom se esforzó por dar un paso atrás
poniendo cierta distancia entre ellos, pero el bar era estrecho, y estaba tan
lleno, que resultaba imposible, así que le preguntó, en tono frío:
—Lo siento... ¿nos conocemos?
Su tono de voz, su compostura, resultaban cortantes, él lo sabía. Quería dejar bien claro que sabía lo que ella pretendía. Aunque, desde luego, no acertaba a comprender cómo una mujer como aquella podía necesitar ir de caza por los bares buscando hombres. O quizá sí lo sabía, pero prefería no pensarlo. Había mujeres, como muy bien sabía, capaces de hacer cualquier cosa por dinero... cualquier cosa... con cualquiera...
Pero ______ estaba frente a él, con una sonrisa de labios rojos y abiertos, algo forzada.
—Pues... en realidad no, tú a mí no... pero espero que pronto me conozcas mejor...
_____ se alegró de que el bar estuviera escasamente iluminado. Podía sentir el calor, el rubor que inundaba su rostro y su piel. Jamás, ni en sueños, había imaginado que abordaría así a un hombre como aquel. Se apresuró a pasar a la segunda frase de su diálogo, abrió la boca con una provocativa sonrisa y se lamió los labios con lentitud. El sabor de la barra de labios le resultó repulsivo.
—¿Es que no vas a preguntarme si quiero beber una copa?—preguntó parpadeando tentadora—. Me encanta el color de tu camisa—añadió inclinándose hacia él—. Hace juego con el de tus ojos...
—Pues debes estar ciega, porque mis ojos son cafeces—contestó Tom tenso.
Aquello comenzaba a enojarlo. La actitud de ella, abiertamente provocativa, resultaba despreciable, pero más despreciable aún era su ridícula reacción ante ella. ¿Pero qué era él, un adolescente de dieciocho años? Se suponía que era un hombre... un hombre maduro, sofisticado, con experiencia de la vida, un hombre de mundo de treinta y tantos años... y, sin embargo, ahí estaba, reaccionando con excitación, respondiendo a aquellos patéticos y viejos trucos sexuales que ella ponía en práctica con él como si... ¿Como si qué? Como si en aquel momento no hubiera nada en el mundo que deseara más que llevársela a la cama, sentir el calor de su cuerpo excitado bajo el de él, oírla gritar su nombre con los labios hinchados por la pasión de los besos mientras él...
—Escucha—continuó él frío, tratando de terminar con sus fantasías por el sencillo método de no prestarles atención—, estás cometiendo un error.
—Oh, no, no lo creo—contestó ______ ansiosa, viéndolo apartarse de ella.
—Lo siento... ¿nos conocemos?
Su tono de voz, su compostura, resultaban cortantes, él lo sabía. Quería dejar bien claro que sabía lo que ella pretendía. Aunque, desde luego, no acertaba a comprender cómo una mujer como aquella podía necesitar ir de caza por los bares buscando hombres. O quizá sí lo sabía, pero prefería no pensarlo. Había mujeres, como muy bien sabía, capaces de hacer cualquier cosa por dinero... cualquier cosa... con cualquiera...
Pero ______ estaba frente a él, con una sonrisa de labios rojos y abiertos, algo forzada.
—Pues... en realidad no, tú a mí no... pero espero que pronto me conozcas mejor...
_____ se alegró de que el bar estuviera escasamente iluminado. Podía sentir el calor, el rubor que inundaba su rostro y su piel. Jamás, ni en sueños, había imaginado que abordaría así a un hombre como aquel. Se apresuró a pasar a la segunda frase de su diálogo, abrió la boca con una provocativa sonrisa y se lamió los labios con lentitud. El sabor de la barra de labios le resultó repulsivo.
—¿Es que no vas a preguntarme si quiero beber una copa?—preguntó parpadeando tentadora—. Me encanta el color de tu camisa—añadió inclinándose hacia él—. Hace juego con el de tus ojos...
—Pues debes estar ciega, porque mis ojos son cafeces—contestó Tom tenso.
Aquello comenzaba a enojarlo. La actitud de ella, abiertamente provocativa, resultaba despreciable, pero más despreciable aún era su ridícula reacción ante ella. ¿Pero qué era él, un adolescente de dieciocho años? Se suponía que era un hombre... un hombre maduro, sofisticado, con experiencia de la vida, un hombre de mundo de treinta y tantos años... y, sin embargo, ahí estaba, reaccionando con excitación, respondiendo a aquellos patéticos y viejos trucos sexuales que ella ponía en práctica con él como si... ¿Como si qué? Como si en aquel momento no hubiera nada en el mundo que deseara más que llevársela a la cama, sentir el calor de su cuerpo excitado bajo el de él, oírla gritar su nombre con los labios hinchados por la pasión de los besos mientras él...
—Escucha—continuó él frío, tratando de terminar con sus fantasías por el sencillo método de no prestarles atención—, estás cometiendo un error.
—Oh, no, no lo creo—contestó ______ ansiosa, viéndolo apartarse de ella.
Hubiera debido aceptar sencillamente
aquella negativa y decirle a Sel que su adorado Gustav era tan virtuoso como
suponía, pero el instinto, un instinto que no se sentía capaz de analizar, le
decía que, a pesar de todas las señales en contra, aquel hombre se sentía
atraído hacia ella. Cualquier hombre lo estaría ante tanta provocación, se
dijo.
—Tú jamás podrías ser un error—continuó ella sugerente—. Para ninguna mujer...
—Tú jamás podrías ser un error—continuó ella sugerente—. Para ninguna mujer...
Tom se preguntó neciamente si se había vuelto loco. Desear siquiera a una mujer que se le ofrecía tan abiertamente era para él una contradicción, era negar todo aquello en lo que creía. ¿Cómo podía sentirse ni remotamente atraído por ella? No lo estaba, por supuesto. Era imposible. Y, en cuanto a aquel inexplicable deseo de llevársela de inmediato a casa para ponerla a salvo de la atención que tanto maquillaje y tanto descaro estaban atrayendo... bien, esa era una buena prueba de que se estaba volviendo loco.
Si había algo que despreciaba en la vida era a las mujeres como aquella. No es que prefiriera que fueran recatadas y virginales, no. Lo más atractivo en una mujer era que estuviera orgullosa de sí misma, que esperara que los hombres respetaran su derecho a ser como era: el tipo de mujer que evitaría automáticamente verse presentada ante los demás como un mero objeto sexual, el tipo de mujer que le volvería la espalda a cualquier hombre que la obligara a comportarse descaradamente. Aquella mujer, en cambio...
—Lo siento, pero estás perdiendo el tiempo—volvió él a repetir dejando bien clara su posición—. Y el tiempo, según creo, es dinero para una mujer como tú. ¿Por qué no te marchas y te buscas a un hombre más... más receptivo?
______, pálida, lo observó darse la
vuelta y apresurarse hacia la puerta. La había rechazado... a ella. La había...
la había... ______ tragó incrédula, dolida. Gustav había demostrado ser fiel a Sel
y... la había mirado como si... como si... ______ se pasó la mano por los
labios borrándose el lápiz de labios y haciendo una mueca al ver la mano
manchada de pintura.
—Eh, tú, muñeca, ¿quieres que te invite a una copa?
Absorta, con la vista fija en la puerta, ______ sacudió la cabeza haciendo caso omiso del hombre que se le había acercado. No quedaba ni rastro del novio de Sel. Se había marchado... pero se alegraba. Por supuesto que se alegraba. ¿Cómo no iba a alegrarse? Estaba encantada de poder decirle a Selena que su hombre no había caído en la tentación.
Capitulo 7 —Eh, tú, muñeca, ¿quieres que te invite a una copa?
Absorta, con la vista fija en la puerta, ______ sacudió la cabeza haciendo caso omiso del hombre que se le había acercado. No quedaba ni rastro del novio de Sel. Se había marchado... pero se alegraba. Por supuesto que se alegraba. ¿Cómo no iba a alegrarse? Estaba encantada de poder decirle a Selena que su hombre no había caído en la tentación.
______ miró el reloj de pulsera. Aún faltaba una hora para que llegara Alejandra, pero no podía quedarse sola en el bar, llamando tanto la atención. De inmediato se dirigió a los servicios; tenía algo que hacer. Se abrochó la rebeca, se lavó la cara borrándose el último rastro de lápiz de labios, y se maquilló discretamente, como siempre: una suave sombra de ojos y un tono granate, suave, de labios. Por último se hizo un moño y se quedó en el baño hasta que, volviendo a mirar el reloj, comprendió que había llegado la hora de marcharse.
En aquella ocasión, mientras se encaminaba hacia la puerta, las miradas admiradas que los hombres le dirigieron fueron muy distintas. Alejandra estaba fuera, esperándola.
—¿Y bien?—exigió saber mientras ______ abría la puerta y entraba.
—Nada—contestó ella sacudiendo la cabeza—. Me ha rechazado.
—¿Qué?
—Alejandra, ten cuidado...
—No lo has intentado con la suficiente insistencia—comentó Alejandra en tono autoritario.
—Te aseguro que lo he intentado muy en serio—la corrigió ______.
—¿Te ha mencionado a Sel... te ha dicho que estaba comprometido?—inquirió Alejandra.
—¡No!, pero te aseguro que dejó bien claro que no estaba interesado. Me ha mirado...—______ se interrumpió y tragó, negándose a pensar en ello y a confesarlo. No quería recordar el desprecio que había visto en sus ojos, un desprecio que la hacía temblar y le helaba la sangre de rabia—. ¿Dónde está Sel?
—La llamaron de improviso para que fuera a hacer otro turno en el trabajo, pero ya estará en su casa para cuando lleguemos.—______ sonrió. Sabía perfectamente que hubiera debido sentirse mucho más feliz de lo que estaba. Era Sel quien podía sentirse feliz. Aquel era su novio, su Gustav. El Gustav de Sel. _____ sintió un amargo sabor de boca, un pesar en su corazón. ¿Qué diablos le ocurría? Era imposible que estuviera celosa... ¿o sí? ¡No! ¡Imposible... imposible!
—¿Estás segura de que te mostraste lo suficientemente provocativa y seductora?—volvió a preguntar Alejandra con tenacidad.
—Dije todas y cada una de las frases que tú me habías sugerido—respondió _____ con sinceridad.
—Y él, ¿no te dio ningún tipo de respuesta?
—Claro, por supuesto que me dio una respuesta—contestó ______, convencida de que Alejandra no la creía—, solo que no fue la que...—______ se interrumpió y, tras una pausa, terminó: —No estaba interesado, Alejandra. Debe estar muy enamorado de Selena.
—Sí, debe quererla mucho cuando la prefiere antes que a ti—convino Alejandra directa—. Sel es un cielo, y yo la quiero mucho, pero me parece imposible que... ¿Crees que Gustav sospechaba algo, quizá? Es imposible que haya adivinado lo que estabas haciendo... ¿verdad?
—No, no lo creo—negó _____.
Comenzaba a sentirse cansada, a sentir una urgente necesidad de estar sola. Lo último que necesitaba en ese momento era vérselas con alguien como Alejandra, sin embargo, se lo debía a Sel.
Al llegar a la casa de Sel vieron su coche aparcado, y _____ sintió un vuelco en el corazón. Sel y Gustav. Hasta sus nombres sonaban bien juntos, a hogar, a vida doméstica, a matrimonio, a comodidad. Y sin embargo... si alguna vez había conocido a un hombre poco doméstico, poco hogareño, ese, era el novio de Sel. Tenía un aura de cruda, primitiva virilidad, un aura de poder y de sensualidad. Era como si presintiera que, en sus brazos, cualquier mujer podría... cualquier mujer alcanzaría tales cumbres de sensualidad, de placer y deleite que nunca, jamás, volvería a ser la misma mujer._____ se puso tensa. ¿En qué diablos estaba pensando? Gustav era de Sel... de su mejor amiga, de la amiga a la que le debía la vida de su abuela, su salud.
Sel, evidentemente, las había oído llegar, porque abrió la puerta, con una enorme sonrisa, antes de que ellas llamaran.
—Todo ha ido bien—se apresuró a decir ______—. Gustav no ha...
—Ya lo sé, ya lo sé...—la interrumpió Selena haciéndolas entrar—. Gustav vino a verme al trabajo y me lo explicó todo. ¡Oh, qué tonta he sido...! No puedo creer que no se me ocurriera pensar en lo que estaba planeando. ¡Nos vamos la semana que viene! Pero si hasta ha estado hablando de ello en el trabajo, por eso tenía tantas llamadas telefónicas. La chica de la agencia de viajes no paraba de llamar. ¡Oh, ______, no puedo creerlo! Siempre quise ir al Caribe, y ahora que Gustav ha reservado billetes para pasar allí las vacaciones... Vamos a ir un sitio especializado en turismo de parejas. ¡Siento tanto haberte hecho perder el tiempo esta noche! Traté de llamarte, pero habías salido. Esperaba que llegaras antes, como al final Gustav no ha ido hoy al pub...—de pronto, viendo los rostros de ______ y de su prima, selena se interrumpió—. ¿Qué ocurre?
—¡Pero si _____ dice que ha hablado con Gustav!—exclamó Alejandra tensa, dirigiéndose a ______.
—Y hablé con él...—insistió ______—. Estaba en el bar, era tal y como lo describiste, Sel...
—Gustav no fue al pub—alegó Sel sacudiendo la cabeza—. Estuvo conmigo, en el trabajo. Llegó pasadas las ocho, y la hermana superiora me dio permiso para salir y hablar con él. Me veía preocupada, así que decidió ir a contármelo. En realidad no pensaba mantener el secreto durante mucho más tiempo, así que... Y antes de que digas nada, Alejandra, Gustav va a pagar el viaje—añadió mirando a su prima.
______ se inclinó sobre la pared. Si el hombre al que había abordado no era el novio de sel, ¿quién era? De pronto se puso pálida. Había abordado a un hombre al que ni siquiera conocía... a un completo extraño, a un hombre que... ______ tragó nerviosamente, recordando, entre náuseas, el modo en que lo había mirado, el modo en que se había comportado... las cosas que había dicho. Gracias a Dios era un completo extraño. Gracias a Dios no volvería a verlo.
—_______, estás muy pálida—dijo sel—. ¿Qué te ocurre?
—Nada—mintió ______.
Alejandra, sin embargo, imaginaba perfectamente lo que estaba pensando.
—Bueno, si el hombre del pub no era Gustav, ¿quién diablos era?
—Sí, ¿quién era?—repitió ______.
HOLA ... NUEVOS CAPITULOS ... YA SE CONOCIERON :D ... BUENO YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA ... HASTA PRONTO :))
Ajajajajaja que gran confucion ajajaajajajaja
ResponderBorrarSube pronto. :)
:O (Tn) se confundió pensó que Tom era Gustav jajaja que risa, y ahora que pasara?? al fin ya se conocieron me encanto virgi espero los próximos caps..
ResponderBorrar