Capitulo 12
______ escuchó perfectamente el gemido de sorpresa de la secretaria que, a pesar de todo, no podía estar más sorprendida que ella. Tom había dicho que era una buena actriz, pero él tampoco lo hacía nada mal. Solo la mirada que le estaba dirigiendo en ese preciso momento, aparte de su voz, resultaba lo suficientemente convincente.
La secretaria salió del despacho de Tom y, tras cerrar la puerta, ______ dijo:
______ escuchó perfectamente el gemido de sorpresa de la secretaria que, a pesar de todo, no podía estar más sorprendida que ella. Tom había dicho que era una buena actriz, pero él tampoco lo hacía nada mal. Solo la mirada que le estaba dirigiendo en ese preciso momento, aparte de su voz, resultaba lo suficientemente convincente.
La secretaria salió del despacho de Tom y, tras cerrar la puerta, ______ dijo:
—¿Te das cuenta de que, para la hora de la comida, el rumor se habrá extendido por toda la oficina?
—¿Por toda la oficina?—repitió él con una sonrisa irónica—. Querida, me sorprendería y me desilusionaría mucho que la noticia no llegara aún más lejos—______ lo miró sin comprender, pero él se explicó: —Para la hora de la comida espero que haya llegado, como mínimo, hasta Atenas...
—Hasta tu abuelo, claro—repuso ______.
—Por ejemplo—convino Tom fríamente, sin aclarar nada más.
De pronto _____ tenía miles de
preguntas que hacerle sobre su familia, sobre su abuelo, sobre la isla a la que
pensaba llevarla, sobre la mujer con la que su abuelo pretendía casarlo. Tenía
la vaga idea de que los griegos velaban cuidadosamente de sus intereses y,
según Emma, aquella prima era muy rica, tanto como Tom. Poco después, de algún modo y sin saber cómo, ______ se
dio cuenta de que Tom la había soltado y de que atravesaba la puerta que él
sostenía para dirigirse sola hacia los ascensores.
—¿Lista, _______?
______ sintió que se ruborizaba al ver a Tom acercarse a su mesa. Sus colegas evitaban mirarlos, al menos de una forma indiscreta, pero ella sabía que eran el centro de todos los cotilleos. ¿Cómo no?
—Gordon, me temo que ______ va a llegar tarde después de la comida—anunció Tom dirigiéndose al jefe de su departamento, que salía de su despacho—. ¿Le has contado la noticia, cariño?—añadió con ternura.
—Pues... no—contestó ______, incapaz de levantar la vista.
—______—la llamó Gordon con voz débil, mirándola incrédulo—, no comprendo...
Ni llegaría a comprender nunca, por mucho que ella tratara de explicárselo. Detestaba tener que engañar a una persona que se había portado tan bien con ella, pero no le quedaba más remedio.
—No le eches la culpa a ______—se
apresuró Tom a defenderla en tono protector—, me temo que toda la culpa es mía.
Yo insistí en mantener en secreto nuestras relaciones hasta que la compra fuera
pública, no quería que nadie acusara a ______ de tener un conflicto personal de
lealtad. Y, debo decirte, Gordon, que ella insistió en que no habláramos jamás
de esa compra... Además, hablar de negocios no era precisamente lo que más me
apetecía hacer cuando estaba con ella, puedes figurártelo...—admitió Tom
haciéndola ruborizarse hasta la médula y provocando unos cuantos gemidos entre
sus colegas.
—¿Por qué has dicho eso?—exigió saber ______ en cuanto estuvieron solos.
—¿Decir qué?
—Sabes perfectamente a qué me refiero. ¿Por qué no podíamos sencillamente quedar en cualquier otro sitio?
—¿En secreto?—preguntó él con menos ternura y cara de aburrimiento, frunciendo el ceño y mirándola impaciente.
—¿Por qué has dicho eso?—exigió saber ______ en cuanto estuvieron solos.
—¿Decir qué?
—Sabes perfectamente a qué me refiero. ¿Por qué no podíamos sencillamente quedar en cualquier otro sitio?
—¿En secreto?—preguntó él con menos ternura y cara de aburrimiento, frunciendo el ceño y mirándola impaciente.
Tom era bastante más alto que ella. Tanto, que le costaba tener siempre levantada la cabeza. Hubiera deseado no tener que caminar a su lado, tan cerca. Aquello la hacía sentirse incómoda, demasiado consciente de sí misma como mujer, algo a lo que no estaba acostumbrada.
—¿Es que no te he dicho ya, alto y claro, que el objeto de todo este teatro es hacer público nuestro romanee?—continuó él—. Esa es la razón por la que...—Tom sonrió, la miró y añadió, con voz de seda: —He reservado una mesa para comer en el pub en el que estuvimos anoche. Cené allí y, la verdad, la comida no era mala... por mucho que lo que ocurriera después no fuera del todo... de mi gusto...
De pronto, ______ sintió que era
suficiente.
—Escucha, he tratado de decírtelo, lo de anoche fue un error. Yo no...
—Estoy completamente de acuerdo contigo—aseguró Tom—. Fue un error... tu error... y, ya que hablamos de ello, deja que te advierta una cosa, ______: si alguna vez, mientras estás supuestamente comprometida conmigo, manifiestas de algún modo un comportamiento similar al de anoche.... si miras así a otro hombre...—_______ abrió inmensamente los ojos, asombrada—. Soy medio griego, querida—le recordó él con voz de seda—. Y cuando se trata de mi chica, soy más griego que inglés... bastante más...
—Yo no soy tu chica—fue la única respuesta que ______ pudo darle.
—No—convino él con cinismo—, en realidad eres del hombre que pueda pagarte, ¿no es así, querida? Pero...
Tom volvió a interrumpirse al escuchar el gemido de protesta de _______, que se puso primero pálida y luego colorada, incapaz de controlar sus reacciones.
Capitulo 13
—No tienes derecho a hablarme así—dijo ella al fin.
—¿Que no tengo derecho? Pero si soy tu novio, tengo todo el derecho—replicó Tom alargando una mano para enjugar sus lágrimas, antes de que ella pudiera detenerlo. Eran lágrimas de rabia y de orgullo—. ¿Lloras? Cariño, eres mejor actriz de lo que yo creía.
Habían llegado al pub, de modo que _______ se vio obligada a comportarse con naturalidad. Tom abrió la puerta y la hizo pasar.
—Yo no quiero comer nada, no tengo hambre—dijo ella en cuanto se sentaron.
—¿Enfadada?—inquirió él, escueto—. No puedo obligarte a comer, pero, desde luego, no voy a negarme a mí mismo el placer de disfrutar de una buena comida. Tenemos cosas que discutir—añadió en tono frío, como hombre de negocios, mientras tomaba la carta y la leía—. Conozco casi todos los detalles de tu vida por el expediente, pero si queremos convencer a mi familia y, sobre todo a mi abuelo, de que somos amantes, necesitaré saberlo todo de ti... y tú de mí.
Amantes... _______ consiguió por fin controlarse y dejar de temblar. Al menos abiertamente. Si de verdad iba a acceder a su chantaje; entonces tendría que aprender a jugar con sus mismas reglas. O arriesgarse a ser totalmente aniquilada.
—Amantes—sonrió ella—. Creía que los griegos no aprobaban las relaciones prematrimoniales.
—No para sus hijas—convino Tom directo—, pero como tú no eres griega, y yo soy medio inglés, espero que mi abuelo se muestre más... tolerante...
—¿Es que no se mostraría tan tolerante si te casaras con tu prima?—insistió ______ sin saber muy bien por qué, ni cómo era posible que la mera idea de aquella prima le produjera una sensación hostil y desagradable.
—Caroline, mi prima, es viuda, y ha sido ya la esposa de otro hombre. Naturalmente, mi abuelo...—Tom hizo una pausa y continuó, serio—Bueno, Caroline jamás admitiría que mi abuelo la presionara o interfiriera en su vida. Es una mujer increíble.
—¿Es viuda?—repitió _______, que había supuesto que se trataría de una joven.
—Sí, viuda—confirmó Tom—. Con dos hijos adolescentes.
—¡Adolescentes!
—Se casó a los veintidós años—explicó Tom encogiéndose de hombros—, y de eso hace ya casi otros veinte.
______ abrió los ojos atónita mientras hacía cálculos. Era evidente que Caroline era más mayor que Tom. Sería una mujer solitaria, una mujer vulnerable que se veía presionada para contraer un segundo matrimonio que, posiblemente, no deseaba, reflexionó _______ sintiendo de inmediato simpatía por ella.
—No creo que debas preocuparte mucho por Caroline—continuó Tom—, porque dudo que vayas a conocerla. Lleva una vida ambulante, tiene casas en Atenas, en Nueva York y en París, y se pasa la vida viajando de una a otra mientras dirige la flota de embarcaciones que heredó de la familia.
Una flota de embarcaciones y una cadena de hoteles. No era de extrañar que el abuelo de Tom estuviera tan ansioso por casarlos. Lo que más sorprendía a ______ era que el mismo Tom no mostrase un entusiasmo semejante, sobre todo teniendo en cuenta la envergadura de la empresa en la que se había embarcado con la compra de los hoteles ingleses.
Tom, casi como si pudiera leer su pensamiento, se inclinó sobre ella y dijo:
—No tienes derecho a hablarme así—dijo ella al fin.
—¿Que no tengo derecho? Pero si soy tu novio, tengo todo el derecho—replicó Tom alargando una mano para enjugar sus lágrimas, antes de que ella pudiera detenerlo. Eran lágrimas de rabia y de orgullo—. ¿Lloras? Cariño, eres mejor actriz de lo que yo creía.
Habían llegado al pub, de modo que _______ se vio obligada a comportarse con naturalidad. Tom abrió la puerta y la hizo pasar.
—Yo no quiero comer nada, no tengo hambre—dijo ella en cuanto se sentaron.
—¿Enfadada?—inquirió él, escueto—. No puedo obligarte a comer, pero, desde luego, no voy a negarme a mí mismo el placer de disfrutar de una buena comida. Tenemos cosas que discutir—añadió en tono frío, como hombre de negocios, mientras tomaba la carta y la leía—. Conozco casi todos los detalles de tu vida por el expediente, pero si queremos convencer a mi familia y, sobre todo a mi abuelo, de que somos amantes, necesitaré saberlo todo de ti... y tú de mí.
Amantes... _______ consiguió por fin controlarse y dejar de temblar. Al menos abiertamente. Si de verdad iba a acceder a su chantaje; entonces tendría que aprender a jugar con sus mismas reglas. O arriesgarse a ser totalmente aniquilada.
—Amantes—sonrió ella—. Creía que los griegos no aprobaban las relaciones prematrimoniales.
—No para sus hijas—convino Tom directo—, pero como tú no eres griega, y yo soy medio inglés, espero que mi abuelo se muestre más... tolerante...
—¿Es que no se mostraría tan tolerante si te casaras con tu prima?—insistió ______ sin saber muy bien por qué, ni cómo era posible que la mera idea de aquella prima le produjera una sensación hostil y desagradable.
—Caroline, mi prima, es viuda, y ha sido ya la esposa de otro hombre. Naturalmente, mi abuelo...—Tom hizo una pausa y continuó, serio—Bueno, Caroline jamás admitiría que mi abuelo la presionara o interfiriera en su vida. Es una mujer increíble.
—¿Es viuda?—repitió _______, que había supuesto que se trataría de una joven.
—Sí, viuda—confirmó Tom—. Con dos hijos adolescentes.
—¡Adolescentes!
—Se casó a los veintidós años—explicó Tom encogiéndose de hombros—, y de eso hace ya casi otros veinte.
______ abrió los ojos atónita mientras hacía cálculos. Era evidente que Caroline era más mayor que Tom. Sería una mujer solitaria, una mujer vulnerable que se veía presionada para contraer un segundo matrimonio que, posiblemente, no deseaba, reflexionó _______ sintiendo de inmediato simpatía por ella.
—No creo que debas preocuparte mucho por Caroline—continuó Tom—, porque dudo que vayas a conocerla. Lleva una vida ambulante, tiene casas en Atenas, en Nueva York y en París, y se pasa la vida viajando de una a otra mientras dirige la flota de embarcaciones que heredó de la familia.
Una flota de embarcaciones y una cadena de hoteles. No era de extrañar que el abuelo de Tom estuviera tan ansioso por casarlos. Lo que más sorprendía a ______ era que el mismo Tom no mostrase un entusiasmo semejante, sobre todo teniendo en cuenta la envergadura de la empresa en la que se había embarcado con la compra de los hoteles ingleses.
Tom, casi como si pudiera leer su pensamiento, se inclinó sobre ella y dijo:
—Yo no soy como tú, no estoy
dispuesto a venderme.
—Yo no estaba vendiéndome—negó ______ acalorada, viendo cómo el camarero se acercaba con dos platos de comida exquisita—. ¡Pero si yo no he pedido nada!—comenzó a protestar al ver que dejaba uno de ellos sobre la mesa, delante de ella.
—No, lo he pedido yo, para ti—contestó Tom—. No me gusta ver a mi chica delgada como un espagueti. A un griego puede permitírsele pegar a su mujer, pero jamás se le permitirá matarla de hambre.
—Pegar...—repitió _______ picando el anzuelo e interrumpiéndose de pronto, al comprender que Tom estaba bromeando.
—Sospecho, ______, que eres de ese tipo de mujeres que podrían volver loco al más pintado, y no digamos a un mortal normal y corriente. Serías capaz de conseguirlo hasta de un santo, que después acabaría deseando haber tenido la entereza suficiente como para dominarse.
—Yo no estaba vendiéndome—negó ______ acalorada, viendo cómo el camarero se acercaba con dos platos de comida exquisita—. ¡Pero si yo no he pedido nada!—comenzó a protestar al ver que dejaba uno de ellos sobre la mesa, delante de ella.
—No, lo he pedido yo, para ti—contestó Tom—. No me gusta ver a mi chica delgada como un espagueti. A un griego puede permitírsele pegar a su mujer, pero jamás se le permitirá matarla de hambre.
—Pegar...—repitió _______ picando el anzuelo e interrumpiéndose de pronto, al comprender que Tom estaba bromeando.
—Sospecho, ______, que eres de ese tipo de mujeres que podrían volver loco al más pintado, y no digamos a un mortal normal y corriente. Serías capaz de conseguirlo hasta de un santo, que después acabaría deseando haber tenido la entereza suficiente como para dominarse.
_______ se estremeció al comprender, que aquellas palabras, en cierto sentido, eran un halago. ¿Qué tenía aquel hombre, que la hacía tan consciente de sí misma como mujer?
_______ comenzó a comer más para distraerse que por otra cosa, inconsciente de la mirada divertida de Tom.
De no haberla conocido bien, Tom habría jurado que _______ era tan inexperta en temas de sexo como una virgen inocente. La más mínima alusión a nada que tuviera relación con el asunto la hacía temblar, la ruborizaba y le impedía mirarlo a la cara. Pero, por suerte, él sabía muy bien que solo estaba actuando, fingiendo, de otro modo... ¿De otro modo, qué?, se preguntó. De otro modo él mismo se vería salvajemente tentado de llevar a cabo todo cuanto sugerían secretamente sus palabras, para comprobar si temblaba tan deliciosamente mientras la tocaba como lo hacía mientras hablaba.
Decidido a ocultar sus propias emociones, Tom comenzó a hablar en un tono frío, de negocios:
—Hay ciertas cosas que tienes que saber sobre mi familia y mis orígenes, si es que quieres convencer a mi abuelo de que estamos enamorados.
Luego, Tom procedió a relatarle la
historia de su familia, añadiendo unos cuantos comentarios sobre la precaria
salud de su abuelo.
—Lo cual no significa, sin embargo,
que no esté al pie del cañón. Si acaso, el hecho de que los médicos le hayan
prohibido trabajar no ha hecho sino afianzar su decisión de interferir en mi
vida privada más que nunca. Le ha dicho a mi madre que teme morirse antes de
conocer a su bisnieto. Si eso no es chantaje, entonces no sé qué es el
chantaje—concluyó Tom de mal humor.
—Se ve que es un defecto de familia—comentó ______ irónica, ganándose una mirada airada, pero negándose a dejarse amedrentar.
—Al final, naturalmente, tendremos que romper nuestro compromiso—continuó Tom explicando algo obvio—. Sin duda, nuestra estancia en la isla servirá para que ambos descubramos aspectos de nuestros caracteres poco atrayentes, así que en cuanto volvamos a Inglaterra pondremos fin a nuestro romance. A pesar de todo, al menos, conseguiré algo de tiempo... y con un poco de suerte, mientras tanto, Caroline aceptará a cualquiera de los muchos pretendientes que, según mi abuelo, están deseando hacerla su esposa.
—¿Y si no es así?, ¿y si ella no acepta a otro pretendiente?
—Si no es así, entonces tendremos que retrasar la ruptura de nuestro compromiso hasta que lo haga o, en todo caso, hasta que yo encuentre el modo de convencer a mi abuelo de que también mis hermanas podrían proporcionarle el anhelado bisnieto.
—¿Es que no piensas casarte nunca?—preguntó _______ perpleja.
—Bueno, digamos que ya he llegado a los treinta y cinco años, y ninguna mujer ha conseguido convencerme todavía de que mi vida no tiene sentido sin ella, así que dudo mucho de que nadie lo consiga en el futuro. Eso de enamorarse es para los jóvenes, es una extravagancia. Cuando se pasa de los treinta no es sino una vana locura.
—Se ve que es un defecto de familia—comentó ______ irónica, ganándose una mirada airada, pero negándose a dejarse amedrentar.
—Al final, naturalmente, tendremos que romper nuestro compromiso—continuó Tom explicando algo obvio—. Sin duda, nuestra estancia en la isla servirá para que ambos descubramos aspectos de nuestros caracteres poco atrayentes, así que en cuanto volvamos a Inglaterra pondremos fin a nuestro romance. A pesar de todo, al menos, conseguiré algo de tiempo... y con un poco de suerte, mientras tanto, Caroline aceptará a cualquiera de los muchos pretendientes que, según mi abuelo, están deseando hacerla su esposa.
—¿Y si no es así?, ¿y si ella no acepta a otro pretendiente?
—Si no es así, entonces tendremos que retrasar la ruptura de nuestro compromiso hasta que lo haga o, en todo caso, hasta que yo encuentre el modo de convencer a mi abuelo de que también mis hermanas podrían proporcionarle el anhelado bisnieto.
—¿Es que no piensas casarte nunca?—preguntó _______ perpleja.
—Bueno, digamos que ya he llegado a los treinta y cinco años, y ninguna mujer ha conseguido convencerme todavía de que mi vida no tiene sentido sin ella, así que dudo mucho de que nadie lo consiga en el futuro. Eso de enamorarse es para los jóvenes, es una extravagancia. Cuando se pasa de los treinta no es sino una vana locura.
Capitulo 14
—Mi padre se enamoró de mi madre cuando tenía diecisiete años—comentó ______ espontáneamente, sin poder evitarlo—. Se escaparon juntos...—añadió con los ojos nublados por las lágrimas—. Fue un error. Dejaron de estar enamorados el uno del otro antes de que yo naciera. Un hombre maduro habría sentido al menos cierta responsabilidad por la vida que había contribuido a crear, pero mi padre era cómo un niño.
—¿Te abandonaron?—preguntó Tom con el ceño fruncido.
—Sí, los dos—respondió _____ nerviosamente—. Si no hubiera sido por mi abuela, habría acabado en un orfanato.
—Mi padre se enamoró de mi madre cuando tenía diecisiete años—comentó ______ espontáneamente, sin poder evitarlo—. Se escaparon juntos...—añadió con los ojos nublados por las lágrimas—. Fue un error. Dejaron de estar enamorados el uno del otro antes de que yo naciera. Un hombre maduro habría sentido al menos cierta responsabilidad por la vida que había contribuido a crear, pero mi padre era cómo un niño.
—¿Te abandonaron?—preguntó Tom con el ceño fruncido.
—Sí, los dos—respondió _____ nerviosamente—. Si no hubiera sido por mi abuela, habría acabado en un orfanato.
Tom la observó serio. ¿Era esa la
razón por la que ______ iba de bar en bar buscando un hombre? ¿Buscaba acaso el
amor que le había negado su padre? El repentino deseo de justificar el comportamiento
de ______ de aquella noche lo irritaba. ¿Por qué tenía que buscar excusas para
su comportamiento? Era imposible que aquellas lágrimas, hubieran logrado
enternecerlo.
—Es hora de marcharnos—dijo Tom bruscamente.
SI ALGUIEN le hubiera dicho, dos semanas antes, que iba a abandonar todo aquello que le resultaba familiar para embarcarse hacia una isla griega desconocida en compañía de un hombre igualmente desconocido con el que, se suponía, estaba comprometida, _______ se habría echado a reír y habría sacudido la cabeza negándose a creerlo. Y esa era la mejor prueba de que, de hecho, estaba sucediendo. Era la mejor prueba para evidenciar lo que se podía conseguir con un poco de arrogancia, mucha seguridad en sí mismo y una gran resolución. Sobre todo cuando todo ello iba acompañado del tipo de poder que un hombre, en particular, tenía sobre ella, reflexionó ______.
En menos de quince minutos, conduciendo su Mercedes, Tom la recogería en su casa para comenzar la primera parte de su largo viaje a Aphrodite, una isla griega propiedad de su abuelo que este había comprado para su esposa y al que le había puesto el nombre de la diosa griega del amor.
—El suyo fue un matrimonio por amor—le había contado Tom—, pero aprobado por ambas familias.
Un matrimonio por amor... no como su fraudulento compromiso. El solo hecho de ser cómplice de aquel engaño, por mucho que fuera contra su voluntad, la hacía sentirse incómoda. Pero lo peor de todo fue llamar a su abuela para mentir, para contarle que se marchaba en viaje de negocios. Tom había insistido en que ______ informara de su compromiso a su abuela, pero ella se había negado.
—Puede que a ti te haga feliz mentir a tu familia sobre nuestra supuesta «relación»—le había contestado ella con desprecio—, pero yo no puedo mentir a mi abuela sobre un asunto tan...
_______ no había podido terminar la
frase. No quería traicionarse a sí misma, confesar ante Tom que su abuela jamás
la creería capaz de comprometerse con un hombre sin amor.
Tras extenderse la noticia por la oficina, sus colegas la habían tratado con cierta distancia. De pronto, era la novia del director, había dejado de ser «una de ellos». Y, de resultas de todo ello, _______ había pasado la semana cada vez más aislada y asustada. Sin embargo, tenía demasiado orgullo como para contarle nada a nadie: era su forma de ser, una vieja costumbre, una dificultad arraigada en su carácter que arrastraba desde la infancia, cuando todo el mundo conocía la historia de sus padres y la forma en que había sido abandonada en casa de su abuela, y eso la había hecho sentirse diferente, aislada del resto de sus compañeros, que tenían a sus correspondientes «mamás y papás». Y no es que su abuela no la hubiera querido, reflexionó ______, dispuesta a admitirlo. Su infancia, en casa de su abuela, había sido tan cálida, estable y llena de amor como cualquier otra, si no más.
_______ miró de reojo el reloj. Le quedaban menos de cinco minutos para marcharse. El corazón le latía acelerado. Tenía la maleta preparada, esperando en el vestíbulo. Había pasado horas y horas pensando en qué llevar y, al final, se había decidido por una mezcla de ropa veraniega y algunos trajes de ejecutiva.
No había vuelto a ver a Tom desde aquel día en que la llevó a comer, aunque eso tampoco le importaba. ¡Por supuesto que no! El había tenido que asistir a una larga serie de reuniones de negocios que, según los rumores, había soportado heroicamente teniendo en cuenta los problemas financieros del grupo hotelero recién adquirido.
Tras extenderse la noticia por la oficina, sus colegas la habían tratado con cierta distancia. De pronto, era la novia del director, había dejado de ser «una de ellos». Y, de resultas de todo ello, _______ había pasado la semana cada vez más aislada y asustada. Sin embargo, tenía demasiado orgullo como para contarle nada a nadie: era su forma de ser, una vieja costumbre, una dificultad arraigada en su carácter que arrastraba desde la infancia, cuando todo el mundo conocía la historia de sus padres y la forma en que había sido abandonada en casa de su abuela, y eso la había hecho sentirse diferente, aislada del resto de sus compañeros, que tenían a sus correspondientes «mamás y papás». Y no es que su abuela no la hubiera querido, reflexionó ______, dispuesta a admitirlo. Su infancia, en casa de su abuela, había sido tan cálida, estable y llena de amor como cualquier otra, si no más.
_______ miró de reojo el reloj. Le quedaban menos de cinco minutos para marcharse. El corazón le latía acelerado. Tenía la maleta preparada, esperando en el vestíbulo. Había pasado horas y horas pensando en qué llevar y, al final, se había decidido por una mezcla de ropa veraniega y algunos trajes de ejecutiva.
No había vuelto a ver a Tom desde aquel día en que la llevó a comer, aunque eso tampoco le importaba. ¡Por supuesto que no! El había tenido que asistir a una larga serie de reuniones de negocios que, según los rumores, había soportado heroicamente teniendo en cuenta los problemas financieros del grupo hotelero recién adquirido.
—Ha visitado todos y cada uno de nuestros hoteles—había oído decir _______, en un tono de admiración—. Y ha tomado nota de todo. ¿Y sabéis qué?—______, que había estado escuchando esos comentarios a cierta distancia, había esperado oír entonces que Tom había decidido recortar drásticamente los enormes costes, pero en lugar de ello, y para su sorpresa, escuchó: —Ha ido diciéndole a todo el mundo que no se preocupe, que su puesto de trabajo está asegurado mientras consiga llegar a la meta que se ha propuesto, y ha soltado un montón de discursos contando lo contento que está con la adquisición.
Según los rumores, Tom tenía un
estilo de hacer las cosas tal que se ganaba a los empleados fuera a donde
fuera. Pues bien, era evidente que ninguno de aquellos empleados había visto el
lado oscuro de su carácter como lo había visto ella, reflexionó _______ con
cierta amargura mientras escuchaba tanto elogio.
Eran ya las diez y media, pero Tom no... De pronto, _______ escuchó el motor del Mercedes deteniéndose a la puerta de la casa de su abuela. ¡Justo y media! Por supuesto, Tom no hubiera estado dispuesto a desperdiciar un solo minuto de su tiempo, a menos que fuera absolutamente imprescindible.
Eran ya las diez y media, pero Tom no... De pronto, _______ escuchó el motor del Mercedes deteniéndose a la puerta de la casa de su abuela. ¡Justo y media! Por supuesto, Tom no hubiera estado dispuesto a desperdiciar un solo minuto de su tiempo, a menos que fuera absolutamente imprescindible.
Capitulo 15
Para cuando Tom llegó hasta la puerta, ella ya la había abierto, quedándose de pie ante él con la maleta en una mano y las llaves en la otra.
—¿Qué es eso?—preguntó él mirando la maleta, de escasa calidad.
—Mi maleta—contestó ella orgullosa.
—Dámela.
—Puedo llevarla yo sola—contestó ella molesta.
—Estoy seguro de que sí, pero...
—¿Pero qué?, ¿pero los griegos no permiten que sus mujeres lleven su propio equipaje ni que sean independientes de ellos de ninguna forma?
Tom apretó los labios, y _______ comprendió que su comentario no le había gustado. Por alguna perversa razón sentía la necesidad de desafiarlo, aunque en parte, también, se sentía sobrecogida y atemorizada por el brillo airado de sus ojos.
—Me temo que, en este caso, deberías echarle la culpa a mi educación inglesa más que a mi herencia griega. El colegio público inglés al que mi padre, inglés también, se empeñó en que asistiera, creía firmemente que sus alumnos debían aprender lo que hoy se consideran normas de educación pasadas de moda. Una advertencia: mi abuelo también se inclina por esos modales pasados de moda. Él jamás comprendería tu insistencia en seguir actitudes políticamente correctas, y mientras estés en la isla...
—Tendré que hacer lo que tú me digas—terminó _______ la frase por él.
Para cuando Tom llegó hasta la puerta, ella ya la había abierto, quedándose de pie ante él con la maleta en una mano y las llaves en la otra.
—¿Qué es eso?—preguntó él mirando la maleta, de escasa calidad.
—Mi maleta—contestó ella orgullosa.
—Dámela.
—Puedo llevarla yo sola—contestó ella molesta.
—Estoy seguro de que sí, pero...
—¿Pero qué?, ¿pero los griegos no permiten que sus mujeres lleven su propio equipaje ni que sean independientes de ellos de ninguna forma?
Tom apretó los labios, y _______ comprendió que su comentario no le había gustado. Por alguna perversa razón sentía la necesidad de desafiarlo, aunque en parte, también, se sentía sobrecogida y atemorizada por el brillo airado de sus ojos.
—Me temo que, en este caso, deberías echarle la culpa a mi educación inglesa más que a mi herencia griega. El colegio público inglés al que mi padre, inglés también, se empeñó en que asistiera, creía firmemente que sus alumnos debían aprender lo que hoy se consideran normas de educación pasadas de moda. Una advertencia: mi abuelo también se inclina por esos modales pasados de moda. Él jamás comprendería tu insistencia en seguir actitudes políticamente correctas, y mientras estés en la isla...
—Tendré que hacer lo que tú me digas—terminó _______ la frase por él.
Si aquello era una muestra de lo que
le esperaba, no estaba muy segura de poder sobrevivir. Pero, al menos, algo
positivo se derivaría de aquella hostilidad mutua: nadie se sorprendería de
que, al final, rompieran su «compromiso».
—Nuestro vuelo sale de Heathrow mañana a las nueve de la mañana, así que tendremos que salir pronto del apartamento—informó Tom en cuanto estuvieron en el coche.
—¿El apartamento?—repitió ______.
—Sí, tengo un apartamento en Londres, pasaremos allí la noche. Esta tarde vamos de compras.
—¿De compras...?
—Sí, de compras. Necesitas un anillo de compromiso, y...—Tom la miró de arriba abajo y luego hizo un gesto de desprecio. ______ se sintió tentada de gritarle que detuviera el coche de inmediato. Deseaba poder decirle que no tenía intención de seguir accediendo a sus planes, pero era imposible—. Necesitarás ropa más adecuada.
—Si te refieres a ropa informal, la llevo en la maleta.
—No, no me refiero a ropa informal—afirmó Tom serio—. Yo soy un hombre rico, _______, no hace falta que te lo diga. El informe que ha hecho sobre mí tu departamento de investigación, antes de la compra, debió ser lo suficientemente claro. Mi abuelo es multimillonario, y mi madre y mi hermana están acostumbradas a comprárselo todo en las mejores tiendas, aunque ni son compradoras compulsivas ni son víctimas de la dependencia de la moda. Así que tú, naturalmente, como novia mía...
_______ no le dejó terminar. Respiró hondo, malhumorada, y dijo:
—Si crees que voy a dejarte comprarme ropa...
—¿Y por qué no?—preguntó Tom en un tono de voz suave, haciéndose de nuevo con el control de la situación—. Después de todo, estabas dispuesta a venderme tu cuerpo. A mí o a cualquiera que estuviera dispuesto a pagarlo.
—¡No, eso no es verdad!—negó ______.
—Muy bien—bromeó Tom—, bien interpretado, pero puedes reservarte los efectos especiales para mi familia. Yo sé exactamente qué eres... ¿recuerdas? Piensa en esa ropa como si fuera un premio por tu trabajo—sonrió burlón—. No obstante, dicho esto, tengo que advertirte de que quiero examinar todo lo que compres. Quiero que, como novia mía, des una imagen de elegancia y de buen gusto.
—¿Qué estás sugiriendo?—preguntó ______ furiosa—, ¿que si me dejas sola puede que elija ropa más propia de una...?
_______ se interrumpió, incapaz de pronunciar las palabras que estaba pensando. Tom, para su sorpresa, en lugar de hacerlo por ella, contestó:
—Es evidente que no estás acostumbrada a comprar ropa cara, y no estoy dispuesto, de ninguna manera, a que te dejes llevar por un estúpido sentido del ahorro, completamente innecesario, que podría echar por tierra todos mis planes. No quiero que compres la ropa de una modesta asalariada, sino la ropa que llevaría la novia de un hombre rico—alegó Tom directo.
—Nuestro vuelo sale de Heathrow mañana a las nueve de la mañana, así que tendremos que salir pronto del apartamento—informó Tom en cuanto estuvieron en el coche.
—¿El apartamento?—repitió ______.
—Sí, tengo un apartamento en Londres, pasaremos allí la noche. Esta tarde vamos de compras.
—¿De compras...?
—Sí, de compras. Necesitas un anillo de compromiso, y...—Tom la miró de arriba abajo y luego hizo un gesto de desprecio. ______ se sintió tentada de gritarle que detuviera el coche de inmediato. Deseaba poder decirle que no tenía intención de seguir accediendo a sus planes, pero era imposible—. Necesitarás ropa más adecuada.
—Si te refieres a ropa informal, la llevo en la maleta.
—No, no me refiero a ropa informal—afirmó Tom serio—. Yo soy un hombre rico, _______, no hace falta que te lo diga. El informe que ha hecho sobre mí tu departamento de investigación, antes de la compra, debió ser lo suficientemente claro. Mi abuelo es multimillonario, y mi madre y mi hermana están acostumbradas a comprárselo todo en las mejores tiendas, aunque ni son compradoras compulsivas ni son víctimas de la dependencia de la moda. Así que tú, naturalmente, como novia mía...
_______ no le dejó terminar. Respiró hondo, malhumorada, y dijo:
—Si crees que voy a dejarte comprarme ropa...
—¿Y por qué no?—preguntó Tom en un tono de voz suave, haciéndose de nuevo con el control de la situación—. Después de todo, estabas dispuesta a venderme tu cuerpo. A mí o a cualquiera que estuviera dispuesto a pagarlo.
—¡No, eso no es verdad!—negó ______.
—Muy bien—bromeó Tom—, bien interpretado, pero puedes reservarte los efectos especiales para mi familia. Yo sé exactamente qué eres... ¿recuerdas? Piensa en esa ropa como si fuera un premio por tu trabajo—sonrió burlón—. No obstante, dicho esto, tengo que advertirte de que quiero examinar todo lo que compres. Quiero que, como novia mía, des una imagen de elegancia y de buen gusto.
—¿Qué estás sugiriendo?—preguntó ______ furiosa—, ¿que si me dejas sola puede que elija ropa más propia de una...?
_______ se interrumpió, incapaz de pronunciar las palabras que estaba pensando. Tom, para su sorpresa, en lugar de hacerlo por ella, contestó:
—Es evidente que no estás acostumbrada a comprar ropa cara, y no estoy dispuesto, de ninguna manera, a que te dejes llevar por un estúpido sentido del ahorro, completamente innecesario, que podría echar por tierra todos mis planes. No quiero que compres la ropa de una modesta asalariada, sino la ropa que llevaría la novia de un hombre rico—alegó Tom directo.
HOLA ... QUE MALO ES TOM EN BUEN PLAN ... GROSERO ... BUENO YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA .... HASTA PRONTO Y GRACIAS POR LEER :))
Me encantaa!
ResponderBorrarEsta buenisimaaaa..
Sube mañana porfaaa
Se pasa con esos comentarios -.-
ResponderBorrarMe encanta *.*
Sube pronto
:O Tom si es grosero como se atreve a tratarla de esa manera.. no estoy de acuerdo ojala muy pronto se de cuenta de que se equivoco con (Tn) y se arrepentirá.. me encanto virgi espero el próximo cap..
ResponderBorrarsubeeee
ResponderBorrarYa subeeee...!!
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